Fin del colecho y destete

21 Feb

camaTengo que decir que no siempre fuimos felices durmiendo juntos. Cuando Elisa era pequeñita sí que lo fuimos, yo la verdad es que cantaba aquella canción de Luis Miguel “dormir contigo” y me fascinaba sintiendo el calor, el olor, y gozando de la respiración de mi bebé. Pero un día, comenzaron las patadas, y la lucha por el espacio en la cual, la madre o el padre doman todos sus instintos territorialistas y sorprenden por su capacidad para dormir prácticamente en un decímetro de colchón. Esto resulta insostenible al paso de algunas noches. No descansamos, nos duele la espalda, nos quedamos sin almohada pero… ¿quién sale de la cama? ¿nuestros hijos? ¿es tiempo de sacarlos?

En nuestro caso hicimos algo de trampa pero creo que retrata bien una gran verdad, cada familia hace su propio circo.

Así nosotros tendimos un colchón a lado de la cama y ahí nos turnábamos, a veces Elisa y yo, a veces Javier. Elisa y yo siempre juntas pues seguíamos con la teta. Esto tuvo sus ventajas: dormimos mejor, pero sus desventajas: el cuarto estaba tomado por un colchón y el espacio se volvió un lugar más bien incómodo de día pues aunque el colchón estuviera de pie el cuarto ya nunca fue lo de antes.

Pues bien, un día comencé a sentir que mi cuerpo me pedía que dejara de dar la teta. Lo identifiqué como un cúmulo de cansancio pero además como un deseo de volver a mi biorritmo, a mi química, de hecho, comencé a sentir cierta nostalgia por la menstruación –casi tres años sin ella, JA- . Mi pregunta era, ¿cómo destetar a Elisa? ¿cómo finalmente sucedería esa separación? ¿qué técnica, qué estrategia? ¿seré capaz? ¿tendré corazón?

Lo primero que hice fue hablar con Elisa. Le expliqué que mi cuerpo estaba cansado y que ahora sólo tendríamos teta por la noche. Así, suspendí todas las tomas del día y Elisa lo entendió muy bien. Nunca más me pidió.

Las tomas de la noche eran más complicadas de quitar porque había una relación instalada entre el sueño y la teta. Elisa se quedaba dormida mamando y luego sólo recuperaba el sueño con teta. Si no la tenía gritaba hasta despertar a todo el edificio.

Sin embargo, yo sentía que ya era tiempo para mi de dormir toda la noche de un tirón. Javier estaba más que de acuerdo con este deseo. Hablamos con Elisa. La fuimos preparando con palabras. Ella todavía no hablaba, apenas decía justamente “teta”, y otras tiernas palabritas, pero los bebés entienden muy bien cuando les hablamos concentrados en ellos, y cuando les hablamos de corazón. En eso creo.

Pero volvimos hacer trampa, jaja. Tenía un curso de cuatro días en París y decidimos que sería el mejor momento para el destete. Al regreso del curso nos cambiamos de casa, y Elisa tendría su cuarto y su cama propia.

Y sucedió todo de un jalón.

Me despedí de mi cachorra –y estuve en París con una congestión láctea marca AY güey- y cuando regresé tuvimos las primeras noches completas. Quienes enfrentaron el destete fueron Elisa y Javier ( y los vecinos, jaja) pero según me dice Javier no fue tan grave, especialmente porque yo no estaba. Al no estar la teta, el deseo de ella no es tan agudo. Elisa tomó agua en lugar de leche y con eso se consoló las primeras veces. Después simplemente no necesitó nada.

Al día siguiente de que regresé de mi curso nos mudamos a esta casa. Cuando Elisa regresó de la Creche –su escuelita- se encontró a sus muñecos sobre su nueva cama y entendió que se trataba de su nuevo espacio. Esto fue mágico porque se sintió muy orgullosa y feliz de tener su cama. Parecía que estaba esperando esta conquista de independencia desde hacía tiempo.

Ahora no le gusta dormir con nosotros, le choca de hecho, sólo pide venir a la cama con sus papás cuando se siente enfermita y entonces papá y mamá sacan sus alitas y la apapachan y volvemos a dormir como antes, una familia apretada, calientita, querendona.

Supongo que la moraleja es: hacer trampa, encontrar tú forma y comunicar cómo estás y qué necesitas.

¿Por qué ya no interesa ser líder?

18 Feb

Los líderes son una invención relativamente reciente. Ni a mis papás ni a mis abuelos los intoxicaron con la cantaleta del liderazgo. En los ochentas y noventas todos debíamos convertirnos en un líder aunque, nos aclaraban, algunos ya habían nacido “líderes”, es decir, el discurso acusaba ya su corte neoliberal al mezclarse con categorías como la clase y lo divino, en corto, con el darwinismo social.paradigm-shift-cartoon

Llevamos miles de años dando por sentado que el ser humano es un animal que se organiza bajo modelos piramidales: monarquías, iglesias, repúblicas, Estados. Sus fracasos son estudiados como eventos políticos, de ambición, de corrupción, pero sólo apenas, en el siglo 21, se ha disparado la sospecha de que el problema político más añejo es el sistema de organización verticial.

Se imprimieron miles de libros de consejos para entonar la voz, pasar por seguro de sí mismo, aprender a dar órdenes que parezcan genialidades y quizá por décadas casi todos los diplomados en administración de empresas incluyeron la palabra liderazgo. “México necesita uno, pero uno de a de veras” y con esa solución, ¡voilá! Simplficamos el complejo problema de ponernos de acuerdo para construir un futuro en donde quepamos todos.

Pero, ¿qué hacen los líderes para que puedan ser reconocidos? Básicamente, organizan y son amados.elefantes

¿Pueden organizar cualquier cosa y ser amados de cualquier forma? Un líder organiza asuntos de relevancia para el grupo en el Poder. El “líder” que llama a acciones de emancipación individual ya no es llamado líder, recibe otro nombre. Los líderes son productivos para el sistema capitalista. Llaman a hacer, a crecer, a mejorar lo establecido. Tampoco pueden ser amados de cualquier forma. Deben ser amados sin que ese amor amenace al poder establecido.

Visto así, los líderes son la servidumbre del sistema autoritario.

LeadershipHabrá quien me diga que debo distinguir a los políticos de los líderes porque ciertos liderazgos son deseables. Opino lo contrario. El papel del líder ciudadano, o del líder moral en este País es igualmente dañino porque confunde a la persona imperfecta con la causa justa. Si la persona nos comienza a caer mal, se desprestigia la causa. Si el líder comete errores, el movimiento se cae. Esto, además, convierte a algunos   en personajes de ficción, idealizados, santones, que al paso del tiempo  viven más en un performance del líder que en ellos mismos, y esto casi siempre genera fuertes  dolores de egocentrismo.

Estamos, cierto, en una transición. Ante el fracaso piramidal, de liderazgos, entramos al paradigma de la red de compromisos personales en donde cada uno toma su papel en su historia personal. Hoy nuestra Ciudad está siendo reconstruida por este tipo de encuentros horizontales en lo cuales cada quien se representa así mismo. Así por ejemplo, los nuevos movimientos sociales, que claramente emergieron en México en el 2012, y cuya últipa erupción fue provocada por #Ayotzinapa, están encabezados por todos sus integrantes.

Pero, ¿cómo son esas relaciones horizontales? Son lo más revolucionario porque dependen de cada uno de nosotros, son una decisión individual llevada a nuestras relaciones. Es la democracia más relevante y más radical jamás politizada. Claro, siempre habrá quién prefiere que llegue el líder a salvar al mundo aunque la Historia nos demuestra que hasta ahora todos fracasaron.

Dilbert_-_Cuando_al_CEO_le_da_por_leer_libros_de_liderazgo

Con fragmentos de “La muerte de los líderes” publicado en El Norte el 21 de Octubre de 2011.

Sobre el riesgo de fingir que esto no va a estallar

15 Feb

Las incongruencias tarde o temprano terminan por estallar. Hoy toca el turno al PAN de Nuevo León.
Vamos a ver el desenlace de un muy penoso jaloneo entre auténticas mafias del poder. Pero, ¿qué esperábamos? ¿acaso hay por ahí algún ingenuo que crea que los partidos políticos -esas élites que se sirven a sus anchas de lo nuestro- no terminarían convertidas en cárteles? resurrección
A pesar de su putrefacción, los partidos siguen con su jueguito. Y sí, en unas horas sabremos -qué emoción- quién irá por la gubernatura respaldado por lo que queda del PAN… la única virtud de Felipe de Jesús, y lo comento porque suele ser el último mérito que les conocemos a los precandidatos, es no ser Margarita Arellanes.
A riesgo de mostrar mis incongruencias, -finalmente mi manera de pensar no cancela las elecciones de hoy- tengo que decir que deseo que la carrera política de Arellanes y de su equipo reciban un buen revés. Lástima que no será un castigo emanado del pueblo, que tendría que haber revocado su mandato, sino meros azares, accidentes, de la política traicionera a la cual se deben.
¡En fin! gane quien gane hoy es irrelevante -aunque se enojen los “elizondistas”- porque Ivonne va a ganar. No se me tome como ave de mal agüero, y si se me toma pues nimodo… sencillamente hagan un mínimo trabajo de cálculo político. Midan fuerzas, no inteligencias. Midan contratos, alianzas, apoyos mediáticos, recursos económicos.
Pero esto no es tan pésima noticia… al menos no para quienes ya comienzan a enterarse que el sistema capitalista-democrático, partidista, representativo, va de salida.
matchesNosotros nos quedamos, las personas,  pero la política que nos enseñó a creernos organizados, civilizados, representados, va de salida. ¿Me voy a deprimir porque los partidos están en crisis? ¡Qué va, me daría más miedo que siguieran adelante! Sólo quien sigue esperando en ellos la solución puede angustiarse de veras. ¿Me voy a deprimir porque Ivonne va a ser gobernadora? … ¡No! Claro que sufriremos porque el gobierno va a acelerar su autodestrucción con alguien como ella de CEO pero eso tendrá que abrirnos los ojos para llamarle “derecho” a poder decidir cómo organizarnos políticamente, rompiendo el contrato de servidumbre al que nos tienen sujetados nuestros mismos valores cívicos. Todo conocimiento encarna una ideología y esconde otras. ¿Quién se beneficia de que vengamos creyendo muy ejemplar y muy civilizado votar y ser violado?
Estoy buscando mi centro político en otro lado. De hecho, lo quiero construir con la gente que ya está convirtiendo su espacio y así está transformando su vida, y así está llevándonos a un nuevo tiempo político.

A mi no me gusta la sufriedera (y este proyecto se sostiene a base de no mirar al que sufre, luego, sin darnos cuenta cómo ni cuándo nos convertimos en combustible de quienes manejan la máquina, sufrimos, pero nadie nos mira, ni nos escucha porque súbitamente nos volvimos invisibles). Tampoco me gusta hacerme pendeja. A veces lo soy, claro, como todos, pero cuando a fuerza de trabajo mental, de procesos emocionales, de duelos, de desilusiones, la certeza me pone en la palma unas gotitas yo agradezco con fidelidad.

Meditaciones sobre el cesto de la ropa sucia

5 Ene

FullSizeRender_1Elisa está viendo Pocoyó a mi lado–yo lo escucho-. Trato de concentrarme para escribir un poco sobre uno de mis yo[1] que cada día exige mayor atención. Desde hace casi dos años me volví mamá y con ello mudó mi rol “en el mundo”. No me refiero a mi rol de educadora, -que pongo en duda- sino a mi rol de limpiadora, previsora, dobladora de ropa, hacedora de sopas. Ya conocía del oficio doméstico pero nunca me había demandado tanto, de forma tan rutinaria y con una velocidad cíclica insospechada. Otra vez barrer la cocina. Otra vez no cierra el cesto de la ropa sucia. Esta experiencia ha resultado ser un pretexto filosófico para pensar “la casa”.

El espacio que conocemos como “casa” no es sólo material. Es, sobre todo, el resultado de la forma en cómo pensamos y de las relaciones que ahí entablamos. Nuestra casa es la materialización de nuestra programación y de lo que hacemos con ella. Para ponerlo en términos cibernéticos, digamos que los objetos, todos, -incluyendo la comida-, y la construcción material de nuestra casa, el concreto, las dimensiones, es el hardware que nos programa para entender el mundo.

Dentro de la puerta de nuestra casa, vivamos solos o con alguien más, tengamos hijos o no, los habitantes somos los únicos responsables de lo que dentro sucede. Sin embargo, de muchas formas, repetimos una forma de relacionarnos con la casa que damos por sentada, como obvia. De hecho, cambiar esa relación, modificar la experiencia doméstica, es una metáfora inmejorable de la dificultad para modificar nuestra experiencia social.

FullSizeRender_2

Por otro lado, la carga negativa que acompaña al trabajo doméstico como tarea embrutecedora es no sólo consecuencia de este cinismo familiar –encima de indolentes acusan generalmente de “mal humurada” a la persona que administra el hogar-, sino de la forma en que hemos entendido lidiar con la basura, el polvo, el desperdicio, y nuestras necesidades de consumo. Siendo que todo esto nos conforma, y siendo una consecuencia directa de nuestra existencia, tendrían que tener un significado social mucho más digno. La suciedad es la evidencia del paso del tiempo. Hacerse cargo del deterioro de uno y del que uno produce al vivir, tendría que ser la más significativa enseñanza de la vida familiar. Ver esto como una vía para la emancipación, para la autonomía, y para “un mundo mejor” es una aproximación que ilumina la trascendencia de nuestros hábitos. La casa es el mundo. El cambio de prácticas caseras impacta irremediablemente nuestras otras relaciones.

 

FullSizeRender

Sólo a partir de esta toma de conciencia es que podemos contemplar cuánto amor hay en atender al otro, a la otra, o a uno mismo. Cuando el ser humano toma cuidado del otro, sea su cachorro o su contemporáneo, vemos encarnada otra explicación evolutiva. No es la competencia, sino el cuidado del otro, el sostén de nuestra vida.

Nos debemos al cuidado que alguien más tuvo con nosotros. Estamos aquí porque antes alguien nos ayudó a crecer. Sin embargo, para reconocer al amor todo acto de servicio debe ser emancipatorio. Para que las personas estés libes para servir nadie debe tener la expectativa de ser servido.

La economía del hogar, -las relaciones e intercambios que ahí se suceden-, es la base del sistema económico. Para modificar las relaciones económicas opresivas, hay que modificar las prácticas patriarcales, capitalistas, que persisten en casa.

El ser humano no necesita sirvientes.

[1] El doctor Cardoso le habló a Pereira sobre la constelación de las almas. Según esta teoría no tenemos una sino varias almas que se turnan la posición de maestro de orquesta durante nuestra vida. Esto lo aprendí en la novela “Sostiene Pereira” de Antonio Tabucci.

Sobre el boicot

10 Oct

Suspender nuestro voto en tanto no encontremos condiciones para una competencia democrática me parece una obligación con el País. Es una obligación, sin embargo, que emana del pensamiento crítico y se distingue por ello de la obligación de ir a votar. Nos educan a creer que tenemos la obligación (y el derecho, complementamos “los ciudadanos” a coro) de votar y ser votado. Bueno, pues ya basta de hacernos el tonto. La verdad es que ser votado es un derecho apenas por experimentar. Qué bueno que nos acercamos. Me congratulo, pero eso no significará una mudanza de acuerdos políticos. El sistema representativo es el que debe de transformarse, no los perfiles que claro que pueden hacer la diferencia, pero con un límite que conviene observar. El sistema representativo sigue apostando a la representación más teatral que real. Es un espectáculo bien montado que por lo menos un siglo se pudo sostener como ilusión, pero ya se cayó.

Se cayó porque ni las mejores actuaciones logran convencer. Las excepciones son sólo eso, excepciones, que sirven para hacernos creer en una pluralidad inexistente. Y no hablo de pluralidad ideológica, sino de una pluralidad de inteligencias que es realmente lo que, desde mi opinión, tendría que establecerse como nuevo paradigma de organización política. En el sistema representativo está imperando el pensamiento racional, eurocéntrico, colonizador, que, por supuesto, no tiene ningún interés en democratizarse. Por otro lado, no se puede hablar de una pluralidad ideológica cuando sólo hay una decena de partidos políticos y dos ideologías monopólicas. Esa es otra representación teatral. No es creando un nuevo partido “pero ahora sí de a de veras” que saldremos de la crisis sistémica, aunque esa es otra discusión. El sistema de toma de decisiones sobre lo común tiene que reinventarse. Por eso estoy proponiendo que hagamos evidente su colapso y que ya no juguemos a que no nos damos cuenta. Algo tiene que mudar de raíz. Y creo que nos corresponden acciones radicales.

Este es un adendum a mi columna de hoy, publicada en El Norte, bajo el título “Boicot a la resignación”.

Sol de soledad

17 Ago

 

Hablo contigo por teléfono. Tengo catorce o quince años. Estoy sentada, escuchándote. Me dices algo que en adelante me servirá de consuelo y amuleto. Me dices: la vida es una búsqueda. Un consejo de abuela a nieta. Explora, le dijiste a tu nieta y ella te escuchó desde su ser superior porque tu consejo quedó grabado en mi alma. En adelante, “la vida es una búsqueda” me sirve para abrir la mente, para romper muros, para intentar, para permanecer en los desafíos espirituales que son los más demandantes. Abuela, aquella tarde cambiaste mi vida. Usaste tu poder de abuela para decirme una de tus grandes verdades. Y te amé por compartirme el brillo de una de las joyas que encontraste en vida, buscando.

 

Me gustaba que me contaras sobre tus búsquedas espirituales. Habías sido de todo, incluso astróloga. Le habías entrado al zodiaco y habías terminado como cristiana. Te reías al contarme sobre tu sed espiritual. La última vez que te pedí que me contaras esta historia yo estaba embarazada. Fuimos a verte los tres, aunque Elisa no tenía nombre y apenas tenía tres meses de gestación. Entonces nos contaste algo que no me habías dicho. Nos narraste sobre ese enorme amor hacia todo y todos que de pronto se despertó en ti y que relacionabas claramente con tu entrada al cristianismo. A Javier se le quedó muy grabado ese recuerdo tuyo de aquella mañana que en la última banca de algún templo lloraste de amor, de compasión, hacia todo lo creado.

 

acantos

 

Nuestras últimas llamadas por teléfono eran repasos someros de los últimos acontecimientos, pero siempre te preguntaba por tu jardín. Entonces volvíamos a conectar. Yo te preguntaba especialmente por los acantos. Los conocí en tu jardín y sólo existían en él. Intenté llevarme alguna vez uno a Monterrey pero el pobre no superó el primer verano. Mi sorpresa fue encontrarme con espacios tupidos de acantos, como jardines salvajes de acantos, dentro del Jardim Sereia, aquí en Coimbra. Era como una visión mágica, como un sagrario de “Soledad”. La próxima vez me tomaré una foto aquí, rodeada de tantas flores, para enviársela a mi abuela, pensé. Pero una ola de calor mató a los cientos de acantos el verano pasado. Este verano también murieron de calor. Nunca me he podido tomar la foto que sueño enviarle ahora que ya no estás tú, a mi papá, en memoria tuya.

 

Cuando te vi, abuela, dentro del féretro, con tus ojitos sellados, tu labios cerrados, tu naricita de cacahuate sólo pude decirte una única cosa: gracias. No pude salir de esa palabra. Por más que lo intentaba no estaba lista para despedirme. Sólo podía repetir gracias, gracias, gracias. Como si mi cuerpo necesitara vaciarse en gratitud esperé horas que se volvieron meses. Apenas hoy pude decirte todo esto. Pero aún así mis manos desearían seguir escribiendo gracias, gracias, gracias, porque de ti sólo recibí amor. Mi estrellita, mi conejito preocupón, me tratabas con tanta dulzura. Encima te interesaste siempre genuinamente por mis cosas. Mis amores fueron tus amores. Mis aventuras también fueron tuyas. Ay, abuela. Con qué pago tanta dicha. Cómo retribuyo a la vida la fortuna de haber sido tu nieta. Qué ricura recordar tu aroma, subir a tu cuarto, entretenerme en todas las fotografías de tus hijos, hijas, nietos, nietas, bisnietos, bisnietas, como flores en tu jardín privado.

 

Creo, querida Soledad, que al final la vida recompensó tu búsqueda. Tu infarto cerebral te dejó en una especie de inocencia, desprovista de ego, de identidades. Dejaste de ser concientemente mi abuela pero te convertiste en un ser pleno, abuela del universo. Doy gracias porque te apagaste poquito a poco como quien se va fundiendo con el Todo, justamente como aquel relato de amor hacia todo lo que te rodeaba. Al final, Soledad, dejaste de buscar porque la vida te abrazó con todo su Amor. Te atajó como una madre a su hija. Todo lo que diste te recogió en brazos.

 

Tus amigas que fueron tantas y tan presentes supieron rebautizarte. De tu nombre tomaron la luz, la fertilidad, el consuelo del Sol. Solecito, de decían. Sol de Soledad. Sol Madre de mi padre. Calor que llevo dentro. Amor a la vida, al movimiento, a la renovación. Amiga sin edad. Tus manos sobre las mías. Tu mirada traspasando mi corazón. No había nada qué decir. Cuéntame otra vez el cuento del gallo quirico.

 

DSC01097(2)No me despido. Me topo contigo permanentemente. Al sentirme abatida, desesperada y necesitar de tu consuelo. Pero también cuando me visita la plenitud o cuando me arrojo al impulso de besar las manitas de Elisa, o las manos de Javier. Tú me enseñaste a besar las manos de las personas que amamos. Recibe un abrazo, querida abuela, donde sea que estés, con todo, todo mi amor. Un abrazo como esos que nos dimos. Un abrazo como esos que conseguías mandarme por teléfono y que, efectivamente, me hacían sentir tu gran amor. De ti aprendí este arte de abrazar estando tan lejos. Ahora mismo te abrazo, hermosa Soledad, y se que vives.

 

El nacimiento de un escándalo

15 Ago

¿Qué constituye un escándalo? ¿Por qué ciertas situaciones estremecedoras no merecen la atención que otros eventos banales sí capturan?

Me lo pregunto a raíz del video en el que aparece un grupo de panistas, vamos a decir, “portándose mal” entre edecanes, copas y música de tambora en Puerto Vallarta junto a Edelmiro Sánchez, implicado en el asesinato del ex Diputado local Hernán Belden.

Ante la necesidad de los medios de generar contenido “caliente” para mantenerse dinámicos en las redes sociales, algunos apuestan al morbo.

Por eso, en un principio, no me interesó ver otro videoescándalo más en el que la clase política se despacha a su antojo. Sólo cuando el episodio mereció la destitución de los cargos del coordinador y vicecoordinador del grupo parlamentario del PAN “por dañar la vida y la imagen del partido”, es que me decidí a verlo.

¿Qué podría dañar aún más la imagen decadente del PAN? Traficar con cargos, exigir moches para “liberar” dinero público y hasta golpear a la cónyuge fueron delitos que el mismo Gustavo Madero dejó pasar respectivamente a los Diputados Luis Alberto Villarreal y Jorge Villalobos.

Si a pesar de la existencia de grabaciones, videos y testigos, ninguna de estas conductas criminales valió para deponerlos, ¿qué contendría aquel video?

Para mi sorpresa, no vi nada que me pareciera más inmoral que lo que estos mismos señores realizan por las mañanas durante las sesiones ordinarias del Congreso, a las que asisten con sus disfraces de decencia y sus corbatas apretadas.

En esas jornadas televisadas en tiempo real impactan desastrosamente el futuro de una Nación y de las generaciones de mexicanos que están por venir sin que estas conductas merezcan el tratamiento público de escándalo.

Con esto quiero decir que generalmente las narrativas moralistas, como la recientemente expuesta con el videoescándalo de los panistas, esconden otro tipo de decadencias no visibles.

El hecho de que se “castigara” a dos políticos por su mala conducta durante una fiesta juega a volver aún más invisibles las conductas criminales que no sólo ejercen en sus puestos de partido, sino como representantes populares.

Nos gusta creer que la moralidad es un conjunto de valores que regulan nuestra sana convivencia. Sin embargo, generalmente nos pasa desapercibido que la moral funciona como instrumento político. Es decir, la moral es un invento para regular nuestra servidumbre y rebelión política.

De ahí, por ejemplo, que en México de pronto se haya vuelto legítimo matar “a los malitos” o a quien lo pareciera, o todavía más ridículo, se haya reconocido como legítima una supuesta guerra contra las drogas -para lo que fue necesario un arsenal de publicidad-, que sólo sirvió para incentivar la industria “de la seguridad” y desmoronar a las instituciones del País.

Es decir, podemos ser manipulados muy fácilmente con argumentos “morales” para aceptar lo que, de hecho, nos arruina.

Para evitar este control es necesario recordar que somos animales sin moral. Lo que entendemos por moral es una reproducción cultural que debe ser constantemente revisada para que no termine traicionándonos.

Es decir, lo moral, como cualquier palabra, es un concepto en pugna. Sólo cuando se reconoce su porosidad es que advertimos nuestra participación como co-creadores de la realidad.

Esto es una lucha política que genera una nueva relación -más dinámica- con los medios de comunicación, los actores políticos y otros creadores de realidad acostumbrados a no recibir nuestra respuesta.

En este sentido, comienzo a encontrarle un sabor artificial al concepto de “ciudadanía” y advierto que asumimos un perfil cada vez más político de público. No de un público pasivo, sino de un público activo, emancipado.

Un público, en fin, cuya presencia no puede desestimarse porque es una red anónima de inteligencias políticas que comienza a poner en duda el nacimiento de los escándalos.

ximenaperedo@gmail.com

Publicado en el periódico EL Norte de Monterrey, México, el 15 de Agosto de 2014.

Revolución calostral

8 Ago

“La civilización comenzará el día en que la preocupación por el bienestar de los recién nacidos prevalezca sobre cualquier otra consideración”, escribió el psicoanalista Wilhelm Reich en una de sus últimas reflexiones.

No sólo le otorgo toda la razón, sino que creo que esta mudanza ha comenzado.

Observo un viraje hacia la economía del cuidado, aquella que protege, nutre y da cariño y que, a diferencia de la economía monetaria, basa el intercambio en la doble riqueza de dar y recibir.

Generalmente cuando pensamos en economía, pensamos en dinero, líderes, empresas y empleos, pero ésta es sólo una entre las muchas economías que circulan alrededor de nosotros.

En nuestros hogares y familias practicamos otro tipo de economía que ha pasado desapercibida en la historia no por falta de méritos, ni de importancia, sino porque los historiadores han preferido narrar repartos de poder.

Sin embargo, a esta economía del cuidado nos debemos. No sólo porque alguna vez fuimos alimentados y cuando enfermamos fuimos atendidos, sino porque ésta nos educa intuitivamente para cuidar de los otros.

Todo esto viene a colación por los sentimientos encontrados que dejó la semana internacional de la lactancia materna, que ayer terminó.

Por un lado, las cifras que circularon dan cuenta, precisamente, del rotundo fracaso de creer que el sentido de la vida es cumplirle al mercado; por el otro, es claro que las inteligencias en red, el amor hacia el futuro y el mismo desengaño del capitalismo nos harán ambicionar transformaciones.

Cada vez más personas tomamos la decisión de trazar puertas hacia la trascendencia que deseamos.

Creemos que es posible plantear la experiencia de vida en términos propios, y asumimos la diaria batalla por autorizarnos a nosotros mismos el derecho de paso.

Así optamos por lo que muchas veces se juzga como insignificante, innecesario e impráctico, pero que, sin embargo, llena de sentido nuestros días.

Uno de estos actos es dar el pecho.

Apenas recientemente la maternidad comenzó a ser narrada en primera persona. Lo maternal había sido definido desde una perspectiva médica o comercial casi siempre desde una mirada patriarcal y misógina.

Quienes se estrenaban madres lo hacían desde la inseguridad y el miedo de entrar a una experiencia cuyas reglas y desafíos ya habían sido planteados por otros. Amar a los hijos era, pues, obedecer al médico y al mercado.

Dar el pecho se volvió un sacrificio no sólo innecesario, sino denigrante. Así, la madre moderna y liberada daba biberón, chupón y leche en polvo.

Aunque esas invenciones industriales ya comprobaron su fracaso, todavía existe un mercado -con pediatras incluidos- que se beneficia de encadenar a generaciones de madres y de niños y niñas a la industria farmacéutica. De la misma forma que existe un sistema económico, protegido por el Estado, que valora al recién nacido en tanto consumidor.

En este contexto en el que el ser humano se ha convertido en instrumento para producir y consumir, recordar que somos mamíferos es un acto de franca insubordinación.

De ahí el extraño potencial revolucionario de una práctica tan antigua como dar el pecho.

El obstetra francés Michel Odent, gran inspirador para la crianza consciente, llama “revolución calostral” a este nuevo encuentro con nuestro ser mamífero que tiene el potencial para recordar nuestra primera economía, ese intercambio sin egos, sin género, sin raza, entre seres que se alimentan de su madre biósfera, que toman y dan sin creer que han nacido para sacar provecho de ella.

Creo que la civilización que avizoraba Reich ha comenzado porque las familias que viven esta revolución la contagian.

Si cumplí un año y medio de dar el pecho a mi hija es gracias a los relatos de otras madres, a la generosidad de mi compañero de vida, al privilegio de trabajar en casa y, sin duda, a esa mirada de amor que me ha hecho fuerte y que he visto crecer abrazada a mi pecho.

ximenaperedo@gmail.com

Sobre el derecho de hacer negocio

1 Ago

“Si yo traigo un carro usado y usted me lo compra, y a usted se le descompone en la esquina, bueno, pues ya es cosa de usted”, así defendió Juan Manuel Cavazos Uribe, líder del Sindicato Único de Trabajadores al Servicio del Estado, que el Isssteleón venda un terreno para el megadesarrollo inmobiliario “Nueva Ciudad García”, aunque se encuentre dentro de los límites de una pedrera.

Si el carro no trae frenos, efectivamente, será problema del comprador.

La metáfora ilustra como inobjetable el derecho de hacer negocio en nuestra Ciudad. Todo lo demás puede ser arrebatado -de hecho, ha sido arrebatado-, menos el “espíritu emprendedor”.

Al paso de un siglo esta filosofía evidencia graves quebrantos.

El primero de todos ellos, el cognitivo. Seguimos pensando que para “salir adelante” hacen falta más y mejores negocios.

Bajo esta lógica es que los Gobiernos y los institutos públicos, como el Isssteleón, se atreven a defender su derecho de participar en empresas económicas olvidándose de sus funciones o, peor aún, traicionándolas sin el menor escrúpulo.

pedreraLo mismo podemos decir del Municipio de García que en el año 2009 aprobó el Plan Maestro del proyecto “Nueva Ciudad García” a pesar de que casi la totalidad de esta megaurbanización (con 4 mil 681 lotes habitacionales unifamiliares y casi mil multifamiliares) se ubica al pie de las pedreras que explotan el Cerro de las Mitras.

Sandra Tristán, titular del Isssteleón, justificó la participación del instituto en este proyecto inhumano, alegando que por las 132 hectáreas de terreno con las que participan, la quinta parte del total, se ganarían 400 mil pesos mensuales durante 12 años.

Ante los últimos descalabros financieros del instituto, la directora subrayó que la empresa desarrolladora, Terra Regia, es la que estaría absorbiendo todos los riesgos.

Se equivoca.

Siguiendo la metáfora de la compra del carro usado, cuando los futuros compradores mueran de cáncer o vean a sus hijos crecer enfermos será responsabilidad de ellos por fincar su patrimonio en esa zona; para entonces Terra Regia mostrará sus permisos sellados y se lavará las manos diciendo: yo sólo vendí las casas.

Ésa es la respuesta que obtienen las miles de familias enfermas que depositaron sus ahorros en casas al lado de ríos contaminados, frente a industrias tóxicas, gaseras, al lado de marraneras, etc.

Bajo la misma impunidad, sin duda alguna, se construiría “Nueva Ciudad García” si no fuera porque la historia ha dado un giro inesperado.

Por acuerdo aprobado en 1995 por la entonces Secretaría de Desarrollo Urbano, quedaron establecidas zonas de amortiguamiento de 2 kilómetros alrededor de las pedreras que explotan al Cerro de las Mitras.

Amparada en este acuerdo, la pedrera Industrializadora de Caliza ganó el primer round legal contra Terra Regia, al obtener una suspensión del Tribunal de Justicia Administrativa contra el proyecto inmobiliario.

Es decir, el proyecto no fue detenido por las autoridades por los riesgos contra la salud y la vida de las personas, sino por efecto de la colisión entre dos grupos industriales que reclaman como inobjetable su derecho a “hacer negocio”.

Estamos viviendo las consecuencias del razonamiento utilitarista. Ya sea como victimarios o como víctimas, hemos sido educados como medios para que el capital fluya, se reproduzca y se acumule.

Esa lógica, sin embargo, está siendo debilitada, por un lado, por sus propias avaricias en colisión, pero por el otro, por la sed de los habitantes de esta Ciudad de una nueva fórmula de trascendencia que embellezca el espacio que compartimos.

ximenaperedo@gmail.com

Columna publicada en el periódico El Norte, en Monterrey, N.L México.

La gran familia mexicana

25 Jul

Todo puede ser justificado con un buen relato, especialmente cuando lo que justificamos es nuestra historia de vida.

Con respecto a la controvertida “Mamá Rosa”, directora del hospicio clausurado “La Gran Familia”, en Zamora, Mich., una de las víctimas la defendió así: “Ella fue una de las que se encargó de nuestra educación, nos dio un lugar donde vivir pobremente y depravadamente, pero nos dio un lugar donde vivir”.

Cuando hablamos de “educación” parece que nos referimos a un concepto dado, con un peso específico, siempre positivo.

Sin embargo, es posible educar para la resignación y para la servidumbre voluntaria. Es posible educar en el miedo y en la dependencia. Todavía peor, es posible educar a golpes: para no ver, no oír, no hablar.

La educación que recibieron las generaciones de niños y niñas durante los 60 años que duró el hospicio los programaba para soportar lo que ahora juzgamos repugnante.

La revuelta o la resistencia organizada, aunque hubiera sido plenamente justificada, no pudo ser pensada en aquel contexto.

La Policía Federal que, auxiliada por soldados, “liberó” a 458 niños del hospicio en Michoacán, refirió que actuaba ante las reiteradas denuncias de explotación y abusos sexuales que dentro de la institución se cometían.

En efecto, las imágenes que circularon de las condiciones del lugar retrataron una decadencia largamente silenciada.

Los testimonios desprendidos del caso que podrían parecen contradictorios en realidad se corresponden. No todos los niños estaban de la misma forma arrojados a su suerte; algunos pertenecían al coro, otros eran obligados a mendigar. Unos eran fotografiados, otros eran escondidos.

Para controlar a partir del reparto de privilegios es indispensable la escasez. En contextos de terror el privilegiado, aunque sea con un colchón sucio, acepta que otro duerma en el piso.

Las declaraciones que hoy conocemos de los niños abusados, de las ratas, la comida podrida, las palizas, la explotación comercial y los encierros refieren todo lo que ahí fue soportado, pero también nos hablan de una adaptación.

Dentro de aquel caos había una organización que daba sentido a los días. Ésa es la educación que más pesa. La cotidianidad doma. El problema ya no es estar preso, sino no tener dinero para comprar la libertad.

Conocemos casos igualmente estrujantes de familias que viven encerradas en sótanos, o sectas que pierden el contacto con el exterior. “Colmillo” (“Dogtooth”, 2009), película dirigida por el griego Yorgos Lanthimos, es la historia de tres jóvenes sometidos por sus padres a una realidad cercada.


Tienen más de 30 años y no conocen, jamás han visto “el afuera”. Su educación es una violación física, mental y espiritual permanente, pero ¿y nosotros? ¿Qué soportamos?

En México, estamos soportando realidades inaceptables. No sólo me refiero a la violencia policiaca, al abuso y la humillación como entretenimientos masivos, o a la decadencia política que está dejando en ruinas al País, sino a la educación que media entre estas realidades y cada uno de nosotros.

A pesar de que estamos atestiguando una apertura de información inédita, México se vive como un lugar de encierro que en mucho me recuerda a “La Gran Familia” de “Mamá Rosa”.

El caos, el saqueo, la depredación febril, ocupan todas las habitaciones de esta casa amada que llamamos patria. La insurgencia estaría justificada, pero después de la rutina de la sobrevivencia no queda tiempo ni energía para soñar.

A nosotros no nos va a “rescatar” un operativo de la Policía Federal. No saldrán a cuadro nuestras calles, prisiones, hospitales, cuentas públicas, ni la larga lista de desaparecidos como evidencia del maltrato que hemos soportado.

Nuestro rescate ocurrirá, sin duda, pero éste comenzará por un rompimiento con el pensamiento establecido en “la gran familia mexicana”.

ximenaparedo@gmail.com

Columna publicada el 25 de Julio de 2014 en el periódico El Norte, de Monterrrey, México.
A %d blogueros les gusta esto: