Héroe traidor

3 Ene

“Cuando alguien expone que oficiales del Gobierno han roto de forma deliberada y rutinaria la ley, esa persona no debería enfrentar una vida en prisión por obra de ese mismo Gobierno”, publicó el ayer en su editorial el New York Times.

El rotativo londinense The Guardian hizo lo mismo. Cada vez se suman más voces a la exigencia de que Edward Snowden, el héroe traidor, reciba algún tipo de amnistía del Gobierno de Obama.

Según el mismo Snowden, su intención al insubordinarse no era cambiar a la sociedad, sino simplemente preguntarle si las cosas deberían seguir como están. La respuesta no ha sido clara, sin embargo. No sabemos qué tan vigilados somos por quienes debieran rendirnos cuentas, ni cuánto nos afecta que Google, Microsoft, Skype o Facebook ofrezcan nuestra información al mejor postor.

Quizá por esta ambigua reacción popular es que, a invitación del Canal 4 de Gran Bretaña, Snowden dirigió un mensaje “alternativo” navideño en el que subrayó que estamos siendo vigilados. La situación ha superado a la fantasía del escritor George Orwell, nos alertó. “Llevamos sensores en nuestros bolsillos que nos siguen a todas partes”.

Más adelante concluyó: “Y si el Gobierno realmente desea saber qué sentimos, preguntar es más barato que espiar”.


Se equivoca; sale más barato hacernos creer vigilados. A finales del siglo 18 Jeremy Bentham diseñó el panóptico, un edificio penitenciario cuya distribución hacía creer a los prisioneros que podían ser observados en cualquier momento sin saberlo.

panopticoSegún Michel Foucault, el panóptico retrata la eficacia de un aparato de poder que requiere a muy pocos para hacer sentir a millones vigilados y controlar así su conducta. Paradójicamente, las revelaciones de Snowden sobre la capacidad de espionaje de Estados Unidos hacia otros gobiernos, el libre y masivo acceso a datos personales, a correspondencia electrónica, perfiles de redes sociales, etc., fortalecen esta sensación “panóptica”.

En este temor, en esta incómoda sensación de no saber cuándo, ni cómo, ni dónde podríamos ser vigilados, vivimos. La paranoia incluso nos vuelve vigilantes entre nosotros mismos, los unos de los otros. Ésta es la máxima aspiración de los sistemas totalitarios: la cacería entre pares y la autocensura.

snowdenEl caso Snowden está cargado de dilemas y paradojas muy de nuestros días, cuyo desenlace tendrá importantes consecuencias culturales y políticas. Si se pasa el foco por otras cuestiones más allá del espionaje, se descubren aristas igualmente delicadas. Por ejemplo, ¿qué tan válida es la desobediencia por razón de conciencia? ¿Se puede traicionar un secreto corporativo cuando se vulneran derechos fundamentales? ¿Qué privilegiamos: la lealtad al patrón o la lealtad a la sociedad?

Estas preguntas son versiones distintas de una cuestión crucial: ¿será que el cambio que requiere nuestro sistema nacerá en pequeñas, en apariencia imperceptibles, emancipaciones personales? La facultad ética de Snowden lo distinguió de los motores que analizan y generan información. El ser humano tiene la libertad de despabilarse.

bambalinasAhora bien, ser consecuente con los principios personales ya no es una cualidad moral, ni un acto de resistencia, es, en la mayoría de los casos, un derecho por conquistar. Éste es el gran tormento de la crisis sistémica que vivimos: al ganarnos la vida la perdemos.

Pero la pinza del caso se cierra justamente en la importancia de la privacidad para definir estos principios irrenunciables. Hacerse de un espacio personal que no precisa de actualizaciones en el muro de Facebook es, hoy por hoy, salir de escena para descansar del personaje. Hacerse de un espacio de autonomía es la gran lucha cotidiana. Es un heroísmo que obliga a cierta traición.

ximenaperedo@gmail.com

Publicado el 3 de Enero de 2014 en El Norte, en Monterrey, Mx.

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