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¿Ya lo pensaste bien?

3 Jun

TIPS para electores.

  1. Primero que nada verifica que tus principios irrenunciables estén a salvo. Por supuesto que no existe el candidato ideal y siempre hay cosas que no te gustan o convencen pero de ninguna forma conviene que termines cediendo sobre ciertas cuestiones que yo llamo “principios irrenunciables” y que constituyen nuestra postura ética individual. Te propongo que des una última repasada al sentido de tu voto y que lo confrontes con lo que definitivamente nunca estarías dispuesto a apoyar. Algunas preguntas que quizá te puedan ayudar son: ¿estaré apoyando la política de guerra, las desapariciones de personas, las matanzas y secuestros ejecutadas por el propio Ejército y los mandos policiales del Estado? ¿estoy legitimando de alguna forma el reparto del dinero público entre las mafias? ¿estoy fortaleciendo la impunidad?viñeta corrupción
  2. Verifica que no estés creyendo únicamente en el discurso electoral sin pruebas empíricas, es decir, sin una experiencia personal que te confirme tu creencia o bien sin información que valide tu corazonada, intención o convicción. Las campañas políticas por desgracia no son la exhibición de los exitosos resultados obtenidos en administraciones anteriores ni los candidatos son personas elegidas por los pueblos que vivieron su gobierno. Prácticamente la campaña es un ramo de propuestas, promesas y especialmente, un conglomerado de ideas con las cuales el elector pueda sentirse identificado. El candidato es un producto político, acondicionado para que el mayor número posible de personas se identifiquen con él.  Sin embargo, ¿no corremos el riesgo de creer en lo que el político en campaña dice sobre sí mismo? ¿Será que si apagamos la mercadotecnia electoral podríamos referirnos a los candidatos por tener una carrera honesta, será que podemos referir prácticas de gobierno o prácticas sociales anteriores a su campaña?
  3. Verifica si no estás reduciendo los problemas que observas económicos, políticos y sociales para que éstos puedan ser solucionados con discursos políticos. Las campañas políticas tienen el cometido de crearnos una realidad precipiciopolítica que no existe en tiempo normal, es decir, durante los últimos meses hemos sido violentamente bombardeados por una orquesta de productos políticos que anuncian soluciones sencillas a problemas verdaderamente complejos. Un ejemplo emblemático de Nuevo León, “el problema de la inseguridad”, lo entrecomillo porque no existe tal cosa. La inseguridad se volvió un problema para que los políticos pudieran resolverlo pero, como lo sabemos, su causa no es la falta de policías, ni de Ejército patrullando las calles, por lo tanto combatir la inseguridad con ello en realidad sólo aumenta la percepción de vulnerabilidad y riesgo en las poblaciones.  La inseguridad es el resultado del pésimo reparto de la riqueza que generan las grandes mayorías empobrecidas, y de la política de Estado que empuja a las poblaciones más vulnerables a enrolarse en el crimen organizado como medio de subsistencia familiar. El combate a “las drogas”, de nuevo entrecomillado, es una solución típica de políticos al problema de la inseguridad porque, de nuevo, puede generar percepciones o sensaciones de que algo bueno se está haciendo pero los siete años de guerra nos aclaran lo contrario. ¿Te estás dando cuenta de la complejidad que queda fuera de la discusión propagandística? ¿Estás seguro de estás eligiendo como representantes a quienes antes que esconderla confronten la complejidad de nuestros problemas?
  4. Verifica que no reduzcas la política a lo político. Es decir, verifica si tu voto abona a un mejor futuro para tu sociedad y no que estés cayendo en un juego particular entre grupos económicos y mafias políticas. No es un juego de barajitas, ni una historieta de traiciones. Al votar estás confirmando el funcionamiento de todo el sistema que soporta las elecciones. ¿Será que la mejor forma de organizarnos es a partir de las instituciones que aquí ya probaron su fracaso y que lo comienzan a probar en Europa?
  5. Verifica cuál es tu fuerza. Una vez entregado tu voto qué. ¿Votar te fortalece o te debilita? ¿Crees que votar es una acción que mejora tu experiencia de vida? ¿lo has comprobado? ¿Desde dónde estás votando? ¿es un acto racional, emocional? ¿lo haces por obligación, por disciplina? ¿con qué poder te quedarás después de votar? sh

En un momento de crisis es normal tener dudas sobre las decisiones que uno toma. No hay respuestas fáciles. Es realmente difícil probar que votar no es una acción que se ciega al pasado de derrotas sociales, pero es igual de difícil probar que no votando las cosas mejorarán. Lo que deseo al menos es que al final la participación o no participación sea un indiciador de una conciencia asumida, que sea una señal de autonomía.

Por último, nos invito a reflexionar sobre el valor democrático del silencio y del secreto. Démonos un respirito. Platiquemos con nosotros mismos. No corramos a explicar en redes sociales lo que nos ocurre mentalmente. Procuremos un reposo que nos ayude a mejor pensar.

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