Especial azucarado del “Día del Niño”

30 Abr

cancer-thrives-on-sugar-diabetesA propósito del “día del niño” me propongo explorar la relación del azúcar con conceptos construidos socialmente como la felicidad, la alegría o la celebración. El día del Amor y el Día del Niño son fechas especialmente azucaradas porque para demostrar cariño regalamos golosinas. Quise explorar un poco sobre este vínculo porque es obvio que tiene una historia muy reciente y, a juzgar por las estadísticas, parece que la dulce historia de amor está por terminarse. La diabetes y otras enfermedades relacionadas con la excesiva ingesta de azúcar (y harinas y lácteos, pero ese es tema para otra reflexión) cunde como pandemia. No es un escenario apocalíptico, por el contrario, es la forma en que aprenderemos a re-significar el azúcar en nuestras vidas. Sobre la idea de “tener diabetes” también quiero reflexionar un poco y compartir algo de información que creo que puede ser muy útil. Por último creo que vale la pena contextualizar el azúcar, es decir, revisar qué lugar ocupa en nuestra vida común y comenzar a cuestionar si ese es el lugar que le corresponde. La reflexión me parece muy pertinente hoy, en el día del Niño, pues no puede resultar más contradictorio querer celebrarlos, cariñarlos y hacerlos sentir muy especiales llenándoles la boca de azúcar.

Pido disculpas porque ando un poco apretada de tiempo (voy a ver a dónde llego en una hora) entonces advierto que no podré ir a profundidad pero sí pretendo poner algunas “banderitas” sobre temas que vale la pena recuperar para mayores análisis.

El azúcar, todos lo conocemos, es una sustancia que sale de la caña de azúcar. En mi opinión es deliciosa, además de que nos genera energía. En su caso el problema no es sólo el consumo excesivo sino las calidades de azúcar que están accesibles. La diferencia entre el azúcar moreno y el blanco, es básicamente que mientras más obscura, el azúcar mantiene otros nutrimentos mientras que en su estado más refinado se trata de “calorías vacías”, que no nutren y que, por el contrario, son tratadas con procesos químicos para “mejorar” su apariencia y su sabor. Dicho lo anterior, parto a ver a dónde.

Azucar y Poder

Lo primero que quisiera compartir es la existencia de una discusión seria antropológica –es decir sobre el ser humano en relación con su cultura- sobre la representación que tiene el azúcar en nuestras vidas. El trabajo pionero “ Azucar y poder” del antropólogo Sydeney Mitz fue publicada en 1985 y analiza la historia detrás de la relación que creemos “natural” entre los ingleses y el azúcar. Pues bien, este autor nos explica la importancia de las colonias inglesas rebosantes de plantaciones de caña, el trabajo esclavo y la posterior revolución industrial como factores históricos de gran importancia para comprender porqué hoy los ingleses, y creo que casi todas las sociedad urbanas, no pueden vivir sin azúcar. ¿Cómo se volvió una necesidad algo que antes no existía? Esa es la pregunta que el autor va resolviendo a lo largo de su obra que está disponible en la red. Para el autor no pasa desapercibida la irrupción de una nueva adicción disfrazada de “especia de lujo” en un principio y luego, cuando se convierte en golosina barata de “necesidad”, sobre todo como reemplazo de alimentos cárnicos mucho más caros. La obra no la conozco más que parcialmente pero me parece que apunta otro hallazgo muy importante, y es que la rápida multiplicación del azúcar, su exitosa colonización, representaba también el éxito de un sistema capitalista de producción que satisfacía, cuyo placer realmente se sentía en el paladar. Claro, la burbuja estalló y ahora “la chispa de la felicidad” no sabe cómo defenderse frente a la pandemia diabética. De los relatos caramelizados pasamos a verdaderas historias de terror, a calvarios individuales y familiares, y lo más irrefutable: a la muerte de millones de personas. En México, la diabetes es la primer causa de muerte. En el 2015, se estima que 100 mil mexicanos van a morir por esta enfermedad. Así de crudo.

Diabetes

Como cualquier mexicana, un tío –mi consentido tío Javier- murió por este mal y acaban de diagnosticar a una de mis cuñadas con este enfermedad. Por lo mismo el tema me traspasa. Encontré una tésis de maestría del CIESAS sumamente interesante que aquí comparto. La autora es María de los Ángeles Domínguez García y el título es sumamente interesante Vivir con “azúcar”, Experiencias y representaciones en torno a la diabetes, el trabajo de campo lo realizó con comunidades indígenas tzotziles en Zinacantán, Chiapas. No he terminado de leer la tesis pero la revisión que le di me ha inspirado reflexiones que claves para la reflexión que estoy tratando de hilar. La antropóloga distingue entre la experiencia de diabetes (illness) y el comportamiento que se espera de los pacientes con diabetes (sickness) para analizar las emociones que se identifican con la enfermedad y lo que se dice de ella en distintos momentos de la misma. Pero quizá lo más interesante de la investigación son las narrativas que la investigadora recupera pues dan acuse de los estados emocionalmente negativos que facilitan la irrupción de la enfermedad y que obstaculizan su tratamiento. Como investigación cualitativa que es no pretende explicar el universo sino profundizar en grupos focales, en este caso, de comunidades indígenas. Sin embargo, creo que la relación que tenemos con el azúcar y la diabetes es sumamente parecida entre indígenas y, digamos “mestizos”, aunque me choque el término, para hablar de quienes no somos indígenas. Por ejemplo, en su investigación, cuando aborda la historia de la introducción de bebidas gaseosas a la zona de Los Altos, en Chiapas, la investigadora detalla la campaña publicitaria de introducción de los productos de Cola, especialmente de la compañía Coca Cola. Siendo un pueblo pequeño los anuncios de Coca Cola están por casi todos lados. La publicidad ¡bingo!

Publicidad y comida chatarra

Creo que este animal que somos tiene la particularidad de que le gustan los cuentos. Tenemos una tendencia muy bella y romántica hacia la fantasía pero esto también puede resultar fatal. La publicidad no es una canción pegajosa, ni escenas sugerentes, es realmente el resultado de estudios sobre la psique humana. Los publicistas son realmente “programadores” de estilos de vida, de formas de comprender lo que somos y lo que hacemos aquí. Alan Moore dice que los publicistas son los chamanes contemporáneos y creo que estoy de acuerdo.

Precisamente por ello me pareció tan pertinente –y tan amorosa- la campaña contra la publicidad de comida chatarra. ¿Qué pensaríamos de millonarias superproducciones de superhéroes alentando a que los niños beban cloro y masquen arsénico? ¡Nos indignaríamos, claro! Algo pasa, sin embargo, que no alcanzamos a comprender la miserable campaña de publicidad para volver adictos a los niños y niñas al consumo de azúcar. Un día las tabacaleras tuvieron que imprimir en sus paquetes de cigarros: fumar mata. Sin embargo, en el tema del azúcar la conexión se diluye pues el azúcar no mata, y esta es la defensa favorita de los productores de chatarra. Aquí les pongo al CEO de Coca Cola de Gran Bretaña, aludiendo que el problema es que la gente está consumiendo energía que no “quema” por el estilo de vida que mantienen. Es decir, claro, el tema es mucho más complejo. Hay un contexto que tenemos que desempacar ante nuestros ojos.

Monterrey y el azúcar

México es el país con el índice mayor de obesidad en el mundo. Monterrey es el primer lugar nacional en obesidad infantil. Los niños más gordos del mundo viven en Monterrey. Esto nos coloca, otra vez, como observadores y participantes en una prueba de laboratorio. Es decir, tenemos una posición “privilegiada” para entender la historia detrás de un raiting tan trágico. ¿Por qué?, ¿qué hay en Monterrey que no hay en otras ciudades industriales parecidas? No busquemos afuera, miremos adentro. Esa es la ventaja que tenemos: podemos revisar nuestros hábitos, rutinas, necesidades diarias y encontrar muchas respuestas.

ox2Reconozco, por ejemplo, que la hostilidad que uno puede experimentar al vivir en Monterrey como un trabajador promedio que se desplaza todos los días con horarios rígidos a sus centro de trabajo o escuela, los problemas de contaminación que nos rodean, las exigencias del mercado que nos vuelven especialmente competitivos e individualistas, la “falta de tiempo” y la precariedad de los sueldos son un contexto que favorece bastante no sólo una alimentación chatarra, -que se distingue por estar empaquetada y que igual se encuentra en el Costco que en la Conasupo- sino un apetito desaforado por conseguir algún paliativo, algún consuelo, un pequeño premio por el esfuerzo. En Monterrey el consumo es una forma de entretenimiento con la que premiamos nuestra disciplina, o nuestro esfuerzo. Las golosinas, las frituras, los refrescos se han convertido en nuestros patéticos premios de consolación. Pero además, estamos invadidos de publicidad y de Oxxos, principalmente. Y con esto termino, revisando un video corporativo de FEMSA de 2009 me topé con este guión de la cadena Oxxo que por esas fechas habría dos tiendas por día en el País. En el video se escucha: “Todos los días, a todas horas, siempre hay un Oxxo para satisfacer tu sed y tus antojos”. Cuando todos fallan, cuando la depre o la angustia pegan, ellos están abiertos.

Una nota final

Yo misma llevo varios meses que saqué de mi dieta al azúcar. No es cosa sencilla porque, efectivamente, pelamos contra una adicción. En principio tomamos la decisión de no comprar azúcar refinada, luego simplemente dejamos de comprar azúcar. Descubrí el sabor a café, el sabor de los tés de cardamomo y jengibre, y ¡hasta de la manzanilla! Obvio no somos de palo, nos siguen fascinando los chocolates, los pasteles, las galletas… simplemente les quitamos el poder que antes tenían sobre nuestra elección. Aunque también reduje las harinas casi al mínimo, me siento en la necesidad de compartir que mi cuerpo se transformó. Me siento emocionalmente más estable y he bajado unos diez kilos.

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