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Bacha de aquellos días

11 Jul

Cuando se estacionó enfrente y me señaló el número 33 con un indiferente movimiento de cabeza quise gritar ¡no chingues!, pero no pude interrumpirlo. Ese día Mario estaba particularmente deprimido y no paraba de hablar. Se trataba de la vieja casona del Tecolote. Ahí iba a reiniciar su vida, (donde inició la mía). La rentera nos esperaba en la puerta. Era una señora de esas muy correctas que no pude relacionar de ninguna forma con el Tecolote. La resolana estaba pegando duro así que pasamos de prisa y nos saludamos adentro. Esa tarde salí de casa a firmarle de aval a mi compadre y de pronto me encontré encandilado –como arrojado- dentro de los gruesos muros de sillar que sólo había revisitado en sueños. La estancia tenía impregnada una melodía. Comencé a escuchar Have you ever seen the rain? cuando, en un parpadeo, vi una silueta al fondo del pasillo, ¿era él? Perdí el hilo del tema pero de reojo continuaba viendo aquella silueta difusa. Confundido miré con más fijeza. El Tecolote pareció sonreírme y caminó hacia mi, como patinando en el aire por el pasillo central, traía puestas sus patas de gallo con calcetines. Me traía una cerveza. Llevaba puestas las espantosas bermudas de toalla. Me restregué los ojos y volví a la conversación. La señora nos habló de un problema en el contrato de la luz. Había que dar una mordida por “una situación” con el inquilino anterior. ¿El Tecolote?, la interrumpí ignorando por completo lo que nos estaba planteando. Aquí Ramirez+Amaya+Tecolote+Guatemalavivía hasta hace tres meses el señor Leobardo Martínez, dijo la señora como quien defiende la decencia de la propiedad (pero se trataba del Tecolote). No pude preguntarle más. Hubo algo. Algo incómodo, intuí. Ella y Mario se quedaron hablando de que ya ningún barrio era seguro y de que la policía andaba cobrando piso incluso en las colonias “bien”. Mientras tanto pude recorrer la casa de mi amigo porque, el Tecolote era eso, mi amigo. Nunca me referí a él como “mi dealer”. Esa palabra ni se usaba. Quien te rolaba la mota era tu amigo, y punto. Le pagabas pero te quedabas a escuchar sus discos por gusto. Encontré a Mario y a la rentera en el patio, hablando del boiler destartalado. La anacahuita llovía flores. Su caída parecía más lenta por la falta de viento. En una de las dos mecedoras estaba mi amigo cuando me contó que lo invitaron a hacer negocios en grande. La mota no es negocio, me dijo, pero cuando la tratas de puta te arrepientes. De hecho, el Tecolote tenía fama de escoger a sus clientes. No le gustaba compartirla con desconocidos. Decía que mantenía podados sus bonsáis para que no perdieran su encanto. Si perdían la forma era momento de recortar contactos. Aquí había un jardín japonés, dijo la señora cuidando no ensuciarse los tacones con la tierra suelta. Nos repartimos las macetitias entre los vecinos. ¿El señor Leobardo murió? pregunté, pero Mario se negó a que la señora contestara. Le pareció de muy mal gusto mi pregunta, me dijo después. De cualquier forma la casera pareció ignorarme. No lo volví a visitar. Los años se fueron acumulando hasta que ya me pareció ridículo buscarlo. Me volví viejo, sin historia propia. Quizá fue eso lo que me detuvo; algo de vergüenza, un resentimiento hacia los mejores recuerdos de mi vida. En las paredes de su recámara estaban marcados los pósters (uno era la letra de The House of the Rising Sun), y algunos de sus cuadros, (había una acuarela del cerro de la Silla hecha por él mismo). El sol había impreso sus espíritus sobre el yeso. Aquí hace falta pintar, dijo Mario. La señora no tuvo comentarios. Era evidente que todo correría a cuenta del nuevo inquilino. En su habitación desnuda advertí mi ingratitud. Ni siquiera me había planteado cómo la estaría pasando con las cosas como se pusieron. Habrá sido difícil adaptarse a los nuevos significados. De la noche a la mañana el Tecolote se había convertido en un criminal. El amigo que se deleitaba con el perfume de sus flores se volvió, repentinamente, enemigo de la Nación. No dudo en que lo hayan presionado a aliarse a los monopolios. A fin de cuentas de eso se trata esta guerra; de acabar con los changarritos, de agandallarse todo el mercado. La señora le entregó un llavero de peluche. En ese momento mi amigo era todo menos un hombre recibiendo las llaves de su departamento de soltero. Tuve que darle una palmada en la espalda. La señora también sacó de su bolsa una botellita de agua bendita que me entregó y se despidió de mano. Mario y yo nos quedamos bajo el arco de la puerta mirando hacia la calle, sin nada qué decir. Finalmente reunió algo de fuerzas para consolarse: tiene buena vibra, ¿no? Di un par de pasos afuera para ver la casa por fuera y así descubrí una bacha escondida (no abandonada) en una de las esquinas de los barrotes. Sí, le contesté, tiene buena vibra.

¿Por qué ya no interesa ser líder?

18 Feb

Los líderes son una invención relativamente reciente. Ni a mis papás ni a mis abuelos los intoxicaron con la cantaleta del liderazgo. En los ochentas y noventas todos debíamos convertirnos en un líder aunque, nos aclaraban, algunos ya habían nacido “líderes”, es decir, el discurso acusaba ya su corte neoliberal al mezclarse con categorías como la clase y lo divino, en corto, con el darwinismo social.paradigm-shift-cartoon

Llevamos miles de años dando por sentado que el ser humano es un animal que se organiza bajo modelos piramidales: monarquías, iglesias, repúblicas, Estados. Sus fracasos son estudiados como eventos políticos, de ambición, de corrupción, pero sólo apenas, en el siglo 21, se ha disparado la sospecha de que el problema político más añejo es el sistema de organización verticial.

Se imprimieron miles de libros de consejos para entonar la voz, pasar por seguro de sí mismo, aprender a dar órdenes que parezcan genialidades y quizá por décadas casi todos los diplomados en administración de empresas incluyeron la palabra liderazgo. “México necesita uno, pero uno de a de veras” y con esa solución, ¡voilá! Simplficamos el complejo problema de ponernos de acuerdo para construir un futuro en donde quepamos todos.

Pero, ¿qué hacen los líderes para que puedan ser reconocidos? Básicamente, organizan y son amados.elefantes

¿Pueden organizar cualquier cosa y ser amados de cualquier forma? Un líder organiza asuntos de relevancia para el grupo en el Poder. El “líder” que llama a acciones de emancipación individual ya no es llamado líder, recibe otro nombre. Los líderes son productivos para el sistema capitalista. Llaman a hacer, a crecer, a mejorar lo establecido. Tampoco pueden ser amados de cualquier forma. Deben ser amados sin que ese amor amenace al poder establecido.

Visto así, los líderes son la servidumbre del sistema autoritario.

LeadershipHabrá quien me diga que debo distinguir a los políticos de los líderes porque ciertos liderazgos son deseables. Opino lo contrario. El papel del líder ciudadano, o del líder moral en este País es igualmente dañino porque confunde a la persona imperfecta con la causa justa. Si la persona nos comienza a caer mal, se desprestigia la causa. Si el líder comete errores, el movimiento se cae. Esto, además, convierte a algunos   en personajes de ficción, idealizados, santones, que al paso del tiempo  viven más en un performance del líder que en ellos mismos, y esto casi siempre genera fuertes  dolores de egocentrismo.

Estamos, cierto, en una transición. Ante el fracaso piramidal, de liderazgos, entramos al paradigma de la red de compromisos personales en donde cada uno toma su papel en su historia personal. Hoy nuestra Ciudad está siendo reconstruida por este tipo de encuentros horizontales en lo cuales cada quien se representa así mismo. Así por ejemplo, los nuevos movimientos sociales, que claramente emergieron en México en el 2012, y cuya últipa erupción fue provocada por #Ayotzinapa, están encabezados por todos sus integrantes.

Pero, ¿cómo son esas relaciones horizontales? Son lo más revolucionario porque dependen de cada uno de nosotros, son una decisión individual llevada a nuestras relaciones. Es la democracia más relevante y más radical jamás politizada. Claro, siempre habrá quién prefiere que llegue el líder a salvar al mundo aunque la Historia nos demuestra que hasta ahora todos fracasaron.

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Con fragmentos de “La muerte de los líderes” publicado en El Norte el 21 de Octubre de 2011.

Primero la vida

9 May

monterrey contaminadoCon razón la sensación de una gripa instalada, los dolores de cabeza, el ardor de ojos y garganta. Con razón las alergias y los tumores. Quien vive en la zona metropolitana de Monterrey respira un aire de alto riesgo, el más peligroso de todo el País. Así lo reportó la Organización Mundial de la Salud.

Mientras usted está leyendo esta página, partículas menores a 2.5 micras conformadas por compuestos orgánicos y metales penetran sus pulmones.

En los últimos 10 años las alertas fueron ridiculizadas. Hicimos exactamente lo contrario a lo que deberíamos haber hecho.

La contaminación del aire es uno de los problemas no identificados por la conciencia colectiva de la ciudad industrial. Este tipo de “ceguera” es un fenómeno que desafía a las ciencias sociales, pues a pesar de que llevamos en el cuerpo la evidencia de un fracaso industrial, seguimos creyendo que los números macroeconómicos son indicadores de su victoria.

Dos razones han ocultado el problema de la contaminación atmosférica.air-pollution

El primero es su aparente invisibilidad; el segundo es que, cuando se manifiesta, cuando toma cuerpo, la enfermedad se enfrenta desde la trinchera individual o familiar, sin advertir que el asunto es a todas luces público y reclama por una activación política.

No hay mejor forma de ilustrar este fenómeno que con un caso.

Hace dos semanas le conté en este mismo espacio que varios vecinos de colonias del poniente de la Ciudad llevaban reportando desde hace cuatro años una peste intolerable.

Aparece en la madrugada. Los despierta la sensación de asfixia y náuseas. Les duele la cabeza, les genera confusión, pérdida de memoria a corto plazo y a los bebés les quita el hambre.

Cerrar las ventanas no da resultado. El hedor se cuela. Un vecino me explicaba recientemente que tenía que encintar el marco de todas las ventanas y puertas de su casa para librarse de aquella peste, ¿no le parece aterrador?


Una madrugada este mismo vecino salió de su casa con una cámara para intentar localizar la fuente de ese tóxico hedor. Pero es transparente, me dijo. No se ve. No se puede tocar, ni capturar.

A pesar de la gravedad del caso, muy pocos vecinos se han organizado. Hace un par de años lograron cierta atención mediática, pero nada más.

Algunos vecinos optan por pedir asilo con sus familiares en los días en que la peste está más insoportable. La denuncia que un vecino puso ante Profepa no mereció una investigación para llegar al fondo del problema.

En el aire no hay fronteras políticas o físicas. Lo que respiran los vecinos de la Colonia Mitras Poniente y Villas del Poniente, en García, no es en absoluto su problema. Ellos son apenas un primer grupo de víctimas, los segundos testigos de la violencia ambiental.

hazlaLos primeros testigos son los trabajadores de estas fábricas, quienes son los primeros en pagar con su salud el precio de un empleo. Pero éste es apenas un caso ilustrativo, un botón de muestra.

El habitante del siglo 21 de las ciudades industriales está por enterarse del peligro en el que vive y de cuán arrojado se encuentra a su suerte.

Instituciones como la Profepa o la Semarnat operan como ventanillas para entregar las últimas reservas naturales y solapar que la industria lance sus excretas al ambiente. ¿No deberíamos de reconocer esto como una grave amenaza de seguridad?

Por lo pronto, en este último reporte, la OMS ya reconoce la relación de la contaminación del aire con el riesgo de contraer cáncer.

Esto obliga a la Secretaría de Salud a hacer público el número de detecciones de cáncer, el tipo y su distribución geográfica en la zona metropolitana, así como otras enfermedades directamente relacionadas con la contaminación del aire, como las respiratorias y alérgicas.

En mi familia, mi madre ya tuvo dos tipos de cáncer, ¿en la suya?

El estado de emergencia ambiental es tal en la Ciudad, que nos obliga a la inmediata activación política de un principio común: primero la vida.

ximenaperedo@gmail.com

Columna publicada el viernes 9 de Mayo de 2014 por EL NORTE, en Monterrey, México.

Especial azucarado del “Día del Niño”

30 Abr

cancer-thrives-on-sugar-diabetesA propósito del “día del niño” me propongo explorar la relación del azúcar con conceptos construidos socialmente como la felicidad, la alegría o la celebración. El día del Amor y el Día del Niño son fechas especialmente azucaradas porque para demostrar cariño regalamos golosinas. Quise explorar un poco sobre este vínculo porque es obvio que tiene una historia muy reciente y, a juzgar por las estadísticas, parece que la dulce historia de amor está por terminarse. La diabetes y otras enfermedades relacionadas con la excesiva ingesta de azúcar (y harinas y lácteos, pero ese es tema para otra reflexión) cunde como pandemia. No es un escenario apocalíptico, por el contrario, es la forma en que aprenderemos a re-significar el azúcar en nuestras vidas. Sobre la idea de “tener diabetes” también quiero reflexionar un poco y compartir algo de información que creo que puede ser muy útil. Por último creo que vale la pena contextualizar el azúcar, es decir, revisar qué lugar ocupa en nuestra vida común y comenzar a cuestionar si ese es el lugar que le corresponde. La reflexión me parece muy pertinente hoy, en el día del Niño, pues no puede resultar más contradictorio querer celebrarlos, cariñarlos y hacerlos sentir muy especiales llenándoles la boca de azúcar.

Pido disculpas porque ando un poco apretada de tiempo (voy a ver a dónde llego en una hora) entonces advierto que no podré ir a profundidad pero sí pretendo poner algunas “banderitas” sobre temas que vale la pena recuperar para mayores análisis.

El azúcar, todos lo conocemos, es una sustancia que sale de la caña de azúcar. En mi opinión es deliciosa, además de que nos genera energía. En su caso el problema no es sólo el consumo excesivo sino las calidades de azúcar que están accesibles. La diferencia entre el azúcar moreno y el blanco, es básicamente que mientras más obscura, el azúcar mantiene otros nutrimentos mientras que en su estado más refinado se trata de “calorías vacías”, que no nutren y que, por el contrario, son tratadas con procesos químicos para “mejorar” su apariencia y su sabor. Dicho lo anterior, parto a ver a dónde.

Azucar y Poder

Lo primero que quisiera compartir es la existencia de una discusión seria antropológica –es decir sobre el ser humano en relación con su cultura- sobre la representación que tiene el azúcar en nuestras vidas. El trabajo pionero “ Azucar y poder” del antropólogo Sydeney Mitz fue publicada en 1985 y analiza la historia detrás de la relación que creemos “natural” entre los ingleses y el azúcar. Pues bien, este autor nos explica la importancia de las colonias inglesas rebosantes de plantaciones de caña, el trabajo esclavo y la posterior revolución industrial como factores históricos de gran importancia para comprender porqué hoy los ingleses, y creo que casi todas las sociedad urbanas, no pueden vivir sin azúcar. ¿Cómo se volvió una necesidad algo que antes no existía? Esa es la pregunta que el autor va resolviendo a lo largo de su obra que está disponible en la red. Para el autor no pasa desapercibida la irrupción de una nueva adicción disfrazada de “especia de lujo” en un principio y luego, cuando se convierte en golosina barata de “necesidad”, sobre todo como reemplazo de alimentos cárnicos mucho más caros. La obra no la conozco más que parcialmente pero me parece que apunta otro hallazgo muy importante, y es que la rápida multiplicación del azúcar, su exitosa colonización, representaba también el éxito de un sistema capitalista de producción que satisfacía, cuyo placer realmente se sentía en el paladar. Claro, la burbuja estalló y ahora “la chispa de la felicidad” no sabe cómo defenderse frente a la pandemia diabética. De los relatos caramelizados pasamos a verdaderas historias de terror, a calvarios individuales y familiares, y lo más irrefutable: a la muerte de millones de personas. En México, la diabetes es la primer causa de muerte. En el 2015, se estima que 100 mil mexicanos van a morir por esta enfermedad. Así de crudo.

Diabetes

Como cualquier mexicana, un tío –mi consentido tío Javier- murió por este mal y acaban de diagnosticar a una de mis cuñadas con este enfermedad. Por lo mismo el tema me traspasa. Encontré una tésis de maestría del CIESAS sumamente interesante que aquí comparto. La autora es María de los Ángeles Domínguez García y el título es sumamente interesante Vivir con “azúcar”, Experiencias y representaciones en torno a la diabetes, el trabajo de campo lo realizó con comunidades indígenas tzotziles en Zinacantán, Chiapas. No he terminado de leer la tesis pero la revisión que le di me ha inspirado reflexiones que claves para la reflexión que estoy tratando de hilar. La antropóloga distingue entre la experiencia de diabetes (illness) y el comportamiento que se espera de los pacientes con diabetes (sickness) para analizar las emociones que se identifican con la enfermedad y lo que se dice de ella en distintos momentos de la misma. Pero quizá lo más interesante de la investigación son las narrativas que la investigadora recupera pues dan acuse de los estados emocionalmente negativos que facilitan la irrupción de la enfermedad y que obstaculizan su tratamiento. Como investigación cualitativa que es no pretende explicar el universo sino profundizar en grupos focales, en este caso, de comunidades indígenas. Sin embargo, creo que la relación que tenemos con el azúcar y la diabetes es sumamente parecida entre indígenas y, digamos “mestizos”, aunque me choque el término, para hablar de quienes no somos indígenas. Por ejemplo, en su investigación, cuando aborda la historia de la introducción de bebidas gaseosas a la zona de Los Altos, en Chiapas, la investigadora detalla la campaña publicitaria de introducción de los productos de Cola, especialmente de la compañía Coca Cola. Siendo un pueblo pequeño los anuncios de Coca Cola están por casi todos lados. La publicidad ¡bingo!

Publicidad y comida chatarra

Creo que este animal que somos tiene la particularidad de que le gustan los cuentos. Tenemos una tendencia muy bella y romántica hacia la fantasía pero esto también puede resultar fatal. La publicidad no es una canción pegajosa, ni escenas sugerentes, es realmente el resultado de estudios sobre la psique humana. Los publicistas son realmente “programadores” de estilos de vida, de formas de comprender lo que somos y lo que hacemos aquí. Alan Moore dice que los publicistas son los chamanes contemporáneos y creo que estoy de acuerdo.

Precisamente por ello me pareció tan pertinente –y tan amorosa- la campaña contra la publicidad de comida chatarra. ¿Qué pensaríamos de millonarias superproducciones de superhéroes alentando a que los niños beban cloro y masquen arsénico? ¡Nos indignaríamos, claro! Algo pasa, sin embargo, que no alcanzamos a comprender la miserable campaña de publicidad para volver adictos a los niños y niñas al consumo de azúcar. Un día las tabacaleras tuvieron que imprimir en sus paquetes de cigarros: fumar mata. Sin embargo, en el tema del azúcar la conexión se diluye pues el azúcar no mata, y esta es la defensa favorita de los productores de chatarra. Aquí les pongo al CEO de Coca Cola de Gran Bretaña, aludiendo que el problema es que la gente está consumiendo energía que no “quema” por el estilo de vida que mantienen. Es decir, claro, el tema es mucho más complejo. Hay un contexto que tenemos que desempacar ante nuestros ojos.

Monterrey y el azúcar

México es el país con el índice mayor de obesidad en el mundo. Monterrey es el primer lugar nacional en obesidad infantil. Los niños más gordos del mundo viven en Monterrey. Esto nos coloca, otra vez, como observadores y participantes en una prueba de laboratorio. Es decir, tenemos una posición “privilegiada” para entender la historia detrás de un raiting tan trágico. ¿Por qué?, ¿qué hay en Monterrey que no hay en otras ciudades industriales parecidas? No busquemos afuera, miremos adentro. Esa es la ventaja que tenemos: podemos revisar nuestros hábitos, rutinas, necesidades diarias y encontrar muchas respuestas.

ox2Reconozco, por ejemplo, que la hostilidad que uno puede experimentar al vivir en Monterrey como un trabajador promedio que se desplaza todos los días con horarios rígidos a sus centro de trabajo o escuela, los problemas de contaminación que nos rodean, las exigencias del mercado que nos vuelven especialmente competitivos e individualistas, la “falta de tiempo” y la precariedad de los sueldos son un contexto que favorece bastante no sólo una alimentación chatarra, -que se distingue por estar empaquetada y que igual se encuentra en el Costco que en la Conasupo- sino un apetito desaforado por conseguir algún paliativo, algún consuelo, un pequeño premio por el esfuerzo. En Monterrey el consumo es una forma de entretenimiento con la que premiamos nuestra disciplina, o nuestro esfuerzo. Las golosinas, las frituras, los refrescos se han convertido en nuestros patéticos premios de consolación. Pero además, estamos invadidos de publicidad y de Oxxos, principalmente. Y con esto termino, revisando un video corporativo de FEMSA de 2009 me topé con este guión de la cadena Oxxo que por esas fechas habría dos tiendas por día en el País. En el video se escucha: “Todos los días, a todas horas, siempre hay un Oxxo para satisfacer tu sed y tus antojos”. Cuando todos fallan, cuando la depre o la angustia pegan, ellos están abiertos.

Una nota final

Yo misma llevo varios meses que saqué de mi dieta al azúcar. No es cosa sencilla porque, efectivamente, pelamos contra una adicción. En principio tomamos la decisión de no comprar azúcar refinada, luego simplemente dejamos de comprar azúcar. Descubrí el sabor a café, el sabor de los tés de cardamomo y jengibre, y ¡hasta de la manzanilla! Obvio no somos de palo, nos siguen fascinando los chocolates, los pasteles, las galletas… simplemente les quitamos el poder que antes tenían sobre nuestra elección. Aunque también reduje las harinas casi al mínimo, me siento en la necesidad de compartir que mi cuerpo se transformó. Me siento emocionalmente más estable y he bajado unos diez kilos.

Sale caro ir a jalar

10 Ene

En los últimos días un nuevo personaje de la localidad se volvió fenómeno en redes sociales. Sólo que a diferencia de los otros casos, su fama no radica en estar borracho y dar risa, sino en ser un joven obrero crítico y en sostener un discurso poderoso que a nadie puede dejar indiferente.

El regiomontano Antonio Giovanni López Mata ha roto un tabú: no todo se resuelve poniéndose a jalar. El 1 de enero decidió que no pagaría los 2 pesos que aumentaron a la tarifa del transporte y no sólo eso, desde entonces intenta provocar a más usuarios a pagar únicamente 10 pesos por viaje. Confía en que la tarifa podría revertirse si la gente se niega a pagar el aumento.

Como lo reportó la sección Local de EL NORTE ayer (“Rebelde con causa”), ha grabado y subido a la red sus actos de desobediencia que consisten en pagar únicamente 10 pesos y en explicar muy claramente a los choferes y al resto de los pasajeros sus razones. Dice que no está en contra del Gobierno, ni es anarquista, pero que está en contra de la injusticia.

BdjC98yCMAAwQfv“O me bajas o le llamas a la patrulla, pero yo sólo voy a pagar 10 pesos”, repite a los choferes con respeto, pero contundencia y luego reclama a los pasajeros: “nos están empinando y nadie dice nada”. Ante la insistencia de los choferes de que le faltan dos pesos, el joven remata: “No me voy a quitar un taco de la bolsa para dárselo a los empresarios que en San Pedro se están pudriendo en billete”.

Parece que quienes decidieron incrementar un 20 por ciento la tarifa de castigo y un 14 por ciento la tarifa con tarjeta Feria no advirtieron el contexto social cada vez más castigado y de mayor escasez.

En su fórmula no calcularon el cansancio de una población trabajadora harta de parecer invisible. Tiraron demasiado de la cuerda sin advertir que pondrían en crisis el metabolismo urbano: ahora sale muy caro ir a trabajar.

Quizá porque la desobediencia y el discurso de Antonio Giovanni parecieron peligrosos es que dos días después de que sus videos comenzaran a “viralizarse”, y a propósito de un asalto en que seis pasajeros de la Ruta 70 fueron despojados de sus teléfonos celulares, Ivan Carvajal, director de Prevención y Reclusorios del Municipio de Monterrey, anunció operativos policiacos de vigilancia para resguardar el orden dentro de las unidades.

Carvajal anunció que los policías irán identificados con una credencial “para que los pasajeros no entren en pánico ante la presencia de una persona armada”. Su trabajo consistirá en preguntar al chofer “si alguien ha cometido algún ilícito o si subió a una gente extraña”. Y no sé a usted, pero a mí me parece que el operativo es una respuesta directa de los empresarios transportistas ante la provocación de “o me bajas o le llamas a la patrulla”.

Mis sospechas crecen cuando me entero que el operativo fue una solicitud de los mismos empresarios “para cuidar de la seguridad de los pasajeros” siendo que el año pasado el transporte público registró mil 613 “accidentes” en los que murieron seis personas.

El regiomontano promedio condenaría inmediatamente la desobediencia de Antonio Giovanni si no fuera porque el motivo de su protesta es que quiere ir a trabajar, pero ya no le alcanza (son cuatro camiones diarios).

Entendido así, sólo está pidiendo ciertos límites a la avaricia de unos pocos. Al ser incapaces los Gobiernos de regular a determinados grupos de empresarios, la esperanza de este joven está puesta en una eventual toma de conciencia de los usuarios.

Por desgracia, “la mejor afición”, esa que paga las entradas más caras del País, está suficientemente entretenida en dolerse y protestar por los malos resultados de sus equipos.

ximenaperedo@gmail.com

Obedecer y no cuestionar

12 Nov

Una reflexión sobre la campaña empresarial “Hagámoslo bien”

La pregunta es qué podemos hacer.  Vivir bajo el arbitrio de la corrupción y ser testigos de una degradación social sin precedentes nos obliga a mover piezas pero, ¿cuáles?, ¿hacia dónde?, (¿a qué horas?).  Todos de una forma u otra nos estamos preguntando lo mismo: qué hacer en Monterrey, cómo re-tejer el desgarro, cómo sentirnos útiles. Nuestra voluntad individual tiene una repercusión muy limitada en la vida de la Ciudad, es indispensable unir esfuerzos pero, ¿hacia dónde jalamos esta cuerda?, ¿qué deseamos transformar?

casino royaleLlevamos diez años escuchando que la Ciudad está de cabeza porque no hemos sido “buenos ciudadanos”, porque no participamos y, últimamente, porque no formamos parte de la “cultura de la legalidad”. Este discurso apuesta a responsabilizar al regiomontano promedio –que todo el día cumple órdenes, regresa tarde a casa, y sólo tiene los domingos para descansar y ver a su familia- de una falla sistémica. Con este llamado “al orden” generalmente se neutralizan las preguntas que cualquier habitante de la Ciudad de Monterrey debería hacerse frente escenarios cada vez de mayor escasez. Detrás de estos discursos “democráticos” se camufla un llamado a la sumisión política, a la obediencia a las reglas del fracaso, pues cuando un ciudadano no puede modificar, desechar ni participar en la creación de sus leyes la “cultural de la legalidad” tiene un componente de imposición.

Bajo esta lógica, parecería que el fracaso del sistema lo originamos usted y yo por abstracciones como “no participar”, o “no ser ciudadano”. Pero, ¿qué es participar? , ¿quién lo define? Existe una serie de actividades -bastante infructuosas, hay que decirlo-, a las que llamamos “participación política” como votar, llevar alguna iniciativa de ley al Congreso, acordar con los vecinos una cuota para el policía de barrio, organizarnos por alguna causa o incluso protestar.  Parece entonces que la invitación a ser un ciudadano participativo es un llamado a insertarnos en acciones predeterminadas, en agendas decididas, en diagnósticos impuestos. Esto limita nuestro potencial para la creación política, es decir, para intervenir los acuerdos con libertad tomando en cuenta nuestras preocupaciones más sinceras. Pienso, por ejemplo, lo difícil que se ha vuelto tener tiempo para disfrutar a la familia, especialmente cuando existen hijos. Disfrutar la crianza debería ser un derecho conquistado, pero ni siquiera existe como exigencia. ¿Es que no nos interesa, o nos resulta impensable exigirlo?

Ahora bien, ¿quién define lo que es ser ciudadano en una Ciudad como la nuestra, sin espacios para su ejercicio? ¿En dónde podríamos encontrarnos para deliberar, para discutir asuntos públicos: en el Starbucks, en la sala de juntas de la asociación, en el set de “Cambios”? ¿Quién puede sentirse ciudadano en Monterrey: será que el ejercicio de la “ciudadanía” está relacionado con gozar de tiempo libre y de cierta posición económica? ¿es una condición de clase social?mty

La cúpula empresarial local, apoyada por 150 organizaciones, lanzó hace un par de semanas la campaña motivacional “Hagámoslo bien” que parte del diagnóstico descontextualizado de que la crisis que vivimos responde a una opción individual por el caos y que, por lo tanto, para recuperar el antiguo orden hay que cumplir las reglas. Según esta versión, la crisis la originamos por desobedientes. Algo tipo Adán y Eva.

Aunque la campaña más bien ha pasado desapercibida, me parece oportuno revisarla aunque sea brevemente, pues la opinión empresarial es un indicador clave para entender la cultura regiomontana.  Según el guión de esta campaña ser pobre o nacer en condiciones de exclusión no nos hace delincuentes, al contrario, cualquiera puede nacer en la colonia CROC, o en la Garza Nieto y ser “un ciudadano ejemplar”. De hecho, en el video promocional se presentan algunos “casos excepcionales”. Lo que oculta este discurso es el por qué existen estos cinturones de pobreza, estos “ambientes de ilegalidad”. Lo que este discurso oculta es la violencia anterior a la violencia que hoy condenamos. Se exige solidaridad, “porque así somos los regios”, cuando la miseria es, por naturaleza, insolidaria. La desigualdad social no aparece en el radar del grupo de empresarios como una causa directa de la violencia. Desde su óptica la pobreza es natural, luego, basta con motivar a “los pobres” a rechazar la delincuencia, pero nunca se cuestionan porqué nuestra ciudad es una máquina productora de pobreza.

La acumulación por desposesión, a decir de David Harvey, es la historia detrás de esta crisis que ha trastocado absolutamente a todas nuestras instituciones desde las escuelas, las iglesias, los partidos políticos, las familias. El acaparamiento de tanto poder en tan pocas manos, el autoritarismo sutil en el que hemos sido educados, y la anulación de la historia “no oficial” para comprender nuestro presente ha generado esta crisis sistémica en todo el mundo pero que en epicentros neoliberales, como nuestra Ciudad, resultan desgarradores.

Es difícil que precisamente estos empresarios adviertan el fracaso de un sistema económico de cuyas reglas se han beneficiado tanto. El hecho de que esta realidad tan evidente flote en su punto ciego los retrata extraviados, apostando por una retórica emotiva que ha perdido sus significados. No sorprende que quienes fueron los líderes de un proyecto que terminó en desastre hoy no sepan qué proponer que no sea llamar a un decoro y a una responsabilidad social que, precisamente, extrañamos en sus prácticas empresariales.

 ¿Cuál es el futuro de las empresas que no comprenden la historia de la crisis? Muy sencillo, estas empresas resuelven los obstáculos reduciendo su nómina, rasurando derechos laborales, abaratando procesos industriales que ponen en riesgo la salud de sus empleados y de poblaciones enteras, y acaparando el resto de recursos naturales que le quedan a las ciudades en donde operan. Esta es la forma de “hacer negocios” obsoleta, dispuesta a sacrificar la calidad de vida de las poblaciones. Muchos empresarios y empresarias ya están mudándose hacia el futuro con modelos mucho más sostenibles.

El discurso detrás de la campaña “hagámoslo bien” no me parece que retrata ni a todas las personas ni a todas las organizaciones suscriptoras. Quizá la mayoría decidió sumarse a alguna iniciativa que podría tener algún tipo de “éxito”, sin revisar el fondo del mensaje. Sin embargo, la realidad de violencia, contaminación y desastre político –por resumir- precisa de nosotros que construyamos mensajes mucho más críticos, que se acerquen a comprender el origen de esta crisis compleja.

 Desde este desgarro; desde la lucha diaria por sobrevivir, por disfrutar de la vida aun en condiciones tan adversas es de donde nacerá el nuevo acuerdo. No espere que sea votado en el Congreso, ni que sea patrocinado por alguna marca. Será el resultado de nuestro sincero cansancio de vivir para saciar el hambre de un sistema depredador.

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Bacha de aquellos días… [CUENTO]

16 Jun

Para leer haz click en la imagen.Bacha de aquellos días...

Llenas de gracia

10 May

diosas_2Hay dos formas de vivir la vida, dijo Albert Einstein, una es creer que no existen los milagros, la otra es creer que todo es un milagro. Ambas son correctas.

Tener hijos puede llevarnos al asombro perpetuo o puede pasarnos desapercibido. No hay nada más ordinario que quedar embarazada y, al mismo tiempo, no existe un fenómeno más prodigioso. Formar en el vientre a otro ser es un gesto de inconmensurable generosidad de la naturaleza hacia las mujeres, aunque puede verse como si nada.

La maternidad es uno de esos grandes temas que nos cruzan a todos. Se ha entendido de formas radicalmente distintas a través de la historia. Durante miles de años no hubo dios, sino diosa. La mujer encinta representaba no sólo la puerta sagrada para que un nuevo ser existiera, sino que su fertilidad recordaba a la tierra, que convierte las semillas en frutos. Luego estos misterios se poblaron de palabras y de explicaciones.

En las últimas décadas, y creo que en paralelo con la implementación de políticas neoliberales, se comenzó a expandir la falsa idea de creer que el embarazo y la crianza eran actividades poco o nada productivas y, por lo tanto, dedicarles tiempo era muy poca cosa. Parir, amamantar y criar a los hijos comenzaron a señalarse como rasgos cuasisalvajes que, por supuesto, había que evitar.

Las mujeres entonces dejaron de parir, aunque no de ser madres. La experiencia “milagrosa” les fue enajenada por una industria ávida de sacar ventaja de la falta de información y del miedo.

Monterrey, la capital mundial de las cesáreas, prácticamente conoce los partos naturales por accidente. Siete de cada 10 mujeres atendidas en hospital público “elige” una cesárea, frente a casi 9 de cada 10 en nosocomios privados.

act-of-revelation-bobo-rajacicLas mamás mexicanas tampoco dan de mamar. Sólo 14.5 por ciento de los bebés mexicanos son alimentados en sus primeros seis meses de vida por su madre. El 56 por ciento de las mujeres abandona la lactancia materna o la combina con otros líquidos a los tres días de nacido su bebé.

La industria de la leche “de fórmula” se beneficia de las condiciones adversas que enfrentan las mamás para amamantar, desde mitos como que “tu leche está aguada”, hasta la imposibilidad de trabajar y lactar.

Este asalto industrial a la maternidad está cambiando su significado. Las mamás somos hijas de nuestro tiempo y nuestro ejercicio maternal se modifica con las circunstancias. Quizá hoy, 10 de mayo, sea positivo recordar que la maternidad es una construcción cultural y, por lo tanto, dinámica. Somos responsables de sus futuros significados, por ello es importante que compartamos nuestros aprendizajes de madres. Y juntos hablemos de nuestra experiencia de ser hijos.

En este espíritu de compartir yo deseo invitar a las futuras madres a que no se pierdan de sus partos. Parir es unaparto experiencia de esfuerzo única, que nos traspasa como un relámpago y nos rebautiza. Algo de nosotras muere en la labor de parto, pero renace con el primer llanto de nuestro bebé.

No creo que sea justo comprenderlo como un dolor ocioso, que puede evitarse; en mi opinión el parto es un viaje personal extraordinario hacia donde nadie más irá.

M 83La leche materna es un líquido vivo. Sus imitaciones en polvo palidecen frente a sus valores nutricionales y, sin embargo, ésta no es su mayor ventaja. Tampoco lo es su practicidad ni el ahorro económico que representa. Dar de mamar es conectarse con el ritmo del bebé, es oler el perfume de su cabeza, es contemplar su crecimiento en la penumbra de la madrugada.

Comprendo que para las mujeres que trabajan fuera de casa amamantar cada vez es más complicado -así de antisociales hemos construido nuestros marcos legales-, pero la mejor forma de lograr que esto cambie es advertirlo como un derecho que se nos debe respetar a las madres y a los bebés.

La maternidad es un viaje extraordinario, aunque no siempre sea placentero, ni deseable. Yo felicito a todas las mujeres que han llevado en su vientre la historia de la humanidad: llenas de gracia.

ximenaperedo@gmail.com

Mitad y mitad, una responsabilidad compartida

22 Abr

Esto ya lo había leído en alguna parte. Lo llamo deja vú literario. Es una suerte de prestidigitación. Sucede a menudo con escritores de ciencia ficción cuyos alucines hemos visto cobrar vida e integrarse con normalidad a nuestros días.  El lector difícilmente advierte qué tan contundente es la clarividencia de los autores. Cerré Ácido Sulfúrico (ed. Anagrama 2005) creyéndome que había leído un texto de ciencia ficción sin logros extraordinarios. El peor de los libros de Nothomb que había leído. Ahora, sin embargo, quisiera tener a la mano la novela –que se encuentra en alguna caja, en Monterrey- para disfrutar la voz bautizadora de la autora. El límite inimaginable al que ha llegado la telebasura en Monterrey yo ya lo había “visitado”.

acidosulfuricoLa novela trata de un reality show francés que se llama “Concentración” y que  , básicamente, es un campo de concentración nazi con cámaras instaladas para trasmitir en vivo todos los ángulos del sufrimiento humano. Los participantes fueron “cazados” de las calles de París.  El programa ha llegado a conquistar el cien por ciento de la audiencia. ¡Es un éxito sin parangón! Y la final se acerca. Los parisinos han acompañado el exterminio de la mayor parte de los participantes. Una de estos, la protagonista, al ver su muerte tan cerca rompe “el guión” para dirigirse a una de las cámaras con un mensaje lleno de poder: “—Creen estar en una situación de superioridad porque nos ven y nosotros no les vemos a ustedes. Se equivocan, ¡les veo! …Veo a aquellos que nos miran estúpidamente, también veo a los que creen mirarnos inteligentemente, a los que dicen : Miro para ver hasta dónde pueden llegar los que se rebajan y que , al hacerlo , se rebajan todavía más que ellos…¡Van a verme morir sabiendo que les estoy viendo! “ (p.52). Aunque esta cita la encontré, no pude hallar en internet la exigencia que Pannonique dirige al teleauditorio. Les dice: apaguen ya. Salven nuestra vidas y apaguen.  Somos los rehenes del rating. Criticar el programa, hablar de él, darse golpes de pecho, organizar protestas en la calle, cualquier cosa que no sea apagar el televisor hace crecer al monstruo.

la-tedeteEsto ya lo había leído en alguna parte, dije cuando leí el comunicado de Multimedios en el que se disculpaba por haber violado a una vaca en vivo.  Luego vi cómo fue “cazada” la sexy vaguita para formar parte del elenco del mismo programa. Y por último, me entero de un accidente vehicular “montado” para presentar como verdadero en vivo y en el que, supuestamente, el protagonista del programa Mitad y Mitad sale gravemente lastimado.  Las fuerzas policiacas y ambulancias se movilizaron sin aparentemente saber que se trataba de una volcadura “de mentiras”. El actor publicó una fotografía en su cuenta de Twitter desde una cama de hospital para “probar” a su público que sí había sido cierto su accidente. Los productores del programa trataron de crecer la polémica.  Y es que la final del programa está muy cerca. Se puede romper el récord de rating de la casa.  El desafío es, entonces, capturar a la mayor audiencia posible, aunque se trate de “los indignados” que sólo lo verán para escandalizarse.   Pero todavía no hablo del deja vú literario que tuve.

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Mauricio Alatorre, productor de este y de otros programas como Noches de Futbol o Las Muñequitas, es, podríamos decir, la pieza clave del éxito comercial del canal.  Pero también por ello es una de las personas que recibe más cuestionamientos sobre la calidad de la programación. Mauricio recibe muchos insultos en sus redes sociales, pero también recibe cartas y se entera de opiniones cada vez más difíciles de ignorar. Hace algunas semanas, discutiendo en Facebook con varias personas escribió: “BOLA de HIPÓCRITAS dejen de hacerse los tontos y mejor no opinen de lo que SI ven”.  He aquí mi Deja Vú literario. El hombre pantalla rompió el hechizo para condenar moralmente a quienes critican la programación que no dejan de ver. Los llama hipócritas. Pannonique los llama estúpidos.  Sin conocer a Mauricio y advirtiendo que puedo estar muy equivocada,  leo en su comentario la misma exigencia de la condenada de Nothomb a ser ejecutada por el rating: apaguen ya.  Él también es un condenado. Hace algunos días escribió en su cuenta de Twitter: “Es mucho muy extraño!! Dicen q no nos ven y q fuchi y q wuácala d pollo. Rarísimo, en 3 días tengo casi 5 mil followers más”.  Alatorre está poniendo el dedo en la llaga. Podría tratarse de una torpe pataleta, por supuesto, pero, ¿y qué tal si Alatorre está denunciando algo? ¿qué tal si está tan desilusionado de las audiencias que ha decidido desafiarlas? No lo se. Los Deja vú siempre son así de nebulosos. No se tiene la certeza de estar repitiendo una vivencia. Quizá estoy equivocada.

También observo el otro escenario. Alatorre se ríe de mi porque con mi texto ¡pero qué bestia soy! estoy sumándole rating. Estoy haciendo crecer el rumor. Estoy participando de lo propio que critico.  Si así fuera no tendría nada qué agregar.

television-mierdaPero quizá se tenga la capacidad crítica para ver un poco más allá. Tal vez no se ha extraviado el switch que prende y apaga el show. Quizá valga la pena apuntar la diferencia entre repetidor y programador, entre actor y autor.  Hay que caminar algunos pasos hacia atrás para reconocer si lo que consideramos rebelde no es, en realidad, sumisión.  Tal vez así uno pueda reconocerse “productor” de la estupidez. Quizá no se quiera gastar la vida de rehén del rating. Quizá haya posibilidad de huir del Deja vú literario.

Entiendo que no se puede controlar la nave desde adentro. Por eso algunos de sus rehenes acusan de su situación a la sociedad. La programación televisiva representa el estado de ánimo de las sociedades, asegura Lauren Zalaznick, quien estudió la correlación entre ciertos estados de ánimo colectivos con la aparición y permanencia de programas. La tele tiene conciencia. Es un ente social. Es un espejo sin misericordia. Por ello es probable que la única forma de replantear su trayectoria sea que las audiencias aprendan a usar el control remoto como regulador moral del inconsciente colectivo.  Mientras aprendemos a usar “el hechizo” a nuestro favor, podemos abandonar el papel de cómplices de la estupidización de las masas apagando la tele.

El poder de las preguntas

7 Abr

sed hambreSi estuviéramos ciertos de que quienes sufren son nuestros iguales actuaríamos en consecuencia. Si se tratara de nuestra madre no podría escribir la siguiente línea, y usted no tendría calma para leerla. Es justo entonces aceptar que, aunque lo seamos, no nos creemos hermanos de los pobres. Con eso basta para levantar el muro de la indiferencia. Indiferencia que se fortalece con el argumento de la inevitabilidad.

Cuando nos pica el gusano de la empatía o de la consideración nos hacemos un hoyo rascándonos la cabeza pensando en cómo podríamos erradicar la miseria. Qué podríamos hacer usted y yo para evitar que tantas personas en el mundo apenas y reúnan fuerzas para existir, para sobrevivir a la sed, a la malnutrición, a las infecciones provocadas por ambientes insalubres.

Usted y yo hablamos. Decimos cosas o en un arrebato de lucidez salimos a compartir lo que tenemos. Pero la pobreza no termina. Parece inevitable. Por momentos se nos revela la imagen de una máquina de exclusión, una nave salvaje que sobrepasa los esfuerzos individuales de cualquiera. Produce hambre, depresión y vulnerabilidad. Es una estructura muy pesada que a los políticos en sociedades culturalmente muy atrasadas conviene perpetuar. Ése es el caso de Nuevo León.

En nuestro Estado todos somos convidados a jugar Monopolio, pero la mayoría comienza el juego con enorme desventaja frente a los pocos que concentran toda la riqueza. Así es el azar. Nos tocó nacer pobres o ricos, pero, por desgracia, la brecha de inequidad que en los últimos 30 años se ha extendido tanto nos asegura morir en idénticas condiciones a nuestro nacimiento. La parálisis social y la desigualdad se han agravado como nunca en la historia. Tanto que parecemos, en verdad, desiguales.

Las imágenes escalofriantes de la miseria en el norte y sur del Estado y la sed infrahumana que padecen tantos nuevoleoneses en la zona rural y en las márgenes de la Ciudad nos obligan a preguntarnos qué tan ético es resignarnos desde nuestras comodidades. Por supuesto no intento picar el botón de la “culpa”, eso es demasiado miope para ser efectivo. Trato más bien de preguntarnos si tenemos algo que ver con la pobreza de los otros.
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No necesariamente lo veo a usted y a mí como responsables directos, pero sin duda podríamos incidir, de eso estoy segura, en mudarnos a una actitud mucho más crítica frente a la miseria humana.

Hay muchas realidades que no nos hemos cuestionado. ¿No necesitaremos fijar un límite ético para la concentración de capitales?, ¿cuánta desigualdad es tolerable?, ¿la educación que recibimos nos prepara para erradicar la miseria humana?

Hace unas semanas la empresaria Cristina Sada, ex candidata al Senado, abordó el tema de las herencias millonarias en entrevista con la periodista Sanjuana Martínez. Ella se preguntaba qué tan socialmente responsable es heredar cantidades desproporcionadas de dinero a los hijos; peor aun cuanto estos hijos dilapidarán la fortuna sin menoscabo de los daños sociales que causen o sin conciencia de los beneficios sociales que podrían generar. ¿No sería bueno pensar en un límite?

desigualdadEstoy cuestionando las reglas del capitalismo y la Ley, pero para nadie es una novedad que la concentración de capital es la primera causa de desigualdad y marginación social. Además, la acumulación sin límite es sólo una de las miles de formas que puede tener nuestra política económica. Es preciso abrir el candado de nuestra imaginación para ver otras posibilidades.

Pero este proceso de mudanza comienza con la indignación. A los 93 años, Stéphane Hessel publicó en el 2010 un panfleto titulado “¡Indígnate!” que sirvió de chispa para que el movimiento de los indignados se encendiera en la Puerta del Sol en Madrid, hace dos años. Ese movimiento cuestionó las políticas económicas desde la solidaridad y no sólo desde la búsqueda de la seguridad personal.

Declarémonos hartos de bajar la mirada ante la pobreza, ante el explotado y el sediento. Como está diseñado el sistema nos obliga a pasar indiferentes frente a los cinturones de miseria de la Ciudad que en lo profundo quiebran nuestro corazón.pobreza-2012

No subestimemos el poder de las preguntas. El punto débil de este sistema es justamente su irracionalidad.

ximenaperedo@gmail.com

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