De cubetazos helados

21 Jul


¿Estaría usted dispuesto a cometer un acto ilegal mientras a nadie haga daño?, preguntó la Coparmex al pueblo regiomontano en una encuesta reciente.

Los resultados fueron recibidos como “cubetazo de agua fría” por Alberto Fernández, presidente del organismo, ya que el 33 por ciento de los participantes aceptó que, en ese supuesto, desobedecería la ley.

“Un acto ilegal siempre hace daño, ya que, cuando menos, demerita la integridad de la persona que lo comete”, señaló Fernández en rueda de prensa, pero yo tengo mis dudas.

No hace mucho hubiera aplaudido un discurso sobre la grandeza moral de quien obedece incondicionalmente a la ley, pero a últimas fechas he comenzado a preguntarme a cuántas personas nos afecta que otros “cumplan la ley”.

Es decir, resulta peligroso creer sin reflexión, casi como dogma de fe, que la ley es autoridad incorruptible, pues, como queda claro, el desastre político, los fraudes electorales, la impostura de la representación, los ecocidios y un largo etcétera se han fraguado precisamente al amparo de la ley.

El tema da para mucha reflexión. Por un lado nos invita a preguntarnos qué es la ley, desde cuándo la obedecemos y cómo fue que se coló en el discurso que su naturaleza era pura, noble e infalible (casi como una diosa).

Por el otro lado, nos viene bien discutir cómo decidimos someternos a un contrato social. No es ocioso preguntarse esto, de lo contrario, sólo estaríamos cambiando prótesis a un sistema que, paradójicamente, funciona a base de corrupción e impunidad.

Es mucho más fácil observar el pasado críticamente que el presente. Por eso no nos cuesta trabajo ridiculizar ciertas ideas, como, por ejemplo, el sustento monárquico que supone que es el mismo Dios quien elige al rey como autoridad y por lo tanto su poder es incuestionable. Cuando esta idea se volvió inverosímil las ideas republicanas plantearon un nuevo tablero y nuevas fichas. Muchas cosas mejoraron, otras empeoraron, pero quizá las más permanecieron idénticas aunque con distinto nombre.

El contrato, el uso de las firmas, la figura de un juez y de un legislador sustituyeron la chirriante frase “por voluntad divina” y con esto casi todos quedaron conformes. El problema ha venido apareciendo como cubetazo de agua helada escalonado. Existe un riesgo, que a nadie le gusta ver, de que la “ley” sea tan arbitraria como caprichoso era el rey.

Por más consolidado que esté un Estado de Derecho -y no es nuestro caso-, siempre se corre el riesgo de que las instituciones se sometan al control de quien gobierna, o bien que existan grupos tan poderosos que se vuelvan constitucionalmente inmunes.

Es decir, que sin cometer ilícitos puedan realizar cualquier tipo de desmán y con ello dañar irreversiblemente a la sociedad. Así que el problema es mucho más complejo y grave de lo que sugiere la Coparmex.

Si a esto agregamos la calidad legislativa con Diputados federales como Fernando Larrazabal, Senadoras como Ivonne Álvarez y los personajes que usted también conoce, no hace falta ser una lumbrera para preguntarse si las leyes no están naciendo chuecas o por encargo.

Pero desde mi perspectiva existe otra idea que nos hace fracasar en casi cualquier intento de legislar con justicia. Y es que desconocemos lo humano.

Creemos conocernos y estar listos para regularnos, ponernos castigos y darnos permisos, pero, según advierto, todavía vivimos un conductismo trasnochado. Necesitamos que nos obliguen porque no estamos en posibilidades de “obligarnos” libremente.

En la misma conferencia de prensa, Alberto Fernández comentó que la Coparmex promoverá mediante una campaña la cultura de la legalidad y demandará el “exceso de regulación” como un problema que incentiva la corrupción. Y aunque podría creer que por “legalidad” y por “exceso” entendemos lo mismo, me queda la duda si, por ejemplo, los manifiestos de impacto ambiental o las consultas públicas podrían ser consideradas “un gorro” del que se puede prescindir.

¿Estamos frente un problema de desobediencia o de sumisión? ¿Cómo podría recuperar la ley su autoridad? Me gustaría tener algunas soluciones para el problema que estoy planteando, pero comprendo que por el momento tenemos mejores preguntas que respuestas.

ximenaperedo@gmail.com

Publicado el viernes 19 de Julio de 2013 en el periódico El Norte, en Monterrey, N.L, México

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