Espejito, espejito…

18 Oct

Al creer que su desprestigio es provocado por un mal manejo de su imagen, los políticos cometen la estupidez de contratar más publicidad. Según lo entienden, si su popularidad está a la baja es porque ha faltado inversión en su imagen.

En este torpe intento nos llevan a la quiebra sin salvar su prestigio. No han comprendido que existen diferencias sustanciales entre el manejo de una marca y el de un Gobierno. La confusión los retrata ridículos, como opacas “estrellas” de la televisión local.

La publicidad tiene por objetivo persuadir. Un anuncio nos puede convencer de realizar alguna compra, pero es muy difícil que con propaganda se transforme la percepción que tenemos de un Gobierno ausente. Se pueden inflar burbujas, pero éstas terminan reventándose.

Los políticos en general, pero especialmente los nuevoleoneses, despilfarran dinero ajeno en el manejo de su imagen (ver el estudio “El costo de la legitimidad”, del Centro Fundar 2013 publicado en abril). Aunque pretenden retratarse fuertes y capaces, la grave dependencia que tienen de su aparato de comunicación los evidencia más bien temerosos. Esta inseguridad los hace obedecer los consejos de sus “chamanes” los publicistas con extrema sumisión, aunque eventualmente su impericia política los arrastre a los abismos de las rechiflas.

homero_2El éxito del asesor de imagen o de la dirección de Comunicación Oficial, sin embargo, no es convencer a las audiencias de la valía de un político, sino en saciar la angustia de su jefe o de su cliente. Hacerle creer que la estrategia está funcionando es lo que los ratifica o no en su puesto, es lo que extiende o cancela el contrato.

Margarita Arellanes es el ejemplo más actual de este fenómeno. Intenta cualquier receta, siempre con cargo al erario, y termina creyendo esas fantasías. La tendencia en este tipo de personajes egocéntricos es a convertir el Gobierno en una agencia de autopublicidad. Es el mismo caso de la Secretaría de Turismo de Nuevo León que abandona sus obligaciones de conservar y hacer accesibles los parajes turísticos, por ejemplo, para concentrarse en publicitar un idílico “Nuevo León Extraordinario”.

1349281011_443492506_5-Air-dancer-monos-bailarines-inflables-para-publicidad-y-propaganda-politica-Metropolitana-de-SantiagoSucede también que la popularidad deviene en fracaso. Es el típico caso de los esfuerzos encaminados a multiplicar seguidores en redes sociales para luego usar esos canales en promociones absurdas como regalar boletos para partidos de beisbol o rifar carnes asadas. Ante los cuestionamientos bien formulados de ciudadanos usuarios de las mismas redes los autoritarios políticos no saben cómo responder. Entonces uno se pregunta cuánto estamos pagando por el patético espectáculo.

Esto no tendría mayor gravedad si se tratara sólo de eso, un espectáculo mediocre o un pésimo producto publicitado hasta el hartazgo, pero nos está cancelando el derecho a un Gobierno. La política es la administración de recursos limitados para solucionar necesidades públicas complejas. El uso negligente de estos escasos recursos evidencia precisamente la incompetencia de sus administradores.

Pese a lo anterior considero que sería muy ingenuo creer que la política puede prescindir de estrategias para socializar mensajes o información. El poder de la publicidad podría ser determinante en la mejora de nuestras prácticas de convivencia e incluso en la madurez de ciertos valores democráticos. Pero para ello tendríamos que preguntarnos ¿qué clase de ideas merecerían ser difundidas con dinero público?

Hay publicidad mediocre que es prácticamente la que nos aburre a diario y publicidad exitosa, que efectivamente mueve voluntades. A diferencia de las marcas o los productos, es un absurdo publicitar gobiernos. No se puede gobernar y seguir en campaña. Sin embargo, no sólo es deseable, sino necesario que los gobiernos realicen esfuerzos por difundir cambios culturales imprescindibles para mejorar la calidad de vida de las poblaciones.images

La publicidad de los políticos debe cancelarse inmediatamente no sólo porque así lo estipula la ley, sino porque nos está negando derechos elementales como inversión en salud, transporte, recuperación de espacios públicos, mantenimiento de calles y parques, entre otros.

Quizá es esperar demasiado, pero qué bien nos haría un cambio en la estrategia de imagen de los políticos de Nuevo León. Ser auténticos, comprender su responsabilidad con el futuro y prepararse intelectualmente también podría mantenerlos en el poder.

ximenaperedo@gmail.com

Publicado en el periódico El Norte el 18 de Octubre de 2013, en Monterrey, México www.elnorte.com

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