25 de Diciembre: feliz nacimiento

25 Dic

Birth_of_Jesus

Contemplando la escena replicada decenas de veces en el aparador que teníamos enfrente, caímos en cuenta de que el 25 de Diciembre también podría ser considerado como el día internacional del “parto en familia”. Entre bueyes y borregos, sobre la paja, en un establo, dice la tradición, parió María a su bebé. Quizá sin advertirlo, cada Navidad recordamos también un nacimiento sin más testigos que las mansas miradas de los bueyes; celebramos la sabiduría del cuerpo femenino y conmemoramos la sencillez con la que todos los seremos humanos nacemos.

Ahora entiendo mi embarazo como un viaje a lo largo de varias estaciones: algunas de increíble plenitud, otras de angustia. He cruzado paisajes rebosantes de fertilidad, pero también planicies de espinosas dudas.  Ahora mismo me encuentro en las últimas estaciones. Me acerco al día del nacimiento de Elisa. Esto me lo dice no sólo el tamaño fascinante de mi barriga, sino mi estado anímico. Me se distinta. Traigo en mi cuerpo el camino que he andado. Durante estos ocho meses he librado batallas sin tiempo. He comprendido los límites de mi mente; he bajado mi cabeza para escuchar a mi cuerpo. No ha sido fácil. Tuve que desatar muchos de los nudos que me asían a la realidad del “hacer” y del “pensar”. Pero las células se fecundaron, se multiplicaron, tomaron forma de bebé, ocuparon su espacio y cambiaron por completo mi mundo sin que yo hiciera conscientemente nada: na-da. No fue preciso pensar, ni sumar, ni restar. El milagro no precisó de mis afanes intelectuales. Así caí en cuenta de que mi cuerpo sabe mucho más de lo que mi mente podía y aún puede reconocer. Había pues que cederle las riendas de este viaje.  Mi mente, tan adicta a la confusión y a la angustia, me llevaría al precipicio, mi cuerpo me enseñaría nuevos caminos.

Dice Javier que así como los bebé se acomodan con la cabeza hacia abajo para nacer, las mamás también vamos mudando nuestra posición ante la vida para parir. Me preparo para ello sólo que, a diferencia de Elisa quien sabe perfectamente qué hacer, mis años han ocultado la sabiduría de mi instinto. Olvidé lo que mis Abuelas conocían de sobra. Así que el mío ha sido un proceso de levantar capas y de tirar paredes para encontrar lo que alguna vez supe. Por fortuna la información está en mi sangre y no me abandona.

¿Habrá sentido dolor María al parir en aquel establo? Sin duda, pero no la imagino gritando despavorida.

El parto puede ser un evento silencioso y serenísimo, si se ha cultivado la paciencia para contemplar a un fruto desprenderse de su árbol.

El dolor no es un castigo, sino un instructor que puede guiar nuestras posturas para facilitar al bebé su nacimiento. Las escenas de parturientas al borde del colapso existen porque el parto se desconoce, porque el temor tensa al cuerpo y entonces el cuerpo responde con dolor.  El dolor existe cuando a la madre la presionan para parir y la llenan de miedos absurdos “ya te tardaste mucho”, “no has dilatado lo suficiente”. No es la madre la protagonista del evento; teniendo esto en mente puede ser mucho más sencillo comprender todo lo demás.  De hecho, el parto natural necesita que el ego de la madre se extravíe entre una poderosa danza de hormonas. A esto le llaman aquí en Portugal “partolandia”, que es un espacio que tengo enorme ilusión por transitar, en donde me olvidaré de mi nombre y de mi pasado para convertirme en un canal abierto para que nuestra hermanita Elisa llegue con su familia, la humanidad.

Me pregunto cómo hubiera sido mi proceso de no estarme preparando para un parto en casa, sin drogas ni intervenciones quirúrgicas.  Quizá si desde las primeras estaciones hubiera optado por la anestesia epidural, no habría tenido la oportunidad de reconstruir el significado del dolor, ni me habría hecho consciente de que la verdadera protagonista del parto es mi hija; quizá si hubiera programado mi cesárea –por “lo práctico y para evitar el dolor”-, no me hubiera percatado del privilegio de acompañar a mi hija en su primer viaje.

Los médicos y los hospitales representan un logro para la humanidad, sin duda, además han salvado muchas vidas de madres y de recién nacidos. Si mi embarazo tuviera alguna complicación no dudaría en ir a atender mi patología, pero he corrido con la gran fortuna de sentirme sana y fuerte, por lo tanto entiendo que no debo ir al lugar en donde los enfermos se curan, es decir, a los hospitales. Mi hija está lista para nacer, no es un embarazo de alto riesgo, por lo tanto, no preciso de la compañía de un médico, ni de equipo hospitalario.  Preciso, sí, de la compañía del padre de mi hija y, aunque esa sola me bastaría –como a María bastó la asistencia de José-, celebro haber encontrado a Mary Zwart y a Ana Sofía Reis, nuestra partera y doula, y que mis padres estén por realizar un largo viaje para recibir a su tercera nieta.

parto en agua

Fotografía ganadora según el sitio http://www.mygoodbirth.com en el 2012

La información está despertando muchas conciencias. Cada vez es más frecuente entrar en un duelo tardío por el parto que no se tuvo. Pero en estas últimas estaciones del viaje también he recogido la certeza de que lo único que importa al nacer es ser recibido con amor. No importa si es cesárea, parto con analgésicos o parto natural, si éste sucede en casa o en hospital. Todo esto es en verdad intrascendente cuando se espera con amor a los hijos.

El Nacimiento de Jesús, que hoy celebra la tradición cristiana occidental, es una escena absolutamente conmovedora cuyo poder radica en la sencillez.  El pequeño hijo de María y José fue puesto sobre un pesebre y ahí mismo fue contemplado por sus absortos padres. Nada les faltó.

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10 comentarios to “25 de Diciembre: feliz nacimiento”

  1. Alfonso Teja-Cunningham diciembre 25, 2012 a 5:14 pm #

    Simplemente bellísimo. Ximena, derramas amor y conocimiento. Sigue por ese camino: lo ensanchas maravillosamente. Y lo mejor está por venir…

    • ximenaperedo diciembre 27, 2012 a 5:31 pm #

      🙂 qué ganas de echarnos una larga platicada, mi estimado. Ahora como nunca.

  2. Paty Guerrero diciembre 25, 2012 a 5:21 pm #

    Un fuerte abrazo regio, hay 2 momentos que no olvido en el nacimiento de mis hijos, el conocerlos y ver sus ojos y escuchar la mejor música, su llanto, Feliz Navidad a los 3¡

    • Graciela Ríos diciembre 25, 2012 a 6:32 pm #

      Querida Ximena, te quiero como a una hermana. Me eres tan familiar, còmo si hubièramos crecido juntas. Estoy a la espera de la pequeña y hermosa Elisa, por favor, no dejes de avisar cuando ya todo estè en paz y en calma y los únicos desvelos que tienen sentido aparezcan en tu vida. Muero de ganas de estar allá, con ustedes. Un abrazo enorme al Javier. Un beso para ti.

      • ximenaperedo diciembre 27, 2012 a 5:34 pm #

        Graciela, me siento muy afortunada de sentirte tan cerca en este momento único y tan especial en mi vida. Se que puedes imaginar perfectamente cómo me siento. Ay, amiga…. ojalá que de verdad pudieran venir a visitarnos, ¿y si creemos que es posible?

    • ximenaperedo diciembre 27, 2012 a 5:32 pm #

      uf, Paty, conocer sus ojos… me volaste la cabeza con la ilusión. Gracias

  3. tecoloteloco diciembre 25, 2012 a 11:55 pm #

    ¡Bravo!

    • ximenaperedo diciembre 27, 2012 a 5:35 pm #

      ¡Papá!

  4. Yoshimi diciembre 28, 2012 a 3:49 pm #

    que hermoso!!! eres una maestra, te deseo lo mejor, que la madre naturaleza te comparta la sabiduría de ser y dar vida, parir es magnifico y es el momento de mayor felicidad, yo misma lo viví………..alma, corazón, estomago, riñones y mucha dilatación………saludos

    • ximenaperedo diciembre 29, 2012 a 12:57 pm #

      Yoshimi, tu recuerdo nos inspira mucho siempre. Un beso grande

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