Después del meteorito

22 Feb

El meteorito que cayó la semana pasada en los Montes Urales nos recordó que vivimos en una gigantesca bola que flota en “la nada”.

La noticia nos sacó de órbita y, por algunos segundos, quedamos paralizados. Pareció como si la misteriosa bóveda celeste apareciera de pronto, rotunda, destronando cualquier otra preocupación. Por unas horas nos supimos frágiles e idénticamente vulnerables ante los caprichos cósmicos. Luego lo olvidamos, sin advertir las implicaciones políticas de este desenfado.

Es fácil olvidarse del cosmos. Cuando el Sol se esconde y la oscuridad se va vaciando por las ciudades, los letreros luminosos se encienden. Los focos y las pantallas iluminan nuestras casas, oficinas y habitaciones. Millones de personas mueren sin haber visto jamás un cielo tupido de estrellas, y los niños y las niñas aprenden de memoria el orden de los planetas sin sorprenderse de la poesía que están declamando.

sagan2Carl Sagan en su alucinante serie “Cosmos: Un Viaje Personal” (1980) dice que los seres humanos somos la forma en la que el cosmos se puede conocer a sí mismo. A menudo desaprovechamos esta oportunidad. Almacenamos conocimientos estériles e ignoramos otros esenciales. Pero más allá de esto, no nos identificamos como habitantes del Universo, ni contemplamos el cielo en busca de respuestas. Creemos que de éste ya no pueden desprenderse sorpresas y así vivimos desarraigados de nuestro fundamental origen.

El cielo, sin embargo, ha sido fuente de inspiración poética y política. De éste se han desprendido los mitos fundacionales de nuestra tradición occidental.

Los filósofos de la antigua Grecia pasaban más tiempo observando el cielo que el suelo que pisaban. De sus observaciones se desprendieron los primeros conocimientos matemáticos y, lo que es más importante, se descubrió la armonía, como relación proporcional. Como si se hubiera corrido una cortina, “el todo” se reveló en patrones y la idea del caos quedó, de algún modo, superada.

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Cuando reinaba la idea del caos, la imposición, la guerra y el dominio eran entendidos como necesarios. Había que defenderse o someterse según el poder del contrincante.

En el mundo imaginario que fincaron, los antiguos griegos crearon dioses sanguinarios y competitivos. Pero luego del descubrimiento de la armonía en el cosmos, los mitos religiosos fueron reemplazados por la incipiente ciencia que ofrecía verdades comprobables, inobjetables para la lógica y la observación humana.

La idea de la armonía influyó radicalmente en la concepción musical, poética y política de hace más de 2 mil años. El ritmo y la armonía fueron detonadores de ideas mucho más complejas, y prepararon la arena para la creación nada más y nada menos que de la democracia.

Mientras las tiranías respondían al arquetipo del dios todopoderoso, la repartición del poder y la equidad entre ciudadanos fueron ideas posteriores a la relectura del cosmos.

El poder en el centro y a la misma distancia de todos los ciudadanos fue una figura imaginable sólo después de comprender el movimiento de los cuerpos celestes. Es decir, los fundamentos democráticos son producto de la observación del cielo.

Al olvidar estos principios cósmicos, al prescindir de la reflexión filosófica anterior a toda praxis política y al perdernos de la observación de estrellas en centros urbanos densamente poblados, como Monterrey, la idea de democracia parece perder sentido. Nos quedamos con un simple proceso de ingeniería electoral que nos condena a la impostura y al saqueo.

Al olvidar este comienzo casi espiritual de la democracia, nos quedamos únicamente con referentes igual o peor de miserables que la realidad actual. Quizá por eso nos es tan difícil escapar de las dictaduras de facto que hoy nos gobiernan.

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Al olvidar el inicio fundacional somos víctimas de cualquier versión falsa. Nos enseñan a llamarle democracia a la desproporción, a la inequidad y a la ignorancia.

El cielo no deja, sin embargo, de enviarnos mensajes esenciales.

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Una respuesta to “Después del meteorito”

  1. silenciohospital febrero 23, 2013 a 5:07 am #

    Qué buena reflexión

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