Racismo nuestro de cada día

23 Mar

Las recientes prácticas racistas contra jugadores de futbol no se reducen a un problema de comportamiento de algunos aficionados, ni tendrían que ser tratados por protocolos de la FIFA. Considerarlo un asunto así de especializado reafirma dos mitos: que en México el racismo es excepcional, y que responde a una problemática de conducta individual. Mientras tanto, el racismo institucional opera sin ser ni siquiera nombrado.

Hoy en el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial quisiera reflexionar específicamente sobre el racismo de todos los días, patéticamente cotidiano, que padecen en México las personas de piel morena.

En la última Encuesta Nacional sobre Discriminación, Enadis 2010, casi el 80 por ciento de los encuestados dijo que en el País se insulta a las personas por su color de piel. A pesar de esto, en su lista de grupos vulnerables a ser discriminados, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) tiene borrado de su radar a la población morena (el 64 por ciento de sus encuestados).

fridaAunque es sumamente grave, el insulto es apenas la punta del iceberg. El lenguaje racista importa porque es la lectura en voz alta de un cuerpo. Pero lo que importa es analizar qué lectura, bajo qué parámetros, resultado de qué historia se le está otorgando a un color de piel un significado. Si no lo contextualizamos política e históricamente, si no comprendemos el racismo como una práctica cultural de control no podremos revertirlo a partir de nuevos procesos culturales.

La distribución de poder y la jerarquía social con base en el color de piel son productos de una historia de opresión. Por no asimilarse a la religión, ni declararse súbditos de la Corona, ni someterse a la explotación sin luchar, las poblaciones indígenas fueron acusadas por los invasores europeos de tontas, indisciplinadas y flojas. Los “conquistadores” convinieron en que aquél era un problema original, de “raza”. Legado de ese pasado colonial es que aprendimos a “leer” el color de piel como un indicador de valor social y, todavía más grave, nos creímos el mito de que la “raza” existe.

El problema de fondo, con características de tema tabú, es que en México se dé por asumido que la persona “blanca” es más inteligente, más capaz y más confiable sin que además se advierta su posición histórica de privilegio.

El problema es relevante en la vida de millones de personas, pues los mejores puestos y sueldos siguen distribuyéndose por color de piel. Este racismo institucional se reafirma cuando vemos que en la propaganda gubernamental el color de piel es siempre un indicador de estrato social: mientras más moreno, más “pobre” y “necesitado de asistencia”.

En el año 2000, descubrimientos en el genoma humano indicaron que la especie humana comparte un 99.9 por ciento de información genética y que las diferencias, que caben en el 0.01 por ciento restante, son básicamente de apariencia. Por lo tanto, no existe correlación biológica entre nuestra apariencia física y nuestra manera de pensar o ser. Es decir, no existe “la raza”.

Como fue mencionado, la correlación que podríamos encontrar es un asunto más político-histórico que genético, cuyas repercusiones deben quedar mejor consignadas en la próxima encuesta del Conapred.

Si es tan grave el asunto, me preguntarán algunos, ¿por qué es que muy pocos lo reclaman?

Desde niños, las personas con piel morena sufren de una discriminación tan cotidiana, muchas veces empezando en la institución familiar, que terminan aceptando el hostigamiento como un problema personal (“es que soy moreno”), que deben aprender a “sobrellevar”. Salvo casos excepcionales, así se interioriza una inferioridad inventada y heredada por estructuras coloniales profundamente racistas.

Ante la duda de si uno mismo es racista conviene pasar de la pregunta obvia: ¿es usted racista? -casi todos contestamos “¡Por Dios, no!”- a una pregunta más política: ¿qué estamos haciendo para revertirlo?

Sobre esta reflexión recomiendo la conferencia de Stuart Hall:

ximenaperedo@gmail.com

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