Sobre la idea de Santa Clós

23 Dic

red-and-white-coca-cola-santaComo animal salvaje encandilado me trepé a las escaleras eléctricas con una sensación que bastante debía parecerse a la angustia de las panteras frente al cazador. Necesitábamos comprar un champú antipulgas para Nikita y en domingo no había otro lugar abierto más que el gran supermercado del Fórum.  Quizá perdí la costumbre pero todas las luces, el canturreo de cada tienda, la decoración de esferas y pinos gigantescos me hicieron sentir saturada. La escalera nos escupió frente a la larga fila de padres cargando o sujetando niños, formados para tomarse la foto con “Santa”. Rodeamos el set tipo casa del Polo Norte. Una duende intentaba calmar a la nena que lloraba sentada en las piernas del supuesto viejo encantador. Me le quedé viendo a la niña que miraba desconsolada a sus frustradísimos padres. ¿Qué diablos está pensando este par?, pensé. ¿Es acaso una obligación “introducir” a los niños la creencia en Santa Clós?, ¿acaso estarán aguantándose las ganas de correr a cargar a su niña pero creen que es una experiencia “por su propio bien”? La imagen me voló la cabeza. Vi a los papás de aquella larga fila distraídos, más bien ausentes, como cumpliendo el papel del “programador” ingenuo que no sabe lo que está enseñando a sus hijos, que se forma porque ve fila. Sin duda fui injusta, pero la sospecha me llevó a hacerme más preguntas e incluso a proponer el tema en mi muro personal de Facebook. Las opiniones y experiencias ahí vertidas me ayudaron a colocar mejor mi “idea de Santa Clós”. Voy a resumir.

  1. La importancia del relato y del pensamiento mágico. Aunque ha sido un proyecto aguerrido, el paradigma evolucionista que sostiene la existencia de un único rumbo ascendente civilizatorio desprecia al pensamiento mágico como uno de los primeros estadios evolutivos. En contraposición con esta postura, la antropología social ha planteado que el pensamiento religioso–mágico y el científico pueden ocurrir paralelamente dentro de una misma comunidad e incluso dentro de un mismo individuo. Puedo, por ejemplo, estudiar para mi examen de física y pedirle a “la guadalupana” su intercesión. No hay nada que podamos hacer para cambiar esto; (casi) todos, de una forma u otra, creemos en la existencia de una fuerza superior desde la Diosa de las cavernas, el Dios del Antiguo Testamento, el “sincrodestino”, la mano invisible o cualquier otra modalidad contemporánea. Pero además, a menudo sucede que el pensamiento mágico termina convirtiéndose mediante su estudio, sistematización o método, en pensamiento científico. Lo que hoy es ciencia alguna vez fue considerado magia. No nos hace menos civilizados creer en brujos, en el espíritu santo o en Santa Clós. En cuanto a los relatos, parece que no hay forma de esquivarlos. Existen relatos ideológicos, literarios, históricos. Todo el tiempo estamos narrándonos el mundo. Pero además, nos gustan los cuentos. Esto no nos vuelve ni ingenuos ni presas fáciles de la estafa. Nos hace humanos, sencillamente. En ese sentido no caben críticas de valor ni mucho menos calidades de creencias mágicas. Cada quien es enteramente libre de elegir sus creencias, de crearlas, o de desecharlas cuando mejor le convenga (faltaba más).
  2. El peso de la comunidad. Sin embargo, debemos estar alertas porque existen creencias que se confunden con “verdades”. De la misma forma, ciertas comunidades integran a sus miembros a partir de credos o códigos que no están a discusión. Nuestra incapacidad para cuestionar algunas de estas ideas vividas como dogmas nos han llevado no a pocos descalabros históricos, pero quizá lo más lamentable es que algunas de estas creencias son asumidas tan sólo por haber estado antes que nosotros y por, seguramente, continuar después de nosotros. En este sentido es que importa que cuestionemos qué tan nuestras son las creencias que nos forman, qué tanto hemos participado en su construcción y si juzgamos justo/ético que esta creencia siga perdurando en el tiempo. Debemos estar alertas de que nuestros “vigilantes” no inhiban este proceso crítico pues, de lo contrario, podríamos simplemente actuar como máquinas programadas o como ordenadores que simplemente corren “software” diseñado por otros.cokesanta
  3. Las trampas del capital. A pesar de la desigualdad, la violencia y la contaminación que genera, el sistema capitalista sigue vigente porque más que un sistema económico es ya un sistema cultural. Desde el diseño urbano de nuestras ciudades hasta la educación escolar que recibimos, nuestros calendarios, el uso que damos a nuestros cuerpos, atienden necesidades mercantiles. Hay una enorme red de decisiones que se toman en espacios privados que impactan al grueso de la población y que, mediante inversiones en publicidad y “branding” llegan a parecer fenómenos naturales, inevitables, obvios. La Navidad, por ejemplo, siendo un celebración religiosa fue “secularizada” por Santa Clós para volverla tolerable desde el discurso político. Santa Clós es el rostro capitalista de la Navidad, es el personaje que “moderniza” una creencia. Luego, con ayuda de Coca-Cola el personaje se vuelve básicamente la “mascota” de esta marca que, a su vez, coloniza las navidades del mundo. Santa Clós es una creencia muy joven. Sin duda, el personaje no hubiera escalado tan rápido, ni colonizado el mes de diciembre sin ayuda de una mega campaña publicitaria que promueve la ilusión y la fantasía como bellos momentos de la infancia que debemos perpetuar.
  4.    La importancia de la programación. Con esta intención es que la mayoría de los papás motivan a sus hijos e hijas a creer en “Santa”. Es un buen recuerdo; por supuesto que sí. Ya no digamos recibir regalos de un viejo entrañable, sino dirigirle una carta de deseos y que éstos sean cumplidos es maravilloso. Nadie lo pone en duda. Esa no podría ser la discusión. Los niños y las niñas que reciben juguetes de Santa Clós viven con enorme ilusión la espera y la llegada de los regalos. La pregunta es si advertimos que estamos participando de una campaña publicitaria que no nos deja mucho margen de maniobra. O la haces de Santa o eres el Grinch. O entras a la campaña comercial o eres un antisocial. coke-santa-thirst-quencherAunque parezca que planteo un dilema sobre qué tan autónomos somos frente a este tipo de presiones comerciales, mi verdadera duda es si comprendemos el cansancio, el desgaste y la devastación ambiental detrás de la sobreproducción de bienes innecesarios. La Navidad se ha convertido en una campaña publicitaria del sistema capitalista. Somos obligados a comprar para participar de su espíritu. ¿Queremos que nuestros hijos sigan consumiendo por diversión? ¿Aún no advertimos cuán dolorosa es la huella de la industria plástica y química detrás de la industria de “los deseos”?
  5. Regalar y ser regalado.  Es cuestión de sacar la balanza y preguntar qué educación social queda detrás de la Navidad. Qué nuevas creencias, qué actitudes, quedan en los niños y niñas. Entre tanta melcocha es difícil observar si estamos introduciendo el vicio del consumo en las nuevas generaciones.
  6. La tropicalización de la idea de Santa. Ya soy mamá, o sea, ya se que no hay peor cosa que alguien más crea saber cómo educar mejor a tu hijo o hija. Cada familia introduce la idea de Santa, de los reyes magos, del ratón Miguelito, Niño Dios o lo que sea como puede, como quiere y como mejor acuerda. Yo ni siquiera tengo idea de cómo manejaremos estos temas en unos años más, cuando nuestra bebé se convierta en niña. En todo caso la palabra clave es la austeridad; la idea de fondo es la responsabilidad en el consumo, y la reflexión que queda es cuán delicada es la tarea de enseñar el mundo a nuestros hijos.
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