Una columna sobre la columna

27 Abr

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Hoy hace dieciséis años publicaron mi primer columna de opinión en El Norte y para celebrarlo quiero escribir una columna sobre este oficio de “opinadora” que he compartido con tantas personas –coautoras de “mis” opiniones-. Tengo una larga deuda de reconocimientos que deseo saldar.

 

Cada vez es más difícil sostener la idea de “las obras de autor”. El concepto se difumina cuando contextualizamos el proceso creativo “del artista”, o en este caso “del autor”. Cada obra, cada columna de opinión, en mi caso, tiene su propia historia cuyo producto final identificamos injustamente con una sola persona a la que llamamos autor. Esta reducción no es sólo tramposa sino inexacta. Nos ha ayudado a simplificar pero no ha comprender. Esta última frase, por ejemplo, se que viene de algún otro lado. Recientemente leí algo parecido pero no recuerdo dónde, ¿quién es el autor? La cuestión se complejiza aún más cuando pienso en las conversaciones que he sostenido con cercanos y extraños las cuales me han inspirado a traducir esta riqueza usando mi habilidad para redactar.

 

Con esto no niego la existencia del autor. Hay artistas que uno llega a amar porque logran tocar nuestro corazón, o acariciar algo que sentimos propio. Pero aún así, no merecen todo el reconocimiento que merece su obra. Esto no es un ajuste de cuentas, a penas es una confesión. En lo que a mi respecta, como columnista del periódico El Norte, en Monterrey, México, y como colaboradora de algunos otros medios que me han abierto sus páginas, cada día me resulta más extraño la idea de “las opiniones propias”. Ese es un tipo de emancipación verdaderamente extraño por estos caminos. A lo largo de estos dieciséis años he firmado opiniones que construí con cientos de otras personas; muchos de mi primer círculo de afectos, pero también recogiendo ideas luminosas de foros, leyendo comentarios en Facebook, en blogs, en videos, en las “cartas a El Norte”, además, obviamente, de material de los autores que tradicionalmente reconocemos, como otros columnistas, académicos, filósofos, artistas, escritores. ¿Quién es el autor?, me pregunto cuando en mis manos sostengo el punto final que he de pegar en mi columna.

 

la foto(11)Otra confesión: la columna es apenas el escenario donde se representa “la obra”. Pero no todo lo que existe se ve. Aunque parece que hay un único mensajero y un grupo de lectores receptores, la verdad es que gracias a la tecnología yo también he sido formada por las opiniones de quienes me leen y que un día deciden sentarse a escribirme un mail. Confieso que no siempre contesto o que contesto pronto pero sin “conectar” como quisiera. A veces sucede, en cambio, que me encuentro serena, en un buen momento del día, para entrar en comunicación con quien me ha escrito para rebotar algunas ideas u opiniones. También me ha sucedido que de estas correspondencias epistolares nacen amistades, algunas de ellas han llegado a tocar mi vida y a transformar su curso. Algunas de estas relaciones, incluso, son tan antiguas que las he visto diluirse. Otras permanecen. Mi oficio me ha regalado la posibilidad de conocer a muchos compañeros de viaje. En un día como hoy el poder del agradecimiento se deja sentir para mis amigos lectores y para mis lectores amigos. Gracias por enviar mensajes de vuelta en la botella, o por detenerse a leer con atención lo que escribo. Gracias por las conversaciones de chat, por los correos, los intercambios de libros, las recomendaciones. Gracias por escribirme para decir “no me gustó” o “no estás viendo esto otro”. Gracias. A Javier, mi compañero y esposo, le agradezco no sólo ser mi primer lector y crítico sino compartir conmigo su mente dinámica, suelta, creativa, que en muchos sentidos me ha ayudado a desenredar la barca para ir más adentro.

 

Esto se está convirtiendo en perorata de quien se siente galardonada. Perdón. Sólo quería reconocer todas las voces, las mentes y las inspiraciones que me han influido tanto hasta borrar las barreras de la autoría. No podría mencionar algunos sin ser injusta con otros pero confío plenamente en que lo que estoy diciendo resuena de forma especial en quienes me acompañan comprometidamente en mi oficio. Gracias.

 

Por otro lado, y para terminar esta columna de aniversario, quisiera escribir un poco sobre lo que nunca ha merecido atención pero que sin embargo ha influido de forma contundente mi vida: el género de “columna de opinión”. Hoy en día es muy fácil encontrar opiniones más brillantes, más críticas y más inspiradores que las propias. Demasiada gente está ofreciendo su opinión en redes sociales y eso ha dado una merecida exposición al talento de millones de voces. Esta realidad me hace preguntar si mi oficio sobrevivirá, si mi espacio logrará actualizarse para cumplir con el ejercicio crítico y ético que emprendo cada semana frente a la luminosa página en blanco . Opinar es un ejercicio placentero que nos obliga a visitarnos para cuestionar a nuestro ego ¿ y yo qué opino? ¿cómo lo veo? Siempre se corre el riesgo de realizar una inspección de ombligo pero de pronto se liberan en la pantalla ideas que no pude construir sola, que tira hacia una visión de autoría compartida, más bien etérea. Identifico esas líneas cuando aparecen. Se sienten de alguna forma “dictadas” por el “espíritu del tiempo” que me tocó vivir. No me pertenecen, sólo me traspasan. Para que estas aves raras me visiten, estoy por confirmarlo, mi ilusión “de autora” debe ser, en todo lo posible, sacrificada. Por supuesto, prestaré mi ritmo, mis palabras favoritas, la tensión de mis dedos al escribir apasionadamente, pero acepto que la flecha que lanzo no quiero que sea mía, sino nuestra.

 

Hoy hace dieciséis años salió una barca. Pensamos que el viaje sería corto, ya no lo fue. Ha sido una aventura que casi me ha acompañado durante la mitad de mi vida. Mi trabajo se ha anudado con mi historia de forma que no se me ocurre separar lo que soy y mis aprendizajes personales con mi historia como columnista. Ha sido un viaje que me obliga a presentar mis agradecimientos. Por supuesto agradezco a la familia Junco de la Vega su confianza, a Martha Treviño su dirección, y a mi jefe Carlos Martínez el espacio de diálogo que hemos podido construir. A los correctores que me han salvado la vida y los editores con quienes he tenido el privilegio de hacer equipo, desde Raquel, Ana Cecilia, Mónica, Rogelio y Jorge, ¡gracias!. No me queda más que terminar con una última confesión. Opinar sobre lo que cada vez aparece más complejo, con tantas caras y posibilidades se vuelve más desafiante. Me he sentido en naufragio creativo e intelectual muchas veces. Reconozco que me he sentido incapaz de “bajar el balón”, es decir, de escribir sobre ideas que superan mi capacidad narrativa.

 

Esa es la ruta de mi barca, arrancarle palabras a la realidad. No dejen de contarme cómo viven ustedes mismos la tormenta, o el espléndido día primaveral. Les agradezco los frutos y el agua dulce que hemos compartido, entrañables compañeras y compañeros del irremediable naufragio al que nos dirigimos.

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3 comentarios to “Una columna sobre la columna”

  1. Graciela Rios abril 28, 2014 a 3:56 am #

    Gracias por la columna que me dedicaste. Aún recuerdo con mucho cariño cada palabra. Felicidades por tu espléndido recorrido. Un abrazo, ah, y no esperes el momento oportuno para un correo, con una breve nota de cuando en cuando, podemos llenar nuestras almas.

    • ximenaperedo abril 28, 2014 a 12:08 pm #

      Tienes razón, amiga. Tú llenaste mi tanque recientemente y yo te he venido juntado piedritas en estos días en que te pienso. Ya te las voy a colocar en un correo o notita. Te quiero.

  2. arturo abril 28, 2014 a 10:13 am #

    Muchas felicidades por tu aniversario como columnista! Espero que sigan muchos años más! Sigo tu blog desde hace un tiempo pero no me había atrevido a dejar un comentario. Me gusta tu estilo conciso, directo pero cálido y siempre correcto. Además, como regio viviendo del otro lado del mundo, me ayuda a mantenerme al día de lo que sucede en nuestra cada vez más decayente sociedad regiomontana y nuestro cínico gobierno neolonés. Saludos desde el lejano oriente, y nuevamente felicidades por tu décimo sexto aniversario como columnista de El Norte.

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