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Obedecer y no cuestionar

12 Nov

Una reflexión sobre la campaña empresarial “Hagámoslo bien”

La pregunta es qué podemos hacer.  Vivir bajo el arbitrio de la corrupción y ser testigos de una degradación social sin precedentes nos obliga a mover piezas pero, ¿cuáles?, ¿hacia dónde?, (¿a qué horas?).  Todos de una forma u otra nos estamos preguntando lo mismo: qué hacer en Monterrey, cómo re-tejer el desgarro, cómo sentirnos útiles. Nuestra voluntad individual tiene una repercusión muy limitada en la vida de la Ciudad, es indispensable unir esfuerzos pero, ¿hacia dónde jalamos esta cuerda?, ¿qué deseamos transformar?

casino royaleLlevamos diez años escuchando que la Ciudad está de cabeza porque no hemos sido “buenos ciudadanos”, porque no participamos y, últimamente, porque no formamos parte de la “cultura de la legalidad”. Este discurso apuesta a responsabilizar al regiomontano promedio –que todo el día cumple órdenes, regresa tarde a casa, y sólo tiene los domingos para descansar y ver a su familia- de una falla sistémica. Con este llamado “al orden” generalmente se neutralizan las preguntas que cualquier habitante de la Ciudad de Monterrey debería hacerse frente escenarios cada vez de mayor escasez. Detrás de estos discursos “democráticos” se camufla un llamado a la sumisión política, a la obediencia a las reglas del fracaso, pues cuando un ciudadano no puede modificar, desechar ni participar en la creación de sus leyes la “cultural de la legalidad” tiene un componente de imposición.

Bajo esta lógica, parecería que el fracaso del sistema lo originamos usted y yo por abstracciones como “no participar”, o “no ser ciudadano”. Pero, ¿qué es participar? , ¿quién lo define? Existe una serie de actividades -bastante infructuosas, hay que decirlo-, a las que llamamos “participación política” como votar, llevar alguna iniciativa de ley al Congreso, acordar con los vecinos una cuota para el policía de barrio, organizarnos por alguna causa o incluso protestar.  Parece entonces que la invitación a ser un ciudadano participativo es un llamado a insertarnos en acciones predeterminadas, en agendas decididas, en diagnósticos impuestos. Esto limita nuestro potencial para la creación política, es decir, para intervenir los acuerdos con libertad tomando en cuenta nuestras preocupaciones más sinceras. Pienso, por ejemplo, lo difícil que se ha vuelto tener tiempo para disfrutar a la familia, especialmente cuando existen hijos. Disfrutar la crianza debería ser un derecho conquistado, pero ni siquiera existe como exigencia. ¿Es que no nos interesa, o nos resulta impensable exigirlo?

Ahora bien, ¿quién define lo que es ser ciudadano en una Ciudad como la nuestra, sin espacios para su ejercicio? ¿En dónde podríamos encontrarnos para deliberar, para discutir asuntos públicos: en el Starbucks, en la sala de juntas de la asociación, en el set de “Cambios”? ¿Quién puede sentirse ciudadano en Monterrey: será que el ejercicio de la “ciudadanía” está relacionado con gozar de tiempo libre y de cierta posición económica? ¿es una condición de clase social?mty

La cúpula empresarial local, apoyada por 150 organizaciones, lanzó hace un par de semanas la campaña motivacional “Hagámoslo bien” que parte del diagnóstico descontextualizado de que la crisis que vivimos responde a una opción individual por el caos y que, por lo tanto, para recuperar el antiguo orden hay que cumplir las reglas. Según esta versión, la crisis la originamos por desobedientes. Algo tipo Adán y Eva.

Aunque la campaña más bien ha pasado desapercibida, me parece oportuno revisarla aunque sea brevemente, pues la opinión empresarial es un indicador clave para entender la cultura regiomontana.  Según el guión de esta campaña ser pobre o nacer en condiciones de exclusión no nos hace delincuentes, al contrario, cualquiera puede nacer en la colonia CROC, o en la Garza Nieto y ser “un ciudadano ejemplar”. De hecho, en el video promocional se presentan algunos “casos excepcionales”. Lo que oculta este discurso es el por qué existen estos cinturones de pobreza, estos “ambientes de ilegalidad”. Lo que este discurso oculta es la violencia anterior a la violencia que hoy condenamos. Se exige solidaridad, “porque así somos los regios”, cuando la miseria es, por naturaleza, insolidaria. La desigualdad social no aparece en el radar del grupo de empresarios como una causa directa de la violencia. Desde su óptica la pobreza es natural, luego, basta con motivar a “los pobres” a rechazar la delincuencia, pero nunca se cuestionan porqué nuestra ciudad es una máquina productora de pobreza.

La acumulación por desposesión, a decir de David Harvey, es la historia detrás de esta crisis que ha trastocado absolutamente a todas nuestras instituciones desde las escuelas, las iglesias, los partidos políticos, las familias. El acaparamiento de tanto poder en tan pocas manos, el autoritarismo sutil en el que hemos sido educados, y la anulación de la historia “no oficial” para comprender nuestro presente ha generado esta crisis sistémica en todo el mundo pero que en epicentros neoliberales, como nuestra Ciudad, resultan desgarradores.

Es difícil que precisamente estos empresarios adviertan el fracaso de un sistema económico de cuyas reglas se han beneficiado tanto. El hecho de que esta realidad tan evidente flote en su punto ciego los retrata extraviados, apostando por una retórica emotiva que ha perdido sus significados. No sorprende que quienes fueron los líderes de un proyecto que terminó en desastre hoy no sepan qué proponer que no sea llamar a un decoro y a una responsabilidad social que, precisamente, extrañamos en sus prácticas empresariales.

 ¿Cuál es el futuro de las empresas que no comprenden la historia de la crisis? Muy sencillo, estas empresas resuelven los obstáculos reduciendo su nómina, rasurando derechos laborales, abaratando procesos industriales que ponen en riesgo la salud de sus empleados y de poblaciones enteras, y acaparando el resto de recursos naturales que le quedan a las ciudades en donde operan. Esta es la forma de “hacer negocios” obsoleta, dispuesta a sacrificar la calidad de vida de las poblaciones. Muchos empresarios y empresarias ya están mudándose hacia el futuro con modelos mucho más sostenibles.

El discurso detrás de la campaña “hagámoslo bien” no me parece que retrata ni a todas las personas ni a todas las organizaciones suscriptoras. Quizá la mayoría decidió sumarse a alguna iniciativa que podría tener algún tipo de “éxito”, sin revisar el fondo del mensaje. Sin embargo, la realidad de violencia, contaminación y desastre político –por resumir- precisa de nosotros que construyamos mensajes mucho más críticos, que se acerquen a comprender el origen de esta crisis compleja.

 Desde este desgarro; desde la lucha diaria por sobrevivir, por disfrutar de la vida aun en condiciones tan adversas es de donde nacerá el nuevo acuerdo. No espere que sea votado en el Congreso, ni que sea patrocinado por alguna marca. Será el resultado de nuestro sincero cansancio de vivir para saciar el hambre de un sistema depredador.

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Parque Gezi

14 Jun

En Estambul se está librando la primera guerra por un parque. El espacio público movió a miles de turcos a defenderlo del sacrificio “modernizador” que lo convertiría en otra plaza comercial.

parqueEl emblemático Parque Gezi representó algo así como el último bastión del sentido común. Preservarlo fue un deber tan poderoso que familias enteras, académicos y miles de jóvenes acamparon en su resguardo. El Gobierno respondió de la peor forma arrastrando el desacuerdo a un escenario de guerra.
El Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan, con 10 años en el poder, ha tomado el caso como una afrenta personal. Esto sucede cuando quien gobierna se intoxica con el poder. Por ello el 31 de mayo pasado los turcos que mantenían un discurso claramente pacífico, pero que habían conseguido detener los bulldozers, fueron sorprendidos con gases lacrimógenos, balas de goma y cañonazos de agua.

bulldozersÉste y los siguientes asaltos policiacos, catalogados por el Parlamento Europeo como “excesivos” -hasta ahora van cinco muertos y más de 5 mil heridos por los gases-, no inhibieron la participación. Al contrario, la reacción provocó que el movimiento de protesta se replicara en al menos 78 ciudades de Turquía y que en Estambul la plaza se fuera “reconquistando” de nuevo.

Regresaron las tiendas de campaña, las mantas, los conciertos. Así han transcurrido casi 15 días: en un forcejeo por el parque que eleva el nivel de violencia.

Erdogan ha señalado a estos ciudadanos como “grupos marginales” que intentan desestabilizar la economía turca y dar una mala imagen del país. Luego los acusó de terroristas, aunque no dio pruebas de ello. Ante la indignación internacional, el Ministro de Finanzas preguntó si Estados Unidos permitiría que miembros de Al-Qaeda ocuparan Union Square, en Nueva York.
chingo de turcos
Mientras escribo este texto la plaza sigue ocupada por ciudadanos y el Primer Ministro ha ofrecido un referéndum con un ultimátum para desalojar la plaza. Ya le han colmado la paciencia, dijo, como si los ciudadanos existieran para mantener su estado de ánimo. La cuerda está llegando a su punto de tensión más alto.

Pero Turquía no estaría en la antesala de una revuelta civil si su Gobierno hubiera respondido a las primeras protestas con mesas de diálogo. Se tuvo que sostener una resistencia implacable, incluso con pérdidas humanas, para arrancar al Primer Ministro algo muy sencillo, un referéndum sobre el destino del parque público.gases

La pregunta que se esparce desde el Parque Gezi hasta estremecer nuestro sentido común es qué tendrían que arrebatarnos en Monterrey para presentar una resistencia tan consistente como la turca. Aquí el sacrificio de los parques nos ha pasado desapercibido, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales también.

Quizá sea necesario preguntarnos qué no estamos dispuestos a perder, ¿cuál es el “irrenunciable” para la sociedad regiomontana?

terreno estadio monterrey la pastora

Los conflictos emanados de la defensa de espacios verdes frente a megaproyectos serán cada vez más comunes entre gobernados y gobernantes. Los regiomontanos tenemos dos posibilidades, o esperamos a que nos encuentren el botón de “basta” o evitamos llegar a ese escenario. Ése es el mensaje del Parque Gezi.

vestido rojoEl conflicto entre gobernado y gobernante parece insalvable. La relación se caracteriza por el choque, por una competencia escalonada y sin rumbo que resulta en tragedia cuando uno de los polos se radicaliza hasta justificar su violencia para apagar la voz oponente. Éste es el laberinto típico de las relaciones piramidales.

Una respuesta incipiente, pero acogida con éxito es la idea de las relaciones de red u horizontales, que resultan más efectivas para conseguir objetivos comunes. Se basan en compartir información y responsabilidad y, por lo general, el triunfo de unos no depende de la derrota de otros.

Por supuesto que esto no elimina el antagonismo orgánico y la tensión necesaria de toda democracia. No se trata de que todos terminemos pensando de la misma forma, sino de que se garantice un mínimo de equidad para discutir los asuntos públicos. Modelos como el de Gobierno Abierto o la Noocracia nos acercan a la comprensión del acuerdo.


La victoria es común o no es.

ximenaperedo@gmail.com

Matrimonio histórico

29 Mar

tocinosLa discusión sobre la legalización de matrimonios entre personas del mismo sexo en la Suprema Corte de Estados Unidos ha sido de gran ayuda para reconocer que ya la mirada nos cambió. El tiempo ha hecho esa maravilla.

Así como un buen día resultó ridículo sostener algún tipo de reserva legal hacia la raza negra o negar a las mujeres el acceso a las universidades, hoy estamos por aceptar que la orientación sexual de una persona no condiciona su calidad ciudadana.

El caso que se discute es el de Edith Windsor, hoy de 83 años, casada en Canadá en 2007 con Thea Spyer, quien murió en 2009. El motivo de la discusión es que al no reconocer su matrimonio, el Gobierno federal obliga a la viuda a pagar impuestos por su herencia. Es un asunto práctico. Es la discusión sobre si el ejercicio de derechos civiles es para todas las personas. Pero de fondo se enfrentan, de nuevo, el discurso religioso contra el científico.

gay actualizacionLos alegatos que se han escuchado en la Corte han evidenciado la importancia de las leyes para crear realidades. Desde que nos inventamos que hay una forma natural de ser, hemos realizado esfuerzos insufribles por encajar en el tirano guión. Todos hemos sacrificado nuestro sentido común para alinearnos a este tipo de pautas sin advertir que, sencillamente, podíamos modificarlas.

No hay forma de comprobar que existe una verdad absoluta, pero sí podemos comprobar el peso de las verdades dominantes. Por desgracia, no todo se resuelve con este cambio de perspectiva. Apenas nos descubrimos enmarañados. Sucede que un buen día aceptamos el dominio de la ley por sobre nuestras voluntades individuales, pero no contábamos, o entonces no lo supimos ver, con que las relaciones opresivas podían disfrazarse de “legales”.

El episodio democrático que sucede en la Suprema Corte estadounidense nos invita a que realicemos más a menudo el ejercicio de preguntarnos qué tanto está siendo moldeada nuestra experiencia de vida por “las leyes”. Algunas de ellas son más déspotas que cualquier reyecito del siglo 17, pero “las damos por hecho”, como si se tratara de un asunto de fe. Es decir, que bajo el argumento de que “es legal” nos hemos acostumbrado al papel de perdedores.

Cuando en 1831, Alexis de Tocqueville visitó Estados Unidos constató que esa “igualdad de condiciones” que supuestamente celebraba el contrato democrático seguía garantizando los privilegios y las ideologías de la élite dominante. Así, por medio de un discurso “moderno”, se transformó la servidumbre forzada en voluntaria. La astucia de Tocqueville lo hace concluir que el amo supo disimular bien la coacción.
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Doscientos años después, millones de ciudadanos estadounidenses exigen que su Gobierno garantice esa promesa de igualdad de condiciones y abandone el discurso “naturalista” que se aparta de toda evidencia científica. Porque no existe argumento lógico que justifique que los derechos se condicionan según orientemos nuestra sexualidad. En las audiencias públicas de esta semana, los detractores del matrimonio homosexual no han podido señalar cómo éste dañaría a la sociedad o a la figura del matrimonio heterosexual.

A esta generación de ciudadanos -de todas las edades- nos corresponde cuestionar el destino de una humanidad que se esfuerza tanto en ceñirse a ciertas pautas inhumanas. Ha llegado la hora de incorporar al discurso ciudadano la importancia de la narrativa legal para crear realidades sociales. La discriminación por orientación sexual es sólo uno de los absurdos contenidos en el discurso legal.

Siento la emoción que seguramente sintió la generación que escuchó en vivo el legendario discurso de Martin Luther King Jr. a los pies del monumento a Lincoln. Un discurso sin retorno. Me estremece que siendo tan diminutos vamos a tener el privilegio de atestiguar una transformación histórica. Porque, efectivamente, doy por un hecho que a partir de junio, cuando la Corte falle sobre este caso, daremos un paso sin reversa.

Bienvenida esta bella toma de conciencia escalonada.

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ximenaperedo@gmail.com

Vendetta no es justicia

1 Mar

451035Vendetta política no es lo mismo que justicia. Y con esto nos enfrentamos a la primera paradoja del “gordillazo”. La detención y el eventual encarcelamiento de “la maestra” pueden ser actos legales, pero no justos. La diferencia estriba en que la justicia es un valor ético, que se construye, y lo que hemos visto no es más que un evento político-mediático. Si usted está creyéndose que del Gobierno peñanietista puede emanar justicia, temo advertirle: está usted viendo mucha televisión.

En principio, yo preguntaría si un Gobierno ilegítimo puede ser fuente de justicia. Me parece que la justicia no nace por accidente. No es hija de la casualidad, sino de una suerte de fidelidad a la armonía. Podríamos, sin embargo, omitir toda reflexión y festejar que en el último ajuste de cuentas salimos ganando -¿quién no deseaba la caída de Elba Esther?-, pero esto sólo nos retrataría como víctimas felices de un patético fuego cruzado.

Qué difícil es disentir con este Gobierno sin parecer paranoica. De esto se trata el maridaje entre el poder político y el mediático: de crear realidades incuestionables. Heriberto Yépez bautizó como “telefísica” a este poder de la televisión de crearnos una única realidad posible. El comando mediático se encarga de hacer parecer ridículas las dudas por demás lógicas con las que el ciudadano de a pie cuestiona al poder político.

“No hay mujer más odiada en este país que usted”, espetó en entrevista Adela Micha a su invitada. Elba Esther entonces agradeció “las campañitas” que le han montado las televisoras y organizaciones de la iniciativa privada, como Mexicanos Primero -de Claudio X. González. En ese mismo programa, de la semana pasada, Elba Esther acusó a un grupo de empresarios apoyados por Televisa de querer quedarse con la administración de la educación pública.

Tan evidente fue “la campañita”, como evidente es la protección que otros ladrones reciben. Esto no exime a “la maestra” de sus delitos, pero sí revela que el peor saqueador puede estar a salvo por más de 20 años, como ella misma lo estuvo, si se sabe alinear al grupo en el poder.

Elba Esther fue coronada como el “rey feo” del carnaval político. Era conveniente para el resto de la perversa fauna que la rabia del ciudadano común se concentrara en un solo “animal político”. El personaje daba para eso y más. Su debilidad por los excesos, sus cirugías y su intempestivo temperamento la convirtieron en un producto mediático de fácil digestión, por eso, y por haber provocado al dinosaurio pactando con el PAN, es que “la maestra” pasará sus próximos años encerrada.

Helioflores ELBA

En esto se concentra la paradoja más trágica del caso. No puedo aplaudir la aprehensión de la presidenta vitalicia del SNTE, aunque quisiera, cuando advierto que la decisión está fortaleciendo a iguales o peores criminales. No es un acto de justicia, sino, acaso, un ajuste de cuentas al más puro estilo de la mafia.

La corona arrancada de la maestra Gordillo, lo hemos visto, vale miles de millones de pesos, amén del poder político de representar a un millón y medio de profesores. Lo deseable sería que esta crisis acelerara la destrucción de un sindicato decadente para formar tantos sindicatos independientes como fuera necesario. Sin embargo, el grueso del magisterio parece asumir dócilmente que el PRI no pondrá en riesgo su trofeo.

Otra paradoja a mencionar es que el mismo PRI se “fortalece” al aniquilarse a sí mismo. Elba Esther es producto del partido. Sus maestros siguen activos en la política, comenzando por el mismo Carlos Salinas. Deciden castigarla porque en sus ambiciones fue demasiado lejos, pero no habría Elba Esther sin PRI. Se encarcela a una falla del mismo priismo. Es la decadencia traicionándose a sí misma.

En el escenario político mexicano los antagonistas de quienes concentran el poder, y quienes debieran equilibrar la balanza, son igualmente cuestionables.

No hay autoridad que emprenda actos justos. Este vacío convoca a la sociedad civil a ocupar este lugar. Llenarlo no es exigir ingenuamente lo que el poder jamás concederá -como el encarcelamiento de líderes charros leales al PRI-, sino constituirnos como una oposición ética al poder que corrompe.

ximenaperedo@gmail.com

Después del meteorito

22 Feb

El meteorito que cayó la semana pasada en los Montes Urales nos recordó que vivimos en una gigantesca bola que flota en “la nada”.

La noticia nos sacó de órbita y, por algunos segundos, quedamos paralizados. Pareció como si la misteriosa bóveda celeste apareciera de pronto, rotunda, destronando cualquier otra preocupación. Por unas horas nos supimos frágiles e idénticamente vulnerables ante los caprichos cósmicos. Luego lo olvidamos, sin advertir las implicaciones políticas de este desenfado.

Es fácil olvidarse del cosmos. Cuando el Sol se esconde y la oscuridad se va vaciando por las ciudades, los letreros luminosos se encienden. Los focos y las pantallas iluminan nuestras casas, oficinas y habitaciones. Millones de personas mueren sin haber visto jamás un cielo tupido de estrellas, y los niños y las niñas aprenden de memoria el orden de los planetas sin sorprenderse de la poesía que están declamando.

sagan2Carl Sagan en su alucinante serie “Cosmos: Un Viaje Personal” (1980) dice que los seres humanos somos la forma en la que el cosmos se puede conocer a sí mismo. A menudo desaprovechamos esta oportunidad. Almacenamos conocimientos estériles e ignoramos otros esenciales. Pero más allá de esto, no nos identificamos como habitantes del Universo, ni contemplamos el cielo en busca de respuestas. Creemos que de éste ya no pueden desprenderse sorpresas y así vivimos desarraigados de nuestro fundamental origen.

El cielo, sin embargo, ha sido fuente de inspiración poética y política. De éste se han desprendido los mitos fundacionales de nuestra tradición occidental.

Los filósofos de la antigua Grecia pasaban más tiempo observando el cielo que el suelo que pisaban. De sus observaciones se desprendieron los primeros conocimientos matemáticos y, lo que es más importante, se descubrió la armonía, como relación proporcional. Como si se hubiera corrido una cortina, “el todo” se reveló en patrones y la idea del caos quedó, de algún modo, superada.

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Cuando reinaba la idea del caos, la imposición, la guerra y el dominio eran entendidos como necesarios. Había que defenderse o someterse según el poder del contrincante.

En el mundo imaginario que fincaron, los antiguos griegos crearon dioses sanguinarios y competitivos. Pero luego del descubrimiento de la armonía en el cosmos, los mitos religiosos fueron reemplazados por la incipiente ciencia que ofrecía verdades comprobables, inobjetables para la lógica y la observación humana.

La idea de la armonía influyó radicalmente en la concepción musical, poética y política de hace más de 2 mil años. El ritmo y la armonía fueron detonadores de ideas mucho más complejas, y prepararon la arena para la creación nada más y nada menos que de la democracia.

Mientras las tiranías respondían al arquetipo del dios todopoderoso, la repartición del poder y la equidad entre ciudadanos fueron ideas posteriores a la relectura del cosmos.

El poder en el centro y a la misma distancia de todos los ciudadanos fue una figura imaginable sólo después de comprender el movimiento de los cuerpos celestes. Es decir, los fundamentos democráticos son producto de la observación del cielo.

Al olvidar estos principios cósmicos, al prescindir de la reflexión filosófica anterior a toda praxis política y al perdernos de la observación de estrellas en centros urbanos densamente poblados, como Monterrey, la idea de democracia parece perder sentido. Nos quedamos con un simple proceso de ingeniería electoral que nos condena a la impostura y al saqueo.

Al olvidar este comienzo casi espiritual de la democracia, nos quedamos únicamente con referentes igual o peor de miserables que la realidad actual. Quizá por eso nos es tan difícil escapar de las dictaduras de facto que hoy nos gobiernan.

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Al olvidar el inicio fundacional somos víctimas de cualquier versión falsa. Nos enseñan a llamarle democracia a la desproporción, a la inequidad y a la ignorancia.

El cielo no deja, sin embargo, de enviarnos mensajes esenciales.

Nosotros repetidores

7 Dic

Cuando la información era monopolio de una empresa, y los ciudadanos se comunicaban a fuerza de “volantes” o de boca en boca el engaño podía perpetuarse por años. Pero en pleno siglo 21 basta una minoría de ciudadanos con cámaras y cuentas de YouTube para hacer tambalear la vieja estrategia de infiltrar provocadores en protestas pacíficas para justificar la represión a tabla rasa.

Quien quiera defender a los vándalos que el 1 de diciembre causaron destrozos en la Ciudad de México elevando el nivel de violencia es un insensato. Lo mismo podría decirse de quien se atreva a cerrar los ojos a las decenas de videos, crónicas y reportajes de la prensa independiente que registraron las golpizas y las detenciones arbitrarias de ciudadanos ejerciendo pacíficamente su derecho a disentir.

Dos días después de estos eventos, nos enteramos que algunos de los detenidos declararon haber cometido actos vandálicos a cambio de 300 pesos, pero no dijeron, o el Ministerio Público no nos dejó saber, el nombre del patrón.

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No me sorprendería en absoluto -de hecho, lo sugiero abiertamente- que el aparato policiaco del nuevo Presidente haya planteado esta fallida estrategia. Se creyeron que el mago podía realizar el mismo truco 40 años después, como si el tiempo se hubiera suspendido. El viejo régimen fue incapaz de advertirse en otro tiempo, con nuevos actores y otras tecnologías.

Han exhibido su incapacidad para reinventarse, pero lo mismo puede decirse de la ciudadanía cautiva en las trampas de la repetición. Es muy difícil que por la vía de la protesta se enderece la democracia.

Por supuesto cada marcha o protesta tiene consecuencias culturales insoslayables, pero su efectividad en lo concreto es excepcional. Si volvemos una y otra vez a las mismas respuestas es porque para eso fuimos educados.

Creemos que por haber terminado la preparatoria, o más aún, por tener un título profesional ya no formamos parte del “problema educativo mexicano”. Sin embargo, los conocimientos acumulados, si bien podrían proveernos de un salario, están resultando inútiles para plantear salidas de las crisis o los colapsos de nuestros tiempos. Parece que más bien fuimos educados para permanecer en el barco que se hunde.

Pero además no tenemos más referentes que la misma crisis. Sobre esto Gisela Pérez de Acha, una ex integrante de #YoSoy132 y ex comentarista del programa de televisión “Sin Filtro” (del canal Foro TV de Televisa), explicó que renunciaba al programa porque estaba repitiendo la misma clase de televisión que criticaba. Gisela descubre en este testimonio publicado en el sitio Animal Político que no pudo hacer una televisión distinta de la única que conoce (y que nos ha educado, complementaría yo).

Esto nos invita a que reconozcamos la seguridad de un fracaso cuando pretendemos construir una obra sin planos ni maquetas o, peor aún, copiando los planos de lo que criticamos. La pregunta es cómo reeducarnos, cómo destapar nuestra creatividad para imaginar nuevas formas de organización política, cómo reinventar el rol de la ciudadanía.

Es difícil plantearnos estas preguntas cuando hay una poderosa inercia por proteger el status quo, es decir, que el show continúe como está. Hay algunos que, sin saberlo y sin recibir un solo peso, trabajan para legitimar lo indefendible. Son los ilusos, que siguen creyendo en las entradas triunfales de los gobiernos. En otro costal están quienes advierten la impostura y la negligencia, pero prefieren tener a este poder de socio que de enemigo.

Además están las agencias internacionales, los evaluadores financieros y organismos como el Fondo Monetario Internacional que califican de “democráticos” a países como el nuestro, en los que la ciudadanía sólo tiene permiso de participar eligiendo a sus gobiernos de entre malas y peores opciones, sin posibilidad de revocarles el mandato. ¿Cómo contradecirlos?

Estamos frente al enorme dilema de sucumbir en el caldo de confusión o aprovechar esta crisis para replantear nuestras respuestas. Pero mientras revisamos lo complejo no podemos dejar de exigir lo urgente: la liberación de los ciudadanos inocentes aprehendidos ilegalmente el 1 de diciembre.

ximenaperedo@gmail.com

Canta y no llores

30 Nov

Es imposible no perturbarse al estar frente a la “obra negra” de Francisco de Goya. Cada imagen es un alarido de dolor, un reclamo del pintor hacia su tiempo. Su creatividad lo exorcizó del horror que advirtió en el espíritu humano. Yo confieso que en mi afán por comprender lo incomprensible he perdido el grito que necesito verter sobre esta página a unas horas de que tome posesión Peña Nieto como Presidente.

Cuando el 1 de julio el presidente del IFE anunció el triunfo de Peña Nieto los priistas escucharon a su candidato dirigirles un mensaje que alguien más escribió y que él tuvo que leer. La escena de tan siniestro festejo con cascada de papelitos tricolores y una familia instruida para sonreír a las cámaras fue amenizada, casi como un accidente de la superproducción, por un coro muy ad hoc con tan lamentable acontecimiento: “Y… canta y no llores…”.

Hay todo un aparato trabajando para despistar nuestro dolor. Su triunfo es, precisamente, deshumanizar nuestra percepción de lo real. Terminamos creyendo que quizá estamos exagerando la nota; o que tal vez nos falta aceptar que la vida es cruel. Ahogamos nuestra confusión entretenidos en una guerra de declaraciones frívolas mientras jugamos a explicarnos la decadencia sin advertir que al intentarlo nos denigramos.

Goya_Un viejo y un fraile

No se trata de discutir gabinetes, ni de confiar en supuestos pactos “nacionales” que son firmados por partidos políticos en los que sólo 2.4 por ciento de la población mexicana deposita su plena confianza (según encuesta de este año de la Segob). Se trata justamente de evitar caer en distracciones cuando lo que se está comprometiendo es el gozo de las cosas más sencillas.

Estamos frente a un desafío histórico en el que las reacciones puramente intelectuales nos condenan al cinismo, pero complementadas con una lógica emocional podrían despertar nuestra creatividad. Por eso es importante sacar el llanto y validar nuestra tristeza. No hay respuesta más valiente ante la descomposición de la política que rehuir al protocolo de los resignados y declararnos vivos y conscientes.

Porque mañana 1 de diciembre tenemos una cita con nuestro destino. Veremos a la máxima expresión de la frivolidad y de la prepotencia recibir licencia para matar y coaccionarnos. Esto nos condena a una dictadura de facto. Nos recordarán a palos el peso de la “verdad legal”, pero con esto sólo irá perdiendo sentido la ley, de la misma forma que la impostura ha vaciado de significados a la política.

¿Qué distingue a nuestros gobiernos de una banda de delincuentes armados? Peña Nieto ganó la Presidencia valiéndose de la ignorancia, que es mucha, y del hambre, que es insoportable. ¿Quién se atreverá a respetarlo como Presidente?

Lo que está ocurriendo en México es mucho más grave que la impunidad con la que se despide Felipe Calderón, o el triunfo del vacío moral que representa Peña Nieto. Estamos en una encrucijada histórica y dudamos qué papel asumir. Nos confunde la superproducción que hace pasar por normal la decadencia y que le llama “daño colateral” al sufrimiento de las 300 mil víctimas de la guerra perdida.

goya saturn

Quizá los escépticos no somos tan pocos ni tan inocuos como a veces lo creemos. Si algo acusa el excesivo cerco de “seguridad” militar que instalaron en San Lázaro, es que tanto Calderón como Peña se saben débiles y cuestionados. Han tirado demasiado de la cuerda y temen por nuestra respuesta.

El nacimiento de la democracia griega nació a partir de un contexto similar al nuestro. Para tomar el poder de Atenas el tirano Iságoras (siglo 6 a. C) se hizo acompañar del temerario ejército de Esparta, llevando al límite la tolerancia del pueblo. Pero algo inesperado sucedió después. Los atenienses despertaron de su resignación, derrocaron al tirano y crearon una forma de elegir por primera vez a su autoridad.

Lo paradójico es que 2 mil 600 años después en México habría que librarse de esta suerte de sofisticada tiranía que llamamos “democracia”. Esta liberación puede darse usando la lógica, sin derramar una gota de sangre. Basta que abandonemos la postura del “canta y no llores” para desatar la creatividad que habrá de guiarnos hacia las salidas de emergencia.

La revancha

9 Nov

Cuando me enteré que el Ayuntamiento de Monterrey acusó de falsificación de firma al ciudadano que promovió un amparo contra la separación de Fernando Larrazabal de su cargo de Alcalde me tuve que tallar los ojos.

No me sorprendió la bajeza moral que esta imputación denota, sino la apuesta por el disparate: ¿qué motivos tendría el ciudadano Eduardo Montemayor para falsificar una firma en un documento que él mismo entregó al Juez, cuya firma ratificó dos días después?

La conclusión del caso Paulette -“el cadáver de la niña siempre estuvo ahí, entre el colchón y los barandales de su cama”-, así como la defensa de Jonás Larrazabal de cobrar “quesos” en casinos que días antes fueron atacados por comandos armados, son sólo dos ejemplos de cómo el absurdo suele ser la última escapatoria a la avalancha de un escándalo. Pero ¿quién les va creer reverendas sandeces?, reaccionamos con indignación mientras leemos atónitos sus alegatos.

¿Importa que les creamos?, es la pregunta que rebota después, cuando vemos que los personajes más siniestros terminan saliéndose con la suya.

Lo mismo sucede con políticos cuya trayectoria está plagada de saqueos, corruptelas y escándalos. El apoyo popular lo consiguen a base de relaciones clientelares, derroche de recursos públicos y tráfico de influencias. Ellos los fuertes, nosotros los débiles, suele ser la conveniente conclusión a la que arribamos en innumerables episodios de nuestra historia “democrática”.

Pero ¿qué tan fuerte es un político que no puede sostenerse sin propaganda?

Regresemos a los trágicos, largos días, que siguieron al ataque del Casino Royale, cuando descubrimos al hermano de nuestro entonces Alcalde cobrando fuertes cantidades de dinero a negocios recién atacados por la delincuencia.

Esto hacía pedazos la carrera política de Fernando Larrazabal, ¿quién podría salir en su defensa? Salieron los mismos panistas que hoy están acomodados en sus nuevos puestos municipales, y “el comando mediático”, es decir, los mercenarios de la comunicación.

El Alcalde elevó en 81 por ciento su gasto en imagen, en comparación al mismo trimestre del año anterior. Lo hizo, claro está, con recursos públicos. De la misma forma que, con nuestros impuestos, el Ayuntamiento de Monterrey pretende sentenciar a Eduardo Montemayor para así librar a los integrantes del anterior Cabildo de la acción penal en su contra solicitada por el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa por desacatar hasta la mofa la orden de regresar a Larrazabal a su puesto de Alcalde.

Comunicación e información tienden a confundirse. La comunicación casi siempre juega a favor de los políticos, la información en su contra. A menudo creemos que los noticieros televisivos son espacios informativos sin advertir que más bien hacen el trabajo de las secretarías de comunicación social de los gobiernos.

Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que vende la televisión comercial. “Informarse cansa, pero es el precio de adquirir el derecho a participar inteligentemente en la vida democrática”, escribe Ignacio Ramonet.

El Ayuntamiento de Monterrey, en complicidad con Margarita Arellanes, quien parece cuidarse de no contradecir las órdenes de Larrazabal, pretende no sólo fincar responsabilidades penales sobre este ciudadano, sino desacreditar a los Magistrados que en su momento otorgaron la razón a quien supo probar que sus derechos democráticos -como la representación- quedaron afectados cuando el Alcalde abandonó su puesto de elección popular.

Larrazabal ya es Diputado federal, aunque un tribunal colegiado le haya ordenado cuando fue candidato volver a su Alcaldía. En ese sentido, ya se salió con la suya. El interés de inculpar a Eduardo Montemayor y a su abogado, Olmo Guerrero, de falsificación de firma, no sólo es una revancha, sino la “coartada” perfecta para corresponder a la lealtad de los integrantes del Cabildo “larrazabalista”. Pregunto, ¿vamos a volver a financiar su ilegítima defensa?

Estamos ante una escena del teatro del absurdo de la que sólo podemos salir en tanto usted y yo lo decidamos. Negarnos al engaño tiene consecuencias políticas.

ximenaperedo@gmail.com

“El chomosgón”

13 Abr

Me cuenta mi amigo que en las noches de carpa cuando se iba la luz y las aterradas bailarinas permanecían en escena, un fulano, “el chomosgón”, encendía algunas velas que acercaba a las vedettes para que el público se comportara y siguiera atento al escenario. En una referencia clara al “the show must go on” (la función debe continuar), el papel del “chomosgón” era perpetuar el espectáculo hasta su fin.

La política secuestrada por los partidos políticos apuesta a convencernos de que no hubo tiempo anterior a ella. Pretende hacernos creer que su permanencia es independiente de nosotros porque estaba antes de que naciéramos y, así lo aseguran, seguirá operando cuando muramos.

La parafernalia electoral nos crea la ilusión de una realidad incuestionable que reviste a los políticos de un halo de autoridad cuasi religiosa y por ello todopoderosa y omnipresente. Por eso, en lo profundo, las campañas políticas son una exhibición del poder de las élites que controlan al País.

Usan nuestros impuestos para fabricar una superproducción para hacernos creer que el destino de la Nación, de las ciudades y de nuestras vidas se juega en las elecciones. Sin duda importa la calidad moral y la preparación de quienes toman decisiones en nuestro nombre, pero las cualidades personalísimas de los candidatos perderían gravedad si abandonáramos la ficción de la representación y camináramos hacia una democracia participativa en la que, como ya sucede en otras democracias, el contribuyente decida el destino de sus impuestos.

Esa masa que a los políticos les conviene identificar como “sociedad civil” o “ciudadanía” es, en lo real, una sociedad de consumidores que responden a las dudas propias de los ciudadanos -qué derechos tengo, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses- a través del consumo privado de bienes.

No es que “el pueblo” sea incapaz de movilizarse por una causa que le entusiasme; basta ver cómo se comportan los aficionados al futbol local para preguntarnos por qué parece irrelevante a las mayorías participar en la exigencia de mejores gobiernos.

Al no existir una ciudadanía a la cual convencer por medio de argumentos lógicos, las campañas políticas se han transformado en shows de entretenimiento (Abel Guerra, Brenda Velázquez), en rifas de carne asada (Héctor Gutiérrez), en regalo de boletos para Plaza Sésamo (Alfonso Robledo), en pintas en los parabrisas de los autos de aficionados de los equipos Tigres y Rayados (Ivonne Álvarez, Marcela Guerra). El candidato aprovecha nuestro retraso político para buscar coronarse como estrella pop.

Si contáramos con herramientas de democracia básica como revocación de mandato, presupuestos participativos, referéndum y candidaturas independientes, las elecciones dejarían de ser el “cañaveral de pasiones” que hoy financiamos con recursos públicos. La clase política, emulando a la élite que retrata en revistas de chisme social, exhibe sus conflictos tratando de hacernos creer que sus problemas también son nuestros. Basta con que así lo creamos para que así sea.

Sólo los muy ilusos pueden emocionarse otra vez con las campañas políticas. Ha quedado comprobado que gobierne quien gobierne la inercia de la impunidad y la corrupción se mantiene intocable porque el sistema no se cuestiona. Mi hipótesis es que la alternancia electoral no modifica la cultura política de la gente. Muy pocos gobiernos y aun menos candidatos se atreven a señalar el atraso cultural -que medios de comunicación alimentan- como el verdadero lastre nacional.

Sin embargo, y a pesar de sus manifiestas incongruencias, es importante que no caigamos en la tentación de cruzarnos de brazos como lo hiciera Pedro Páramo para castigar al pueblo de Comala. Debemos votar, pero desprovistos de toda ilusión, comprendiendo que el destino común siempre ha dependido de todos y que, por lo tanto, atender la campaña de los superhéroes es una distracción para restar importancia a la ausencia de reflexión crítica en las mayorías.

Ya se les está cayendo el teatrito, así que no caigamos en la tentación de hacer las veces de “chomosgón”: este show debe terminar.

ximenaperedo@gmail.com
 

Sobre la indignación de Ivonne y Dinorah

16 Mar

 

 

Por Ximena Peredo y Claudio Tapia

Nos pareció digno de ejercicio reflexivo que dos mujeres con intereses políticos antagónicos se autoproclamaran casi al unísono “indignadas”.  Nosotros, simpatizantes del movimiento indignado global, advertimos el desafío de comparar la indignación de la ciudadana que se dice burlada cuando su presidenta municipal abandona el cargo, y la indignación de la alcaldesa, quien considera injusto que se le impida aspirar a otra aventura política (en este caso, la senaduría de la República).  ¿Son igual de legítimas sus molestias?

Aquí les presentamos desde la perspectiva de Ximena, “La indignación de Ivonne”, y desde la mirada de Claudio, “La indignación de Dinorah”. Si nuestras reflexiones te aportan algo, compártelas.

La indignación de Dinorah  

Por Claudio Tapia

La indignación de Dinorah Cantú, es enojo ciudadano provocado por la injusticia del engaño reiterado. La ciudadana que reside en  el Municipio de Guadalupe, presentó, ante el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa, una demanda de amparo para frenar la  pretensión de su Alcaldesa Ivonne Álvarez de abandonar el cargo de elección popular para el que fue electa. El coraje expresado por la joven abogada forma parte del sentimiento compartido de hartazgo ciudadano ante la impostura de la representación.

El suyo, no es el habitual sentimiento de frustración estéril generado por la fatal resignación de “ni modo, no hay nada que los electores podamos hacer”. Tampoco muestra la exasperación que con frecuencia conduce a la violencia. Se trata de un coraje digerido con madurez, que convoca a cambiar, por vía pacifica, una realidad que se ha vuelto insoportable.

“El día que descubrí la falsedad, fue la primera vez que me cuestioné seriamente si estaba equivocada y debería cambiar. Recuerdo haber pensado que quizá de eso se trataba crecer, de aceptar que la gente, si puede, te hará daño y se aprovechará de ti”, nos dice la regiomontana que decidió no permanecer indiferente frente al engaño y la mentira. Su indignación que,  en efecto, es muestra de crecimiento personal, cubre la deficiencia moral de la indiferencia que, para Saramago, es un mal: una enfermedad del espíritu.

Su malestar personal es, sin embargo, algo indignante que no sufre en soledad. La denuncia pública de un agravio reiterado hasta la saciedad en toda la república,  ha despertado la indignación del grueso del electorado nacional. Pase lo que pase, tope en lo que tope, su firme voz de ciudadana indignada cimbró ya los cimientos del régimen de una representación fallida, mentida y en etapa terminal.

La indignación de la estudiosa de los derechos humanos, quizá por lo mismo, contiene una buena dosis de ilusión a favor de la legalidad y la igualdad. De su forma de expresión se desprende la conciencia de que un orden social no puede mantenerse sin ilusiones realizables. Su indignación, de clara inspiración moral, es al mismo tiempo una condena al cinismo de los vividores y diseñadores de la mentida democracia.

Esto es lo que puedo decir de la indignación de Dinorah Cantú.

La indignación de Ivonne

Por Ximena Peredo

Ivonne Álvarez se declaró indignada al ser obligada por orden judicial a regresar a su alcaldía y por consiguiente, abandonar su campaña con rumbo a la Senaduría en fórmula con Marcela Guerra (PRI).  Puedo imaginar su crispación al enterarse de lo inverosímil, lo absolutamente inesperado: la demanda de una ciudadana guadalupense valió para que el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa ordenara dejar sin efectos la licencia que le permitía abandonar su puesto para saltar a las grandes ligas de la impostura nacional.

¿Cómo fue posible que David sorprendiera a Goliat? Esa era la pregunta en el círculo más cercano de Ivonne Álvarez, pero también era una pregunta que nos hacíamos nosotros mismos.  El Poder Judicial nos sorprendió por igual, pero a nosotros -¡¿qué queeeeé?!- nos lanzó a un júbilo novísimo que por supuesto la cúpula del PRI no comparte. Mi pregunta es, ¿cómo vive su indignación Ivonne Álvarez?, ¿existen indignaciones ilegítimas?

La indignación tiene mucho de asombro y de dolor ante un hecho injusto, basta su poder para dar un portazo y caminar a toda prisa hacia la plaza, como sucedió en Madrid el año pasado.  El movimiento de los indignados despertó al absorto de saberse burlado. La indignación emergió como un grito escalonado de sociedades que se declaran hartas de pasar por alto la miseria y la putrefacción del sistema político.   Nos declaramos hartos y cansados de fabricar justificaciones para no reaccionar ante el dolor ajeno. Justo en este momento histórico,  Ivonne Álvarez se declara indignada. ¿Ella? ¿pero que no somos nosotros los indignados con el fenómeno que ella representa: inmadurez, negligencia y frivolidad en nuestros gobiernos?

A Ivonne le enoja que las cosas no salgan como estaban planeadas.  Le frustra  que sus planes hayan sido estropeados, pero ella no está indignada. Lo estaría, sin duda, pero aún no se advierte burlada por el sistema. Todavía cree ser una de las ganadoras. Duerme Ivonne el sueño de quienes creen que la verdad está de su lado. Si algún día amaneciera sintiéndose indignada no tengo duda de que la suya sería una voz hermosa e inspiradora, atravesada por la pulsión de la vida.

Eso es lo que puedo decir de la indignación de Ivonne Álvarez.

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