Endeudar y arraigar

25 Sep

102414La reforma financiera fue aprobada sin que se discutiera públicamente. Quienes trabajan para la marca “Pacto por México” dieron su voto sin profundizar en la gravedad de los nuevos ordenamientos.

Algunos intereses, como los de la Banca privada, están sobrerrepresentados en la gestión pública. Es el caso de esta reforma financiera que facilita el endeudamiento, el arraigo y el embargo y se atreve a decir que con ello se recupera la función social de la Banca. Desvergonzados.

Son varias capas de un mismo problema. La primera que distingo es que existe un desconocimiento programado en materia financiera. Siendo un poder tan importante, desconocemos su funcionamiento. Se cree que es asunto que requiere de especialidad, como si se tratara de materia científica y no de la vil sofisticación de la usura que es.

Es mejor que no nos enteremos cómo se crea dinero del dinero, cómo se inflan burbujas de especulación y cómo se desploman economías nacionales, ya no digamos domésticas, con un par de clics.

Si comprendiéramos el poder de la élite financiera mundial y de cómo impacta gravemente en nuestra cotidianidad, advertiríamos que el tratamiento secundario que se ha dado a esta reforma ha sido una estrategia deliberada para evitar dar explicaciones.

El segundo problema es que mientras unos cuantos están sobrerrepresentados, las expectativas de las grandes mayorías son sistemáticamente desoídas. Es un problema enorme porque corrompe el último aliento democrático que le queda al País. No ser tomados en cuenta en la discusión de asuntos que impactan nuestra vida debería de comenzar a estimarse como criminal.

Abaratar los créditos -es decir, la contratación de deuda- en un país pobre denota falta de escrúpulos, sobre todo cuando para garantizar su pago el riesgo lo asume únicamente el contratante. Con estas reformas a 34 leyes, quien no paga podría ser privado de su libertad, y/o sus bienes podrían ser tomados como pago. A esto le llama Luis Videgaray, Secretario de Hacienda, “agilizar la ejecución de garantías”, pero él lo justifica como condición justa para abaratar los créditos.

Esto quiere decir que a los mexicanos se nos están recetando créditos chatarra. Es decir, créditos arriesgados y baratos. Los riesgos, como siempre, los corre quien se atreva a contratar. El problema es que el consumidor no tiene la información mínima para saberse en riesgo. Peor aún cuando la publicidad oficial y de la propia Banca comercial celebrará la idea de que todos nos endeudemos sin temor.

Podríamos pensar que los bancos no se pondrían en riesgo de otorgar créditos a quien no pueda pagar, pero, ya lo vimos en 1995, estas corporaciones no saben perder. Si todo les llegara a salir mal, el Gobierno respondería rescatando con dinero público su negligencia financiera. Por eso no es sospecha infundada que jueguen a generar crisis. Lo difícil de creer es que inviten otra vez a los mexicanos a perder.

Un argumento que escuchamos en los defensores del Pacto por México -un nuevo ente político, cuya única ideología es neoliberal- es sugerir un atraso tan sólo por no estar haciendo lo que otros países hacen. Como si las economías estadounidense o europeas no se estuvieran yendo a pique, el discurso oficial intenta convencernos de que nos alineemos por las buenas a las malas.

El Gobierno federal y la gran mayoría de los Gobiernos estatales y municipales, sin importar el partido político, están programados para copiar modelos que han fracasado, cuyo costo es asumido por las mayorías. Aunque poco se advierta, el capital financiero no sólo vulnera nuestros derechos económicos al ofrecernos apetitosos créditos tóxicos, sino que afecta nuestras democracias al imponer una política sin consenso.

El desarrollo es deseable, por supuesto, pero este objetivo no puede encomendársele a la Banca comercial. Desarrollo es distribuir riqueza, de lo cual entienden muy poco los banqueros. Es como poner la sangre en resguardo de vampiros.

La Banca nacional de desarrollo, en cambio, sí tiene vocación social. El paquete de modificaciones promueve a la Banca pública como competidor en el mercado de créditos. Es una apuesta interesante, pero mal manejada podría ser desastrosa.

Este Gobierno nos conduce hacia la bancarrota. Para colmo de males, hay quien lo agradece.

ximenaperedo@gmail.com

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