El mercado La Luz

28 Jun

 

Las flores de nadie también crecen en las grietas de las banquetas. Nacen dentro de las fallas del concreto, hijas del pavimento desprendido. Las hay de un color amarillo muy intenso y son hermosas.

Nos recuerdan lo que sobrevive sepultado. Eso que seguimos siendo aunque nos pase desapercibido. Son los saberes que perdieron la competencia. Es la tortilla de maíz criollo, el pan de horno de barro, las manos artesanas, las polkas.

No es casualidad que el Mercado La Luz nazca precisamente en el Centro de Monterrey, es decir, en el corazón de la gran urbe.

Es una respuesta a la oscuridad material y simbólica de la larga noche regiomontana aunque, al mismo tiempo, también es un posicionamiento pacífico global de quienes buscan recuperar los lazos de confianza, el espacio común y la identidad perdida.

No se imagine el mercadito conocido, de pacas de ropa usada, de venta de productos plásticos o de comida chatarra. Este mercado se camina diferente porque en su lógica económica cabe la generosidad. Los comerciantes son los productores de lo que ofrecen en venta. La calidad se garantiza intercambiando miradas, conociendo el proceso de elaboración y, más aún, recibiendo talleres para cosechar en casa alimentos de primera calidad.

Podría pensarse que la generosidad obstruye el crecimiento económico, pero esto es sólo una idea que el mercado capitalista ha impuesto en nuestras cabezas. La obsesión por acaparar y competir sólo ha producido una diminuta élite de “campeones” que cree que el conocimiento es propiedad privada y que el engaño es necesario para generar lucro.

El Mercado La Luz se instala cada 15 días en los corredores de la plaza del Barrio La Luz (entre las calles Espinosa y Platón Sánchez), que está cumpliendo sus primeros 100 años de vida.

Ese parque es el escenario ideal para sumergirse en el recuerdo de la otra identidad regiomontana. La del personaje poco pretencioso, resuelto a disfrutar los detalles sencillos de la vida, cuya inteligencia se revela en su sentido del humor y en su austeridad.

Ese polo de la alteridad regiomontana está atrayendo a muchos jóvenes que no se contentan con la idea de “perder la vida para ganar la vida”. Están dispuestos a sacrificar los paliativos con los que el sistema suele condecorar a sus mártires. No tendrán un auto del año, ni irán de compras a McAllen, no aspiran a ello, pero están comprometidos a abandonar su rol de consumidores pasivos para producir, y de paso van abriéndole respiraderos a la Ciudad.

No es la única experiencia en la Ciudad. En los últimos años los artesanos y productores independientes han procurado espacios en donde sus cualidades sean valoradas. Desde el Mercado de la Fregonería o el de Tampiquito hasta los mercaditos de trueque y las “gratisferias”, la gente está encontrando formas nuevas, mucho más disfrutables de consumir y producir.

Lo que urgen son posibilidades de transformar en el presente la propia calidad de vida procurando que, de este modo, el entorno mejore junto a nosotros.

Por eso este tipo de iniciativas ciudadanas han tenido tanto éxito en las grandes ciudades metropolitanas, como Guadalajara, pues sin declarar la guerra, ni cantar la muerte al neoliberalismo abren flujos en direcciones no capitalistas.

Hoy viernes asista para encontrarse con esto que le platico. Encontrará frutas, verduras, granos y legumbres orgánicos. Tamales en hoja de plátano, de elote, de acelgas y hasta de repollo. El grupo Tayer amenizará la tarde. Artesanos, jaboneros, diseñadores lo están esperando.

Pero si usted quiere tener una experiencia mucho más intensa lo animo a que pruebe el poder de la tierra norteña bien cariñada, lleve a su casa chile serrano orgánico.

Una de las personas que se divierten en el Mercado La Luz es el poeta Francisco Serrano, vecino del parque y quien escribió este poema que me recuerda ese amanecer sencillo de los sobrevivientes del concreto: “No piden agua./ Ni un aroma delatan./ Visten los rieles/ de amarillo, entreabiertas,/ esas flores de nadie”.

ximenaperedo@gmail.com

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3 comentarios to “El mercado La Luz”

  1. adrian junio 28, 2013 a 3:28 pm #

    M encantó tu texto. Como dice un compa artesano de Ensenada: La merca cuesta lo que vale y la plática es gratis. 🙂

  2. Melvin Delgado junio 28, 2013 a 3:48 pm #

    Todo lo visible de esta espacio es sumamente disfrutable, solo no he ido en una ocasión desde que empezó… Conozco compañeros y amigos que van y ofrecen su productos, y cómo en todo tienen que organizarse… Me preocupa que en esta organización empiecen a moverse intereses económicos… se de antemano que todos pagan una cuota, misma que es mucho más alta que la que se paga en cualquier otro espacio similar, y cada vez es más difícil organizarse en aspectos como la luz y la limpieza… solo espero que este espacio no se convierta en uno dónde solo los que puedan pagar puedan estar. La esencia del mercado es otra y es magnifica… hay que cuidar no perderla.

  3. Martha cavazos octubre 27, 2013 a 8:26 pm #

    En qué fechas son los mercados, por favor. En esa placita jugábamos mis hermanos y yo hace muchísimo cuando pequeños y sería un gusto volver a ir.

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