Parque Fundidora

28 Dic

Este fin de semana le recomiendo que vaya al Parque Fundidora. Lo sugiero con cierto celo pues estoy confiando una de mis más entrañables estampas de Monterrey. Este sábado y domingo, el parque recibirá parvadas de niñas y niños ávidos por estrenar sus regalos. Entonces será posible ver a sus papás y mamás correr detrás de los pequeños ciclistas o patinadores tambaleantes. Así acontecen los mejores recuerdos de la infancia.

¿te acuerdas cuando aprendiste a andar en bici?

En esta ocasión, sin embargo, los niños verán los troncos mutilados de unos 100 árboles del parque. Y aunque este desolado escenario no invalidará el histórico momento de montarse en el triciclo, seguramente más de uno preguntará a sus padres por qué ocurrió aquello. La respuesta que obtengan será fundamental para los próximos años de la Ciudad. Pues es en esos momentos, aparentemente insignificantes, cuando se forma la cultura de una nueva generación.

Violencia.

Violencia.

Algunos papás explicarán lo inexplicable, que todos esos árboles fueron sacrificados porque no había otro mejor lugar en donde construir el Salón de los Inmortales del Beisbol Profesional. Sin advertir que con este tipo de justificaciones creció la generación que hoy toma esta clase de decisiones antisociales sobre nuestro patrimonio natural. Crecieron viendo cómo se perdían parques, camellones para pasear y ojos de agua, en aras de una ilusión llamada “progreso”.


El Parque Fundidora nació con una lógica de retribución social. La intención del ex Presidente Miguel de la Madrid al expropiar los terrenos de la ex Fundidora era compensar a los trabajadores y al pueblo regiomontano en general con una gran extensión boscosa. Cada año, sin embargo, atestiguamos cómo el parque pierde su vocación de pulmón urbano para convertirse en un centro comercial y de atracciones.

Algo va mal cuando los grandes proyectos de inversión invaden a los poquísimos parques urbanos o depredan la última reserva natural. Podríamos creer que quienes proyectan estos negocios no saben disfrutar de los parques, ni se conmueven ante los espectáculos que atesoran. Pero además me asalta la pregunta, ¿cuántos empresarios se negarían a aceptar un bien público para montar un negocio privado?

Estamos frente a un problema cultural y ético, pues la tala de 100 árboles dentro de un parque no puede justificarse más que aludiendo al interés privado de un grupo, y no de la mayoría. Los vericuetos que dan para justificar la depredación y el saqueo de lo público son vergonzantes y retratan a una sociedad confundida.
La especulación de terrenos se ha vuelto el nuevo negocio de los otrora capitanes de empresas. En octubre pasado, la anterior Legislatura local de mayoría priista desafectó 182 hectáreas públicas para que el Gobierno del Estado las vendiera y respirara un poco de la millonaria deuda que acumuló (¿comprando votos?). Esto lo aprobó el Congreso dentro de un paquete que comprendía otros 324 terrenos públicos para comercializar.

Lo público se desmorona. Quizá es algo inevitable. Tal vez la crisis política que seguirá a la quiebra de los gobiernos será el disparador de la creatividad cívica. Quizá cuando perdamos el último espacio público comprenderemos los lazos que fortalecían y aprenderemos a crearlos y a protegerlos.

O quizá sólo haga falta mostrar compasión a los niños y a las niñas que este fin de semana irán al Parque Fundidora a llenarnos los ojos de ternura. No merecen la crueldad del engaño: las ciudades sin parques son espacios de encierro; la tala de los pocos árboles que le quedan a la Ciudad tiene consecuencias irrefutables para nuestra salud. Habrá que enseñarles a indignarse ante los atropellos porque ya no podemos tratarlos de “inocentes palomitas” ni programarlos para la ignorancia.

Los parques son ventanas horizontales de la naturaleza, escribió Víctor Barrera Enderle en “El Reino de lo Posible” (Conarte, 2008). Es por demás comprensible que no encontremos atractivo en exigirle cuentas al director del Parque Fundidora, nadie quiere complicarse un poco más la existencia. Pero si este fin de semana usted descansa un rato en cualquier banca del Parque Fundidora echará un vistazo a lo mejor que somos; y a esa ventana es imposible renunciar.

El espectáculo del año.

El espectáculo del año. 

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5 comentarios to “Parque Fundidora”

  1. Emilia Mejia diciembre 29, 2012 a 12:31 am #

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    Emilia

  2. mikol diciembre 29, 2012 a 12:38 am #

    el parque fundidora es privado o publico? o sea a quien le pertenece?

    • ximenaperedo diciembre 29, 2012 a 12:56 pm #

      El parque fundidora es público pero es evidente su gradual privatización. Le pertenece al pueblo de Nuevo León, pero el mismo pueblo se ha contentado con ver cómo se pierden tajadas boscosas para dar paso a más y más negocios privados en su interior.

    • Sabandav enero 2, 2013 a 3:47 am #

      Pues al ritmo de este gobierno actual lo van a privatizar asi como lo estan haciendo con el Parque La Pastora. Me da tristeza todo esto.

  3. Poli Amlo mayo 7, 2013 a 3:42 pm #

    No es público, durante la marcha antipeña no se dejo pasar a los manifestantes porque los guardias argumentaron que el parque fundidora era privado

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