El poder de las preguntas

7 Abr

sed hambreSi estuviéramos ciertos de que quienes sufren son nuestros iguales actuaríamos en consecuencia. Si se tratara de nuestra madre no podría escribir la siguiente línea, y usted no tendría calma para leerla. Es justo entonces aceptar que, aunque lo seamos, no nos creemos hermanos de los pobres. Con eso basta para levantar el muro de la indiferencia. Indiferencia que se fortalece con el argumento de la inevitabilidad.

Cuando nos pica el gusano de la empatía o de la consideración nos hacemos un hoyo rascándonos la cabeza pensando en cómo podríamos erradicar la miseria. Qué podríamos hacer usted y yo para evitar que tantas personas en el mundo apenas y reúnan fuerzas para existir, para sobrevivir a la sed, a la malnutrición, a las infecciones provocadas por ambientes insalubres.

Usted y yo hablamos. Decimos cosas o en un arrebato de lucidez salimos a compartir lo que tenemos. Pero la pobreza no termina. Parece inevitable. Por momentos se nos revela la imagen de una máquina de exclusión, una nave salvaje que sobrepasa los esfuerzos individuales de cualquiera. Produce hambre, depresión y vulnerabilidad. Es una estructura muy pesada que a los políticos en sociedades culturalmente muy atrasadas conviene perpetuar. Ése es el caso de Nuevo León.

En nuestro Estado todos somos convidados a jugar Monopolio, pero la mayoría comienza el juego con enorme desventaja frente a los pocos que concentran toda la riqueza. Así es el azar. Nos tocó nacer pobres o ricos, pero, por desgracia, la brecha de inequidad que en los últimos 30 años se ha extendido tanto nos asegura morir en idénticas condiciones a nuestro nacimiento. La parálisis social y la desigualdad se han agravado como nunca en la historia. Tanto que parecemos, en verdad, desiguales.

Las imágenes escalofriantes de la miseria en el norte y sur del Estado y la sed infrahumana que padecen tantos nuevoleoneses en la zona rural y en las márgenes de la Ciudad nos obligan a preguntarnos qué tan ético es resignarnos desde nuestras comodidades. Por supuesto no intento picar el botón de la “culpa”, eso es demasiado miope para ser efectivo. Trato más bien de preguntarnos si tenemos algo que ver con la pobreza de los otros.
desigualdad1
No necesariamente lo veo a usted y a mí como responsables directos, pero sin duda podríamos incidir, de eso estoy segura, en mudarnos a una actitud mucho más crítica frente a la miseria humana.

Hay muchas realidades que no nos hemos cuestionado. ¿No necesitaremos fijar un límite ético para la concentración de capitales?, ¿cuánta desigualdad es tolerable?, ¿la educación que recibimos nos prepara para erradicar la miseria humana?

Hace unas semanas la empresaria Cristina Sada, ex candidata al Senado, abordó el tema de las herencias millonarias en entrevista con la periodista Sanjuana Martínez. Ella se preguntaba qué tan socialmente responsable es heredar cantidades desproporcionadas de dinero a los hijos; peor aun cuanto estos hijos dilapidarán la fortuna sin menoscabo de los daños sociales que causen o sin conciencia de los beneficios sociales que podrían generar. ¿No sería bueno pensar en un límite?

desigualdadEstoy cuestionando las reglas del capitalismo y la Ley, pero para nadie es una novedad que la concentración de capital es la primera causa de desigualdad y marginación social. Además, la acumulación sin límite es sólo una de las miles de formas que puede tener nuestra política económica. Es preciso abrir el candado de nuestra imaginación para ver otras posibilidades.

Pero este proceso de mudanza comienza con la indignación. A los 93 años, Stéphane Hessel publicó en el 2010 un panfleto titulado “¡Indígnate!” que sirvió de chispa para que el movimiento de los indignados se encendiera en la Puerta del Sol en Madrid, hace dos años. Ese movimiento cuestionó las políticas económicas desde la solidaridad y no sólo desde la búsqueda de la seguridad personal.

Declarémonos hartos de bajar la mirada ante la pobreza, ante el explotado y el sediento. Como está diseñado el sistema nos obliga a pasar indiferentes frente a los cinturones de miseria de la Ciudad que en lo profundo quiebran nuestro corazón.pobreza-2012

No subestimemos el poder de las preguntas. El punto débil de este sistema es justamente su irracionalidad.

ximenaperedo@gmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: