Matrimonio histórico

29 Mar

tocinosLa discusión sobre la legalización de matrimonios entre personas del mismo sexo en la Suprema Corte de Estados Unidos ha sido de gran ayuda para reconocer que ya la mirada nos cambió. El tiempo ha hecho esa maravilla.

Así como un buen día resultó ridículo sostener algún tipo de reserva legal hacia la raza negra o negar a las mujeres el acceso a las universidades, hoy estamos por aceptar que la orientación sexual de una persona no condiciona su calidad ciudadana.

El caso que se discute es el de Edith Windsor, hoy de 83 años, casada en Canadá en 2007 con Thea Spyer, quien murió en 2009. El motivo de la discusión es que al no reconocer su matrimonio, el Gobierno federal obliga a la viuda a pagar impuestos por su herencia. Es un asunto práctico. Es la discusión sobre si el ejercicio de derechos civiles es para todas las personas. Pero de fondo se enfrentan, de nuevo, el discurso religioso contra el científico.

gay actualizacionLos alegatos que se han escuchado en la Corte han evidenciado la importancia de las leyes para crear realidades. Desde que nos inventamos que hay una forma natural de ser, hemos realizado esfuerzos insufribles por encajar en el tirano guión. Todos hemos sacrificado nuestro sentido común para alinearnos a este tipo de pautas sin advertir que, sencillamente, podíamos modificarlas.

No hay forma de comprobar que existe una verdad absoluta, pero sí podemos comprobar el peso de las verdades dominantes. Por desgracia, no todo se resuelve con este cambio de perspectiva. Apenas nos descubrimos enmarañados. Sucede que un buen día aceptamos el dominio de la ley por sobre nuestras voluntades individuales, pero no contábamos, o entonces no lo supimos ver, con que las relaciones opresivas podían disfrazarse de “legales”.

El episodio democrático que sucede en la Suprema Corte estadounidense nos invita a que realicemos más a menudo el ejercicio de preguntarnos qué tanto está siendo moldeada nuestra experiencia de vida por “las leyes”. Algunas de ellas son más déspotas que cualquier reyecito del siglo 17, pero “las damos por hecho”, como si se tratara de un asunto de fe. Es decir, que bajo el argumento de que “es legal” nos hemos acostumbrado al papel de perdedores.

Cuando en 1831, Alexis de Tocqueville visitó Estados Unidos constató que esa “igualdad de condiciones” que supuestamente celebraba el contrato democrático seguía garantizando los privilegios y las ideologías de la élite dominante. Así, por medio de un discurso “moderno”, se transformó la servidumbre forzada en voluntaria. La astucia de Tocqueville lo hace concluir que el amo supo disimular bien la coacción.
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Doscientos años después, millones de ciudadanos estadounidenses exigen que su Gobierno garantice esa promesa de igualdad de condiciones y abandone el discurso “naturalista” que se aparta de toda evidencia científica. Porque no existe argumento lógico que justifique que los derechos se condicionan según orientemos nuestra sexualidad. En las audiencias públicas de esta semana, los detractores del matrimonio homosexual no han podido señalar cómo éste dañaría a la sociedad o a la figura del matrimonio heterosexual.

A esta generación de ciudadanos -de todas las edades- nos corresponde cuestionar el destino de una humanidad que se esfuerza tanto en ceñirse a ciertas pautas inhumanas. Ha llegado la hora de incorporar al discurso ciudadano la importancia de la narrativa legal para crear realidades sociales. La discriminación por orientación sexual es sólo uno de los absurdos contenidos en el discurso legal.

Siento la emoción que seguramente sintió la generación que escuchó en vivo el legendario discurso de Martin Luther King Jr. a los pies del monumento a Lincoln. Un discurso sin retorno. Me estremece que siendo tan diminutos vamos a tener el privilegio de atestiguar una transformación histórica. Porque, efectivamente, doy por un hecho que a partir de junio, cuando la Corte falle sobre este caso, daremos un paso sin reversa.

Bienvenida esta bella toma de conciencia escalonada.

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ximenaperedo@gmail.com

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Una respuesta to “Matrimonio histórico”

  1. omar martinez abril 1, 2013 a 7:20 pm #

    Cuando aceptamos que todo mundo tiene derecho a amar a quien se le pegue la gana y a creer en lo que se le antoje, esto incluye a los gays y a los que no están de acuerdo con el comportamiento homosexual.
    El verdadero reto de este asunto es encontrar el punto de equilibrio y evitar tanto la discriminación que se ha dado contra los gays como la satanización de las expresiones y persecución de las ideas que se ha dado últimamente contra quien se exprese contrario al comportamiento gay.
    Saludos

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