A propósito de doctores

27 Oct

En el discurso que (mal) leyó por el Día del Médico y el 70 Aniversario de la Secretaría de Salud, el Presidente Peña Nieto ensalzó a los doctores como próceres nacionales, recurriendo al cliché de considerarlos a todos sensibles y con vocación de servicio. Este prestigio lo merecen muy pocos médicos. El reforzamiento del doctor como autoridad científica y moral incuestionable vulnera nuestra salud.

Aunque generalmente usamos a las arbitrarias efemérides como pretextos de festejo, y el pasado miércoles habremos felicitado a nuestros doctores y doctoras queridos, en mi opinión faltó realizar una reflexión sobre los médicos que tememos encontrar en nuestro futuro. Médicos temibles no sólo por su trato déspota, sino, y esto es lo más peligroso, por su incapacidad para realizar investigación, para cuestionar y para reaprender, es decir, médicos programados para el lucro, cuyo único valor es la memoria.

food meme 16Comprender a nuestras enfermedades como brotes espontáneos, relacionados con el azar o la voluntad divina, y no como episodios históricos, cuyas causas pueden rastrearse y prevenirse, ha sido de gran utilidad para la industria médica. Acudir al médico revestidos de ignorancia sobre las funciones de nuestros órganos nos condena al consumo obediente de recetas. Nuestra falta de información nos arroja a los consultorios con la misma actitud con que otros acuden a la brujería.

Muy poco se ha reflexionado sobre cómo la escuela nos prepara para asumir nuestras enfermedades desde este consumo pasivo de diagnósticos y de medicinas. El sistema educativo, administrador de conocimientos, tiene una enorme responsabilidad en la crisis de salud. Nos enseñan a ignorar el cuerpo. Por lo general, pasamos de la primaria incapaces de explicar nuestra complejidad material, privándonos también del derecho a maravillarnos con nuestras propias entrañas.

cropwm (1)La mayoría de los médicos no alcanzan a comprender que su éxito comercial está relacionado con esta ignorancia. Muy pocos dimensionan su función pedagógica, mucho menos tratan a la persona enferma como protagonista de su proceso de sanación. La mayoría prefiere tratarlos como “pacientitos” y elimina toda apertura al diálogo. Inhiben que el enfermo presente sus dudas con un despliegue de prepotencia “científica”.

La ciencia ha gozado igualmente de un prestigio que, por suerte, ya comienza a desvanecerse. Sucede que lo que entendemos hoy por científico no siempre es garantía de verdadero. Muchas veces estamos únicamente ante una suerte de conocimiento dominante. Es decir, un conocimiento que se impuso sobre otros igualmente inciertos y con las mismas posibilidades de efectividad. No hay que olvidar la historia política y económica detrás de la ciencia médica.

Existe un conflicto de interés muy delicado cuando los médicos viven prolongando enfermedades. Los males “de nuestros tiempos” íntimamente relacionados con el estrés y la contaminación (de suelo, aire, agua y alimentos) sólo pueden ser tratados, pero no curados por la medicina. Aunque no lo confiese el doctor o la doctora sólo están controlando los síntomas (y en esto hay mucho mercado cautivo). Por ejemplo, el pediatra que garantiza su “clientela” al recomendar la leche de fórmula sobre la leche materna.

No lo advierten, pero los médicos son sometidos a una formación que pierde vigencia frente al convivio de conocimientos abiertos que suceden al margen de los sistemas cada vez más inaccesibles de salud. El jornalero que murió esta semana al quinto día de esperar ser atendido afuera del Hospital General de Guaymas “por no tener dinero” retrata una tragedia cada vez más cercana a la mayoría del pueblo mexicano y que desafía a nuestro instinto de supervivencia.

El espacio se acaba sin que pueda contraponer todo lo que he escrito con el sentimiento de gratitud que guardo hacia las y los doctores que apuestan a la vida aun en los contextos de trabajo más adversos. Celebro la arrojada generosidad de quienes no se aprovechan de nuestra vergonzosa ignorancia. Celebro el desarrollo científico y tecnológico lamentando que muy pocos puedan gozar de sus beneficios.

madre-naturalezaximenaperedo@gmail.com

Publicado en el periódico El Norte el 25 de Octubre de 2013, en Monterrey, México www.elnorte.com

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3 comentarios to “A propósito de doctores”

  1. Emiliano Sánchez (@E_miliano_) octubre 29, 2013 a 3:55 am #

    Desafortunadamente la industria médico-farmacéutica está organizada en torno a la enfermedad. Su eterno negocio es que los pacientes nunca se curen, pero siempre se estén curando, que traducido a sus intereses significa el consumo constante de los medicamentos producidos por los mismos laboratorios que patrocinan universidades para que enseñen “la cura correcta” para cada tipo de malestar; que tienen acuerdos con hospitales para que usen sus productos; y que realizan eventos en donde tratan como reyes a doctores públicos y particulares para introducir nuevas fórmulas para tratar ciertas enfermedades y convencerlos de que las receten. Y como bien dices, muchos doctores no están al tanto de que son parte de esta cadena que mantiene a la gente atada a los servicios de salud —cada vez más privados e inaccesibles.

    Rara vez un médico te dirá —tal vez lo desconozca— que con adoptar una dieta realmente balanceada podrías evitar casi la totalidad de tus consultas y ahorrar enormes cantidades de dinero. Afortunadamente, como también mencionas, el discurso de la medicina alópata es cada vez más cuestionado dado el éxito de métodos alternativos como los de la medicina —o simplemente salud— oriental, que hacen evidente que el cuerpo es capaz de ser su propia cura si recibe los insumos necesarios y se deshace de los innecesarios.

    No me sorprende ver que la ciencia está en crisis, pues es un simple reflejo de la crisis generalizada del sistema capitalista. El avance científico alcanzado hasta hoy se ha visto fuertemente limitado por la subordinación de la ciencia a los intereses del capital. El desarrollo del conocimiento no opera bajo la lógica de una empresa y ya se han hecho grandes sacrificios en esta materia solo porque no se cumple la ley suprema del máximo beneficio. Estos sacrificios los pagamos siendo una sociedad enferma, una sociedad sucia, desperdiciada, ineficiente, antieconómica, excluyente. Y aún nos cuesta trabajo creer algo que no pertenezca a los discursos hegemónicos u “oficiales”. Aun cuando el mundo está lleno de ejemplos que los desarticulan.

    Por supuesto la generalización hecha sobre la ciencia no aplica si hablamos de una ciencia libre, que sin duda existe, pues la curiosidad humana por el saber es insaciable y siempre sigue su rumbo. Como si tuviera vida propia.

    • carlos noviembre 10, 2013 a 12:58 am #

      Puras medias verdades.
      Ah caray, ¿Donde se estudia la medicina alopata? la homeopatía es un pseudociencia, que lamentablemente se enseña en lugares como el ipn. No nos extrañe que al rato también enseñen astrología.
      La ciencia es ciencia, y si no fuera por ella los niños seguirían muriendo de polio, viruela y sarampión y ninguna dieta balanceada los salvaría.

  2. Natalia (@natali_mx) noviembre 5, 2013 a 6:48 pm #

    Ahora entiendo porque mandan siempre y conocen los médicos, muy bien las medicaciones para el dolor.
    Médico al paciente: -Pues toma estos medicamentos para el dolor y esto para el dolor de cabeza y esto para el dolor antes de que venga y este para el dolor posterior al dolor… Paciente al Médico: pero, no sería mejor investigar qué está causando el dolor, señor doctor?.
    Médico: ¿Pero qué te pasa?, Yo soy el médico y los pacientes no le dicen qué hacer al médico!!. Para eso estudie más de 5 años.

    Me han tocado también burlas de parte de los doctores, ¿Y cómo empezó todo, así de la noche a la mañana como cuento Kafkiano?. O el típico: “Échale ganas”.

    Estamos de verdad frente a un grave problema del Sistema de Salud corrupto, ineficiente, ineficaz, que además solo dan paliativos, no creen en la gente (si al jornalero que ya moribundo le dicen que se veía bien!! imagínense!!) pero también son los médicos parte de ese problema; si no dicen nada, si no se quejan, pues el que calla otorga y añadir más la incapacidad o soberbia de no querer ver sus propios errores y no aceptar que muy pocos tienen vocación para ser médicos y pocos saben tratar de forma humana a los pacientes y aceptar que ellos no lo saben todo y que no aceptan que el paciente también tiene mucho por decir sobre lo que siente y sobre por donde buscar; simplemente, para el médico el paciente no tiene o poco tiene voz y voto.

    Conozco a un médico que era amigo mío que me decía: Que un paciente le dijo y le dio información de estudios científicos recientes sobre su padecimiento, y él mi amigo me dijo: que cómo iba a aceptar algo de un paciente que no tiene idea de medicina.

    Sin duda, la ignorancia (nuestra de pacientes) y la de los médicos: mata.

    Como dice el dicho: “El médico entierra sus errores”.

    Sé que hay excelentes médicos pero son contados y son inaccesibles para la mayoría de personas que no somos ni ricos, ni estrellas de la t.v. para tener la atención e interés de ellos.

    Saludos.

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