Una de vampiros

14 Dic

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Enrique Peña Nieto eligió mejor que Felipe Calderón su primera estrategia para legitimarse en el poder. Mientras al panista lo vimos declarando una guerra a un enemigo sin rostro, el priista está a unos días de vencer a la mismísima Elba Esther Gordillo. No se me ocurre otra mejor forma de convertirse en superhéroe sin ser jugador de futbol. Pero ay de nosotros si creemos el cuento del final feliz. No vayamos tan rápido.

Estamos encandilados con la precisión y la eficiencia para negociar un golpe que durante 12 años nadie pudo dar. Al par de días de presentada la iniciativa de reforma educativa, la Cámara de Diputados la aprueba y en el ambiente político se vitorea al “Señor Presidente”. Ahora sí tendremos una educación “de clase mundial”, se erradicarán el tráfico de plazas docentes y la perversa relación clientelar del SNTE con los intereses políticos en turno de su presidenta vitalicia, ¿qué tan cierto es esto?

Para analizar este caso precisamos de la gama de grises. Si bien es cierto que la reforma planteada a los artículos 3 y 73 se acerca a las propuestas largamente exigidas por organizaciones independientes, como la Coalición Ciudadana por la Educación, también es claro que el Poder Ejecutivo que hoy declara su compromiso por rescatar a la educación pública de servir como botín político se ha valido precisamente de relaciones clientelares para acceder al poder.

La pretensión más importante de esta reforma es que el Estado recupere el control del sistema de educación pública. Como idea suena genial, pero ¿cuál Estado? ¿Nos referimos a los restos que dejó Calderón o a la ilusión de un nuevo Estado sostenida a base de propaganda televisiva?

No olvidemos cuánto poder político y económico se amasa controlando a un millón y medio de maestros sindicalizados. Yo dudo que el Gobierno del grupo Atlacomulco-Televisa vaya a sacrificar esta oportunidad.

Por eso, aunque en espíritu la reforma pretende que las plazas docentes se ganen por concurso y se mantengan a base de evaluaciones, el hecho de que los integrantes de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación sean invitados por el mismo Presidente desmorona mis esfuerzos de entusiasmo.

Presento también mi preocupación de que las clases se reduzcan a meros preparativos para la próxima evaluación de los alumnos. Es claro que podríamos entrar en una tiranía antipedagógica so pretexto de accedernos a los estándares de calidad dictados por organismos internacionales que no respetan la diversidad cultural de los países ni de sus regiones.

Pero sobre todo temo a una reforma educativa que pretenda contentar solamente a los patrocinadores y creadores de la película “¡De Panzazo!”, cuya crítica al sistema educativo se concentró en denunciar los vicios del magisterio sin profundizar en las causas del problema. Bajo la lógica de su guión bastaría remover una pieza para que el sistema funcione. Tal reduccionismo no debe tratarse de mera ingenuidad.
Lamento que el pálido debate se centre en métodos formales de evaluación, pero que se pase desapercibido el contenido de los programas y la relación que tienen los niños y los adolescentes con sus centros educativos. Podemos legar un sistema que apasione a los educandos con el conocimiento y que despierte su creatividad o podemos seguir jugando a la escuelita obligándolos a memorizar para acreditar diplomas.

La educación puede ser el vínculo más noble entre generaciones, pero igualmente puede ser la cicuta que nos ofrezcamos los unos a los otros. El sociólogo francés Edgar Morin presenta un nuevo paradigma educativo en su libro “Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro”, un texto indispensable para comprender el atraso educativo que esconden los diplomas y los títulos cuando nos alejan de la comprensión de lo incierto, de lo humano y de la ética.

Por lo tanto, estamos frente a una reforma política del sistema educativo, pero de ninguna forma podríamos llamarle reforma educativa. Las llaves del banco de sangre pasarán de una vampiresa a un grupo de vampiros. Con ello necesariamente se darán cambios favorables y graves retrocesos; corresponde a la ciudadanía estirar la primera posibilidad.

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Una respuesta to “Una de vampiros”

  1. Julio Moreno diciembre 14, 2012 a 2:53 pm #

    Interesante artículo, Ximena. Debemos, sin embargo, evitar caer en triunfalismos y pensar que con la posible salida de Elba Esther Gordillo del plano académico nacional las cosas mejorarán de inmediato y sin trabas. ¿Que no dejó a su hija a cargo del partido que ella misma fundó para mantener control sobre asuntos políticos que le favorezcan?

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