Parir en Monterrey

25 Ene

México ocupa el primer lugar en cesáreas del mundo, según anotó la organización El Poder del Consumidor el miércoles pasado, pero entre todas las ciudades del planeta, Monterrey es puntero en este tipo de cirugías.

Mientras la Organización Mundial de la Salud considera comprensible que un 15 por ciento de los partos tengan complicaciones y terminen en intervención quirúrgica, el 72 por ciento de los niños y niñas regiomontanos son “sacados” del cuerpo de su madre, ¿esto nos retrata muy modernos o más bien ignorantes?

Pocos panoramas más peligrosos que estar en las manos de un doctor que no se atreve a poner en duda sus conocimientos. Ese doctor no está preparado, sino programado para la repetición. La amenaza se concreta cuando el paciente asume el rol del irresponsable, desinformado y temeroso doliente que se pone en las manos del médico con la misma sumisión irracional que presentaría ante cualquier brujo: cúreme, sálveme, haga nacer a mi hijo.

Así que el problema que hoy quiero plantear tiene un origen cultural. No pretendo señalar a los obstetras intervencionistas, que se creen indispensables en todos los casos, como los únicos responsables del malentendido; pues del otro lado está la sociedad que asume el embarazo como una enfermedad que debe ir a curarse a los hospitales (“¿Ya te aliviaste?”). Así, las mujeres nos convencemos de que no sabemos parir y nos relegamos al papel de simples contenedores de hijos.

Las cesáreas son un avance tecnológico y científico. No cabe duda. Gracias a estas intervenciones se han salvado muchas vidas, pero tendrían que entenderse como “un mal necesario”, nunca como un atajo posible, ni mucho menos como un derecho. A menos, claro, que por derecho entendamos la libertad de poner en un riesgo innecesario al bebé y a la madre.

A partir de la década de los 80, las cesáreas comenzaron a utilizarse sin control. Parecía absurdo privarse de un parto rápido y “sin dolor”. Sin embargo, se supo después que el parto industrializado incrementa las posibilidades de contraer infecciones, aletarga al bebé en sus primeras semanas e interfiere en la descarga natural de hormonas que protegen a la madre y al bebé y que, entre otros vitales procesos, facilitan el amamantamiento.

Los últimos descubrimientos acusan que la labor de parto la inicia una hormona que secreta el cerebro del feto. A partir de ese momento quien realiza los más importantes esfuerzos para cruzar el canal de parto es el mismo bebé. En este complicado viaje no sólo exprime los líquidos de sus pulmones e intestinos, sino que nace alerta, con su instinto de succión despierto y sus ojos bien abiertos, es decir, preparado para vivir. Pero estas evidencias no parecen haber llegado a Monterrey.

Aquí se sigue entendiendo el parto como la máxima expresión de dolor y a la cesárea como su solución. Es una lástima que ignoremos que el dolor se potencializa con el miedo y la tensión. Por lo tanto, si la madre estuviera mejor informada, si a su lado tuviera un apoyo amoroso, si se prestara atención a sus emociones y no se sintiera presionada a apurar un proceso natural, los partos no acabarían en sufrimiento.

Por desgracia, antes que explicar los beneficios del parto natural, los doctores promedio sacan su calendario y programan una cesárea arbitraria. Casi nadie repara en que el protagonista del evento, es decir, el bebé que está por nacer, no ha sido tomado en cuenta en la decisión. El padre, cuando está, cree que el asunto concierne a la madre y al doctor.

Es doloroso aceptarlo, pero las cesáreas electivas son la representación de la violencia socialmente asimilada. Al nacer experimentamos el trauma de abandonar un ambiente ideal. Tendríamos que ser consolados por los brazos amorosos de nuestros padres, pero al nacer por cesárea nos reciben con una nalgada -para despertarnos-, inyecciones y una serie de aspiraciones nasales y rectales. Sufrimos, pero nadie parece conmoverse.

Somos parte de la familia de los homínidos, es decir, somos mamíferos. No tiene sentido esconder nuestro carácter animal, antes bien, podríamos disfrutarlo en lo que hoy se conoce como “parto mamiferizado”, que no es otra cosa más que parir confiando en nuestros cuerpos.

ximenaperedo@gmail.com

Publicado en el periódico El Norte, el 25 de Enero de 2013

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7 comentarios to “Parir en Monterrey”

  1. Carlos Alcántara enero 25, 2013 a 7:07 pm #

    ni modernos ni ignorantes…mas bien medicos-hospitales comerciantes!!!

  2. Julio Moreno enero 25, 2013 a 8:12 pm #

    Y ni qué decir de otro efectos secundarios relacionados a la cesárea, como un mayor riesgo de contraer enfermedades como diabetes en algún punto de la vida. Habiendo nacido así, estoy un poco temeroso por ello, pero confío en que la tendencia se revierta por el bien de las madres y los bebés.

    Muy buen artículo, Ximena. Nuevamente, congratulaciones por el bebé.

  3. Hugo Pineda enero 31, 2013 a 9:53 am #

    Por demas sensacionalista y sin base cientifica el artículo hasta cierto punto desinformativo de donde saca usted la historia de la nalgada ?? Lamentablemente por articulos de este tipo se desinforman mas las futuras madres.

    • ximenaperedo febrero 2, 2013 a 1:18 pm #

      De acuerdo con que no siempre se recibe con “nalgada” a los bebés, pero realmente este es el punto menos importante del artículo. Si usted quisiera comentar otro punto me gustaría saberlo porque de ninguna forma acepto que estoy desinformando. Saludos

  4. Fabiola Martinez febrero 8, 2013 a 12:47 am #

    Totalmente de acuerdo contigo Ximena, en todo lo que expones. Felicitaciones por haber tenido un parto maravilloso y por la oportunidad de ser madre. Un abrazo y bendiciones.

  5. santiago abril 18, 2013 a 5:53 pm #

    Dices muchas cosas de las que dudo o con las que no estoy de acuerdo como – Gracias a estas intervenciones se han salvado muchas vidas, pero tendrían que entenderse como “un mal necesario” – al momento de utilizarse para salvar la vida tanto del bebé como de la madre creo que debiera verse como una maravilla no un mal necesario, no digo que siempre deba hacerse, digo que un procedimiento capáz de salvar dos vidas al mismo tiempo no puede ser visto como un mal necesario al momento que es utilizado con esta finalidad.

    También afirmas lo siguiente – nace alerta, con su instinto de succión despierto y sus ojos bien abiertos – nace con los ojos bien abiertos? y aquí verdaderamente estoy preguntando, no estoy informado, pero yo tenía entendido que no abren los ojos hasta mucho después; los ojos bien abiertos es una frase que utilizaste para dar a entender que están alertas o es literalmente con los ojos abiertos? De antemano te agradezco que me aclares esta duda.

    Este es un punto que encuentro molesto – Casi nadie repara en que el protagonista del evento, es decir, el bebé que está por nacer, no ha sido tomado en cuenta en la decisión. El padre, cuando está, cree que el asunto concierne a la madre y al doctor. –

    1. Si no consideras que es decisión de la madre la manera en la que quiere traer su bebé al mundo, ¿en qué momento les toca decidir qué es lo que quieren que pase con su cuerpo? Supongo por supuesto que estás completamente en contra del aborto y quizás también de la pastilla al siguiente día, y lo entiendo, pero en algún momento tienes que concederle poder para decidir a la persona que está viviendo todo esto y si no es si quiera en el parto, entonces ¿cuándo?

    2. El bebé no tiene forma de expresar su voluntad, ni tiene facultades mentales suficientes para tomar decisiones, por lo tanto considero estúpido pensar que el bebé tenga algo que ver con la decisión sobre cómo traerlo al mundo.

    3. El papá cree que el asunto le concierne a la madre y al doctor porque ASÍ ES: sería muy fácil decir que quiere un parto natural para el padre que después de todo no sufre los dolores del parto, ni está sucediendo en su cuerpo nada de esto, pero uno no puede decidir sobre otra persona, esta es una base de la libertad y pensar que el padre tiene algo que decir respecto de la forma en que la madre piensa traer al hijo de ambos al mundo me parece increíble. Sinceramente considero que lo correcto es que la decisión le corresponda definitivamente a al Doctor (que estudió medicina y pretende el bienestar de la madre y el bebé) y a la Madre.

    Muchas gracias por tu atención, que tengas un buen día.

  6. Diana agosto 18, 2013 a 9:15 am #

    Concuerdo con quien escribe arriba (santiago). Me parece que una cosa es ser crítico y otra cosa es ser criticón. Si queremos tomar una postura (la que sea) creo que debemos analizar el pastel completo y no el pedazo que más nos gusta. Me parece excelente que seas una mujer actualizada y se atreva a hablar de todo tipo de temas, pero creo que debemos ser más responsables con nuestros argumentos, si es que no queremos hacer el ridículo.

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