Daniel Viglietti me resume.
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“Monterrey, las nostalgias de una ciudad” (UANL, 2009) es un entrañable libro con dos crónicas de Celso Garza Guajardo que llegó a mis manos como dicen que llegan algunos textos que de tan exactos parecen haber estado buscándonos.
Hace una semana apareció en EL NORTE el anuncio de la reactivación del proyecto inmobiliario Capital Santa Lucía sobre el espacio que algunos seguimos considerando público por el insignificante hecho de haber costado al erario 3 mil millones de pesos. Don Celso no precisa de estos alegatos económicos para decir: “La historia de la ciudad es como la historia de una casa grande y de quienes habitan en ella…”.
La mejor manera de defender el Paseo Santa Lucía como espacio público es recordar el significado de la Alameda. Su historia es “la historia de cada generación en su estilo de pasear, de meditar y platicar”, escribe el maestro Celso. La Alameda es el jardín que han compartido millones de personas en diferentes tiempos. Es hermosa, aunque mucho menos de lo que fue, por las horas de felicidad que alberga. Lugar favorito de todos los niños, ricos y pobres, daba igual. Era el patio de la casona llamada Monterrey.
El papá elefante, la che araña, el monumental resbaladero, recurso inagotable de los padres: si te portas bien te dejo subir. Los retratos en la cámara de cajón, el zoológico -”¡los flamingos!”-, sus fuentes, el acuario -”ahí vi por primera vez una piraña”, recordó un amigo con la mirada ausente-. No sé si podemos contar la historia de Monterrey sin su Alameda, sería restarle los fragmentos que escribimos al sentirnos iguales bajo la sombra de uno de sus centenarios árboles.
De eso se tratan los espacios públicos. En ellos trabamos amistad con la Ciudad. Lo que somos ahí no se puede replicar en un centro comercial, como Galerías Valle Oriente. En el parque somos protagonistas de una historia común, en el mol, sólo consumidores.
Me he resistido al despojo del Paseo Santa Lucía desde que Abel Guerra anunció su venta en diciembre de 2007, apenas unos días después de que fuera pomposamente declarado “patrimonio del pueblo de Nuevo León” por Natividad González Parás. Guerra dijo que venderían los 90 predios aledaños al canal para recuperar mil millones de la inversión que serían inyectados a programas sociales. ¡Conque jugando al especulador con dinero ajeno, Abel!
La sensibilidad social del empresario constructor se puso en serios entredichos cuando nos enteramos de que una propiedad que con dinero público habíamos comprado en 54 millones fue vendida en 27, la mitad de su precio.
El afortunado empresario fue Federico Garza Santos, dueño de Desarrollos Delta y consejero “ciudadano” de la ahora extinta Coordinación de Proyectos Estratégicos Urbanos, quien seguramente recomendó que en lugar de habilitar los 90 predios como áreas verdes, públicas, de esparcimiento familiar, se construyeran los mil departamentos, los 10 cines y el mol que tanta, tantísima falta le hace a esta ciudad. ¿Por qué pagamos nosotros los 3 mil millones en habilitar un espacio que acabaría siendo de otros?
Desarrollos Delta ha demostrado ser agradecida con los gestores de sus negocios. La playa y la feria de Rodrigo Medina fueron instaladas sobre los predios de la empresa pagando por el espacio un precio risible, cinco veces menor al que señaló un perito valuador consultado por EL NORTE. Aledaña a la estridente y triste feria de Medina, Abel Guerra también montó un deslucido espacio que los niños despreciaban por puro instinto.
El proyecto Capital Santa Lucía de Desarrollos Delta fue aplaudido por Fernando Larrazabal, constructor y también Alcalde de Monterrey, quien declaró emocionado: “Al primer cuadro (de la Ciudad) le urge una regeneración total, y como Alcalde voy a impulsar que empresarios puedan comprar manzanas enteras”. Al ofertar lo que no le pertenece, Larry, su agente inmobiliario, se exhibe tal como es.
Los espacios públicos se defienden como al patio de nuestra casa. La pregunta es si todavía nos sentimos miembros de una gran familia.
(Columna publicada el viernes 20 de Noviembre de 2009, en el periódico El Norte)
Algunos todavía recordamos lo que debería estar haciendo este señor. Nos aferramos a eso para no olvidar. En cambio los demás poco a poco irán creyendo que los gobernadores son por definición agentes de negocios, conductores de alegres rifas, represores, cómplices de pederastas. Los candidatos serán delincuentes, y los votantes tendrán que escoger a su favorito. Quienes recordamos envejeceremos y al final, no quedará sobre México alguien que encuentre repudiable la conducta de un gobernador que rifa miles de premios –autos incluidos- entre burócratas.
Hay que acariciar de vez en vez el recuerdo de lo que un gobernador debería de hacer por las mayorías, de la honradez, el prestigio y la austeridad que deberían distinguirlo. La libertad de su pensamiento, el respeto a la dignidad de todas las personas, su creatividad infinita para resolver problemas. Hay que hacerlo para mantener vivo su recuerdo.
Entérate en 3 minutos sobre los antecedentes del proyecto inmobiliario disfrazado de espacio público. Los patrocinadores oficiales del proyecto privado Capital Santa Lucía fuimos todos nosotros al pagar, con nuestros impuestos, 3 mil millones de pesos para habilitar el espacio. Nunca había sido más didáctico el refrán “nadie sabe para quién trabaja”.

Larry, su agente inmobiliario
Lucía de Siracusa, nacida en el Año 282 fue educada en la fe cristiana, de padres nobles. Decide consagrar su vida a Dios y permanecer virgen, pero su madre, viuda y enferma, la compromete a casarse con un hombre pagano. Lucía suplica que su madre deshaga el compromiso a lo que accede sólo después de que su enfermedad desaparece. Sin embargo, su despechado pretendiente la acusa ante el Tribunal por practicar la fe cristiana. Durante el juicio se le ordena que abandone sus creencias y adore a los dioses paganos, pero al negarse Lucía, es decapitada. Es la patrona de los ciegos pues existe una leyenda que dice que al sacarle los ojos durante su juicio, Lucía seguía viendo. En algunas imágenes se le representa cargando sus dos ojos sobre una charola. ¡Vaya, Santa! Me encanta su historia. Aunque yo de católica cada vez tengo menos me gustan las historias de los santos y santas, sobre todo las que reafirman que en la larga línea de vida de la humanidad siempre han existido personas leales a su conciencia, como Lucía de Siracusa.
El tema lo saco a colación porque el viernes amanecimos con la noticia de que el proyecto “Capital Santa Lucía” se ha reactivado. Al inaugurar el Paseo Santa Lucía en septiembre de 2007, Natividad González Parás declaró que el espacio formaría parte del patrimonio de los nuevoleoneses, quienes lo visitan a diario, reafirmando la necesidad que tiene la ciudad de contar con áreas de esparcimiento públicas al aire libre. El paseo nos salió en 3 mil millones de pesos. El espacio lo compramos, por lo que forma parte de las propiedades públicas. La trampa vino después, porque con dinero público se habilitó una zona, de la que luego un grupo de inversionistas sacarán provecho al “comprarnos” -sin preguntarnos si queremos o no venderlo- a precios de remate predios en los que construirían cines, departamentos y un mall. De tal suerte que el Paseo Santa Lucía será otro espacio comercial, como los que abundan en esta ciudad.
Las autoridades no entienden las bondades de un espacio de todos, en donde la comunidad se encuentra y se divierte sin necesidad de gastar. Seguramente no lo entienden porque obedecen a la lógica privada, como Fernando Larrazabal, empresario constructor que además es alcalde de Monterrey, quien declaró a El Norte recientemente: “Al primer cuadro (de la ciudad) le urge una regeneración total y como Alcalde voy a impulsar que empresarios puedan comprar manzanas enteras”. El Sr. Larrazabal no entiende otra manera de regenerar que no sea a partir de negocios. Podría impulsar proyectos en donde la gente de los barrios participe, reforestación, áreas de esparcimiento público, cafeterías, ciclovías, museos, bibliotecas populares ¡en fin!, teatro callejero, verbenas, conciertos al aire libre, lectura de poesía, torneos de dominó en los parques… ¡Habrían mil formas de rescatar lo que Maderito nos dejó -un centro de la ciudad lleno de giros negros y cantinas-, pero para Larrazabal las cosas se resuelven cerrando tratos, haciendo negocios. En el centro habita el corazón y la memoria de la ciudad.
Santa Lucía no dejó ver aunque la leyenda dice que le arrancaron los ojos. Aunque nos quieran vendar los ojos, algunos ciudadanos no dejamos de ver la perversidad de que el gobierno opere como agencia inmobiliaria utilizando su estructura, su poder, sus contactos, para arrebatarnos espacios y rematarlos. El espacio Paseo Santa Lucía es nuestro, -ya lo pagamos- y nadie nos ha preguntado si queremos ahí otro mall. Que no se venda Santa Lucía.

Arrojas las cáscaras y hueles las yemas de tus dedos.
Mandaríname, te digo.
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Las empresas pueden tener comportamientos antisociales. Algunas, de hecho, han destrozado comunidades enteras. Cuando la compañía forma parte de un gigantesco emporio capaz de dar órdenes a las autoridades es cuando más vulnerable queda la población. Así es como se cometen crímenes ambientales o evasiones fiscales que nadie persigue y que se esconden detrás del logotipo de ESR (Empresa Socialmente Responsable).
El hoyo fiscal al que se refería Agustín Carstens ya fue descubierto, aunque a la hora de tomar las decisiones los diputados decidieron apuntar hacia otro lado: nuestros bolsillos.
En el 2008, las 400 empresas más ricas del País quedaron a debernos 132 mil millones de pesos, monto suficiente para mantener a la UANL funcionando 33 años. Valiéndose de argucias legales, Cemex, Femsa, Bimbo, Telmex, entre cientos, negaron devolverle al País lo que en justicia le pertenece.
Femsa, empresa que en 2008 informó ganancias por 168 mil 22 millones de pesos, pero que sólo pagó el 2.5 por ciento de los impuestos por sus ventas, “difiriendo” 2 mil 400 millones de pesos, se cree merecedora de recibir en comodato las 25 hectáreas en donde pretende construir el estadio del Club Rayados de Monterrey.
Se calcula que la inversión ascienda a 180 millones de dólares que, al convertirlos a pesos, suman 2 mil 400 millones de pesos. ¡Vaya, coincidencia! Es justo el dinero que nos debe Femsa y que falta en los servicios públicos de salud, educación y desarrollo social.
Pero el desfalco económico no es lo más grave del próximo negocio de José Antonio Fernández, sino la agresión irreparable a un ecosistema que brinda servicios ambientales a todos por igual. Se comporta de forma tan antisocial que escoge uno de los pocos espacios verdes que le quedan a la Ciudad, contiguo al Parque La Pastora, el cual recarga los mantos hídricos, nivela la temperatura y fabrica oxígeno, como el lugar ideal para montar el estadio de 50 mil plazas con su colosal estacionamiento. A pesar de ello, los directivos insisten en que la obra es ecológica.
Me recuerdan a Abel Guerra cuando insistía en que el Arco Vial Sureste era un proyecto ecológico. De hecho, el caso del estadio me hace sentir en un constante déjà vu, no sólo por el cinismo que demuestran sus promotores al defender una obra que dañará el patrimonio natural de todos nosotros, sino por haber iniciado obras sin los permisos necesarios. Muy al estilo de quien no respeta a los demás, la remoción de vegetación y la tala indiscriminada de árboles inició, tal como sucedió en la Sierra Cerro de la Silla a principios de 2008.
Profepa, ahora como entonces, aparece en escena como la vengadora de la Madre Naturaleza, amenazando con multar al responsable de la grave depredación. La ciudadanía entrega pruebas, fotografías, nombres, datos, que Francisco Treviño Cabello olfatea para decir ah, será difícil dar con el culpable. ¿Cómo comprobamos que los bulldozers y las excavadoras fueron contratados por Femsa? Y mientras el delegado procurador mira hacia el cielo en busca de una pista, el agravio quedará impune (apuesto doble contra sencillo que así será). Depredar sale barato.
En Carta Blanca City todos queremos un estadio. Por ello es una lástima que lo que podría ser motivo de celebración para todos -empleo para más de 6 mil personas y un espacio más cómodo para las aficiones- resulte en otro conflicto entre ciudadanía, gobierno y empresas. Bienvenido el estadio, pero no en un espacio público que repara con su verdor la inclemente contaminación industrial y vehicular de la zona metropolitana.
El Gobierno de Nuevo León y el Congreso local deben privilegiar el bien superior de la comunidad antes de ceder en comodato por 60 años el predio colindante con La Pastora. Me parece injusto, además, que una de las empresas más fuertes de México reciba en reconocimiento por su evasión fiscal un pedazo de nuestro patrimonio. De aprobar este comodato, los legisladores operarían como los coyotes de cuello blanco que niegan ser.
Femsa no puede ser tan avara con la comunidad que la hizo crecer. Debe recapacitar.
www.ximenaperedo.wordpress.com
(Columna publicada el viernes 13 en el periódico El Norte, Monterrey, N.L)
El único caso que yo conozco en el que el Jefe gana 49 veces menos que su empleado. Planeamos entregar ese video mensaje a los diputados y diputadas locales en el marco de la campaña nacional “¡Ya bájenle!”.
Sabemos que las exigencias son muchas más, pero creemos que al andar se hace camino.

Otra ciudad mejor es posible
La protesta es, ante todo, una defensa de la propia conciencia. Hay ocasiones en que ante la atrocidad, la prepotencia o el abuso, quedarse quieto o callado es resignarse y otorgar una parte de razón. Por eso quien protesta protege su capacidad de indignación como quien resguarda al último puente en tiempos de guerra. Cuando me ha tocado estar con una manta sobre algún puente peatonal, o en algún evento cargando una pancarta he recibo insultos, señas obscenas y la instrucción de rigor: ¡pónganse a jalar! Desde arriba del puente los veo levantar su puño, maldecirme y luego perderse entre la mancha colorida de automóviles. Aunque pueda causarme gracia en el momento, o nos inventemos un contador de mentadas de madre, al final siempre me quedo pensando en la última razón que tienen algunos para arrancarnos el entusiasmo. Hace poco caí en cuenta de que los malos gobiernos siembran enemistad entre iguales. De pronto los activistas nos convertimos en el blanco de las acusaciones, mientras ellos, los verdaderos holgazanes, ríen a carcajadas desde su noveno piso.
Hoy hace 15 días comenzó un campamento en resistencia ante la construcción del puente atirantado Matute Remus, en Guadalajara. La ciudadanía que se opone al proyecto del gobierno del estado de Jalisco está convencida de que el caos vial que presenta la ciudad no se resolverá inyectándole más presupuesto público al uso del automóvil. Estos jóvenes proponen que la ciudad impulse un plan integral de movilidad urbana que contemple ciclovías, restauración de banquetas y eficientización de transporte público. Hablan de la dignificación del peatón, mientras desde los autos se escuchan mentadas de madres. El puente, además, desaparecería un espacio público verde, con más de 400 árboles adultos, que provee a Guadalajara de servicios ambientales que una avenida jamás podrá ofrecer. Los gobiernos están decididos a transar por su cuenta, a darle en la torre a las hermosas ciudades como si en ellas habitaran no ciudadanos, sino exigentes automóviles. A los gobiernos les hace falta creatividad, humanismo, entrenamiento en el diálogo con la ciudadanía. “¡A trabajar güevones!” les gritan a los campistas tapatíos… y una se pregunta cómo es que los verdaderos holgazanes se libran de esta flecha.
Para escuchar Podcast sobre la resistencia del movimiento Ciudad para todos, da click AQUI.
A propósito de improperios, no se pierdan en este segundo video, la gran mentada de madre que el gobernador de Jalisco, Emilio González, dirige “a los poquitos” -según él- que le llevan la contra.