Ratzinger vs. Ratzinger

15 Feb

La dimisión de Joseph Ratzinger al papado me ha sumido en una suerte de melancolía por mi euforia católica. Fui una de esas tiernas adolescentes que asumen estoicamente su papel de salvadoras del mundo. Entonces las ideas totales me obsesionaban. Las defendía como el enfermo pelea sus ansiolíticos. En aquellos años creía que el Papa era fuente de verdad. Hoy lo creo fuente de verdad y de mentira, como cualquiera de nosotros.
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Gran parte del poder corruptor de las iglesias estriba en el daño que nos hace el pensamiento absolutista. La corrupción moral no sólo es doblarse a cambio de algún favor o de dinero, es también sentirse desolado, apestado y lleno de culpas. Sin aparente necesidad el ser humano ha ido construyéndose sus propias jaulas, una de ellas es querer ocultar lo que es.

En este sentido, la figura del Papa convoca a la esquizofrenia religiosa, pues llamamos “Su Santidad” a un mortal, como usted y como yo. No niego que cualquiera tiene derecho a creer que el Papa sí es un iluminado, pero es sano que, al mismo tiempo, se asuma que esta creencia podría parecerle ridícula o ingenua a alguien más.

A partir del polémico anuncio de Benedicto XVI, especulaciones inocentes y maquiavélicas se han vaciado en todos los idiomas en cientos de periódicos, en miles de blogs. Algunas de estas reacciones son alimentadas de un rencor que todavía quema los ojos del lector. No podemos ignorar que la Iglesia Católica ha lastimado a mucha gente y esto se ha manifestado poderosamente en los últimos días.

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Pero exigirle a la Iglesia algo, lo que sea, es una causa perdida. Es menos ocioso acusarla en tribunales que esperar a que la jerarquía y el Catecismo nos escuchen y sigan nuestros consejos. Su inercia a permanecer idéntica en vicios y virtudes es muy anterior a los esfuerzos de cada una de las generaciones que han deseado verla renovada. Porque su gran poder estriba precisamente en este inmovilismo dogmático, no perderé mi tiempo creyendo que podré modificar en algo sus pilares.

Sin embargo, sí tengo que plantear algunas reflexiones que, pretendo, estén desprovistas de rencores o de falsas esperanzas.

Que la versión oficial del retiro de Ratzinger al papado sea su debilidad física es una hermosa metáfora de nuestra condena material a la muerte, es decir, a pesar de nuestras creencias o ideas, hay una realidad insoslayable: todos marchamos hacia nuestro exterminio; sobre esto siempre vale la pena reflexionar, sobre todo si lo hacemos sin apoyo de nuestras creencias.

Según el credo católico, luego de la muerte somos llamados a juicio. Generalmente se cree que entonces se realizará una evaluación de nuestros actos para abrirnos o negarnos las puertas del Cielo. La coyuntura obliga a preguntarnos, ¿qué pasará con Joseph Ratzinger cuando su cuerpo débil muera?, ¿creerá el todavía Papa que existe este juicio post mortem? Y si lo cree, ¿estará temeroso de quedarse fuera del Paraíso?

La imagen de Ratzinger frente al rigor de sus propios dogmas me conmueve. Quien durante años dirigiera la Congregación para la Doctrina de la Fe -antes, la Santa Inquisición-, ahora tendría que enfrentarse a la vara de medición que usó para excomulgar, difamar y mandar silenciar a otros. Con toda seguridad creo que esa misma vara lo condenaría a perderse del Cielo y sus manjares aunque, para su fortuna, el efecto de esa varita desaparecería al dejar de creer en su poder.

Pero al mismo tiempo, suponiendo que la versión oficial es verdadera, y Ratzinger está tomando la decisión de renunciar al máximo poder de la Iglesia Católica sin ningún tipo de presión interna, celebraría el acto de libertad de un hombre que, sabiéndose cansado, se arranca el peso de una corona. Podría tratarse de una decisión lúcida y sensata, digna de un hombre que ha acumulado sabiduría con sus años.

Es decir, la dimisión de Ratzinger nos regala, vaya paradoja, varios motivos para poner en duda el pensamiento absolutista. No sólo a los católicos, no sólo al mismo Ratzinger, sino a todos los humanos nos vendría bien reconocer que por naturaleza somos igualmente miserables y grandiosos. Todos mortales, hermanos, extraviados dentro de insondables misterios.

galaxia-11

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Una respuesta to “Ratzinger vs. Ratzinger”

  1. tecoloteloco febrero 15, 2013 a 6:08 pm #

    Reblogged this on Al Pie de la Montaña.

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