Meditaciones sobre el cesto de la ropa sucia

5 Ene

FullSizeRender_1Elisa está viendo Pocoyó a mi lado–yo lo escucho-. Trato de concentrarme para escribir un poco sobre uno de mis yo[1] que cada día exige mayor atención. Desde hace casi dos años me volví mamá y con ello mudó mi rol “en el mundo”. No me refiero a mi rol de educadora, -que pongo en duda- sino a mi rol de limpiadora, previsora, dobladora de ropa, hacedora de sopas. Ya conocía del oficio doméstico pero nunca me había demandado tanto, de forma tan rutinaria y con una velocidad cíclica insospechada. Otra vez barrer la cocina. Otra vez no cierra el cesto de la ropa sucia. Esta experiencia ha resultado ser un pretexto filosófico para pensar “la casa”.

El espacio que conocemos como “casa” no es sólo material. Es, sobre todo, el resultado de la forma en cómo pensamos y de las relaciones que ahí entablamos. Nuestra casa es la materialización de nuestra programación y de lo que hacemos con ella. Para ponerlo en términos cibernéticos, digamos que los objetos, todos, -incluyendo la comida-, y la construcción material de nuestra casa, el concreto, las dimensiones, es el hardware que nos programa para entender el mundo.

Dentro de la puerta de nuestra casa, vivamos solos o con alguien más, tengamos hijos o no, los habitantes somos los únicos responsables de lo que dentro sucede. Sin embargo, de muchas formas, repetimos una forma de relacionarnos con la casa que damos por sentada, como obvia. De hecho, cambiar esa relación, modificar la experiencia doméstica, es una metáfora inmejorable de la dificultad para modificar nuestra experiencia social.

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Por otro lado, la carga negativa que acompaña al trabajo doméstico como tarea embrutecedora es no sólo consecuencia de este cinismo familiar –encima de indolentes acusan generalmente de “mal humurada” a la persona que administra el hogar-, sino de la forma en que hemos entendido lidiar con la basura, el polvo, el desperdicio, y nuestras necesidades de consumo. Siendo que todo esto nos conforma, y siendo una consecuencia directa de nuestra existencia, tendrían que tener un significado social mucho más digno. La suciedad es la evidencia del paso del tiempo. Hacerse cargo del deterioro de uno y del que uno produce al vivir, tendría que ser la más significativa enseñanza de la vida familiar. Ver esto como una vía para la emancipación, para la autonomía, y para “un mundo mejor” es una aproximación que ilumina la trascendencia de nuestros hábitos. La casa es el mundo. El cambio de prácticas caseras impacta irremediablemente nuestras otras relaciones.

 

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Sólo a partir de esta toma de conciencia es que podemos contemplar cuánto amor hay en atender al otro, a la otra, o a uno mismo. Cuando el ser humano toma cuidado del otro, sea su cachorro o su contemporáneo, vemos encarnada otra explicación evolutiva. No es la competencia, sino el cuidado del otro, el sostén de nuestra vida.

Nos debemos al cuidado que alguien más tuvo con nosotros. Estamos aquí porque antes alguien nos ayudó a crecer. Sin embargo, para reconocer al amor todo acto de servicio debe ser emancipatorio. Para que las personas estés libes para servir nadie debe tener la expectativa de ser servido.

La economía del hogar, -las relaciones e intercambios que ahí se suceden-, es la base del sistema económico. Para modificar las relaciones económicas opresivas, hay que modificar las prácticas patriarcales, capitalistas, que persisten en casa.

El ser humano no necesita sirvientes.

[1] El doctor Cardoso le habló a Pereira sobre la constelación de las almas. Según esta teoría no tenemos una sino varias almas que se turnan la posición de maestro de orquesta durante nuestra vida. Esto lo aprendí en la novela “Sostiene Pereira” de Antonio Tabucci.

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Una respuesta to “Meditaciones sobre el cesto de la ropa sucia”

  1. JORGE ALBERTO PEREZ GARZA enero 14, 2015 a 2:33 pm #

    LIC. XIMENA PEREDO RODRIGUEZ. CON EL ENTUSIASMO Y EL GUSTO QUE ME ACOMPAÑA TE DOY NUEVAMENTE LA BIENVENIDA A TU ESPACIO . HACES FALTA QUERIDA XIMENA TE EXTRAÑAMOS. GRACIAS POR COMPARTIR. JORGE ALBERTO PEREZ GARZA. DESDE MONTERREY NUEVO LEON MEXICO

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