Miles de Goliats

15 Nov

amateursTenemos, como se dice, los pelos de la burra en la mano y no hay duda: nos están saqueando. La Auditoría Superior del Estado (ASE) nos reportó que en 2012, el Gobierno estatal no justificó el destino de 14 mil millones de pesos.

El robo así, sin más, también es una práctica sistemática de alcaldías, cuyas consecuencias ya eran evidentes a nuestros ojos. Pero dispuestos como están los candados, parece que los ladrones previeron no ser interrumpidos en el reparto.

La ASE entregó esta fiscalización elaborada a las cuentas públicas municipales y del Gobierno central a los Diputados para que éstos iniciaran procedimientos administrativos y penales por los desfalcos encontrados. Al menos 20 casos ameritan cárcel.

Tal claridad incomodó a los Diputados, sobre todo a los priistas, quienes intentaron desacreditar la investigación, acusando al Auditor de no medir con la misma vara las administraciones priistas y panistas.

En un episodio inédito, casi como revancha de la vida, los panistas presentaron ayer una denuncia penal contra el Gobierno estatal por el presunto desvío de 562 millones de pesos en despensas con fines electorales en 2012.

politizadosApenas el martes el dirigente estatal del PRI, Eduardo Bailey, amenazó a los Diputados panistas con convertir la discusión sobre las cuentas públicas en una “cena de negros” (sic).

Además de racista, el señor Bailey es cínico. Está llamando a los panistas a negociar silencios: “Y que el día de mañana esto será un boomerang”, dijo, “porque ellos también tienen Alcaldes de su partido de los que hay serios cuestionamientos, como Fernando Larrazabal”.

En lugar de reaccionar avergonzados, los priistas se dicen agraviados. En lugar de pedir perdón y disponerse a facilitar el deslinde de responsabilidades amenazan al bando contrario con vengarse cuando llegue su turno. Lo que falta en esta historia es la autoridad, es decir, falta la ciudadanía.

Ser ciudadano en Nuevo León es una condición más relacionada con la clase social de lo que nos gustaría aceptar.

La mayoría no tiene tiempo ni posibilidades de suspender sus actividades diarias para “participar políticamente”. Por lo tanto, la ciudadanía regiomontana se reduce a una élite informada, organizada y aunque no en todos los casos, con capacidad para representarse a sí misma en la “esfera pública”, es decir, aparecen en la prensa y sus opiniones tienen cierto nivel de incidencia.

Esa ciudadanía, sin embargo, es una auténtica minoría que de ninguna forma representa los intereses del grueso de la población que enfrenta problemas que nadie representa.

pezgandechico1Pero lo que la élite exige, denuncia o propone, tiene sin preocupación a quienes terminan tomando las decisiones, o ejerciendo el presupuesto público. El costo político de ignorarlos es menor. Lo acabamos de constatar en el patético desenlace de la Ley de Participación Ciudadana que, básicamente, es la última de las burlas que recibe la sociedad civil organizada de parte de sus supuestos representantes.

Pero aquí hay dos cuestiones que se nos pierden en el radar. La política es un concurso de fuerzas y la ciudadanía no se materializa con una credencial, ni mucho menos al cumplir 18 años. “Ciudadanizarse” no es un asunto de voluntad: es el resultado de una serie de condiciones que la mayoría en Nuevo León tiene canceladas.

En este sentido, para ampliar la base ciudadana, y representar una fuerza política real, es necesario cuestionar algunas estructuras culturales que perpetúan y ensanchan la inequidad política.

Habrá que comprender, por ejemplo, que el desempleo, los salarios mezquinos, las jornadas extenuantes, el pésimo transporte público, por mencionar algunos ejemplos, son condiciones relacionadas con la ausencia de ciudadanía.

Por ello, es necesario cuestionar que la pobreza sea entendida como natural a las sociedades y no resultado de decisiones, omisiones e ideologías institucionalizadas. De lo contrario, seguiremos viendo a los mismos ciudadanos, algunas veces exhaustos, con resultados que de ninguna forma acompañan al tamaño de sus esfuerzos.

Apelar a la leyenda de la victoria del joven David sobre el gigante Goliat no aplica en Nuevo León, pues, como ya lo demostró el Auditor Sergio Marenco, estamos rodeados de Goliats.

385Adenda

Basar el sistema económico en el consumo es un auténtico disparate que ha probado su agotamiento. La sobreproducción de bienes innecesarios retrata el fracaso de nuestra inteligencia. Nada de esto puede llevarnos a un “Buen Fin”.

Publicado en el periódico EL NORTE, el 15 de Noviembre de 2013, en Monterrey, México.

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