La toma del Congreso

28 Sep

Foto El Norte.

 

No, estimados lectores, no estoy incitando a la rebelión, el Congreso local ya ha sido secuestrado.

Se izaron sobre la máxima tribuna de nuestro Estado las banderas de la negligencia y la frivolidad. Es imposible encontrar diferencias a la desgracia pública que representa esta Legislatura 73 y un hipotético asalto de rebeldes incompetentes, que no sea que los primeros llegaron a sus curules por la vía legal. Por tanto, es hora de reflexionar sobre las trampas que protegemos como nichos de prosperidad.

Estamos atascados en la defensa de un discurso legaloide que de pronto parece cobrar tintes de fe, es decir, irracionales.

Como si fuera el último bastión al cual asirnos en la catástrofe, todos preferimos sujetarnos al peso de la ley antes que entrar en vitales controversias. Por desgracia, ya estamos siendo testigos de que la ley no es garantía de justicia, ni de calidad de vida para las mayorías.

Las cosas no debieron llegar hasta este punto. Pocos lo previeron.

La noble idea era que un grupo de sabios representaran los intereses de la población en una asamblea. Una asamblea que entonces tendría un carácter público, cuya tribuna sostuviera debates acalorados no de egos en conflicto, sino de soluciones a problemas que sufrieran las poblaciones que, en retribución por este servicio, pagarían con su trabajo sueldos dignos a sus representantes. Pero algo fracasó.

Hay tantas hipótesis sobre la causa de este quiebre en el sistema político, sobre cómo pasamos a la impostura legalizada y sobre cómo el pueblo se convirtió de soberano en bufón.

Algunos creemos que en realidad el sistema de representación nunca funcionó -aunque ha habido personajes honorables en esos puestos-, pero que se sostuvo de fe y de publicidad, publicidad que siempre ha pagado el pueblo y que se ha ido sofisticando con los siglos.

Lo cierto es que lo que estamos viendo en el Congreso de Nuevo León es una laboratorio doloroso en tanto constituye una afrenta a la vida de millones de personas, pero interesante desde una perspectiva histórica.

Ya los Diputados no saben siquiera guardar la compostura. Ignoran lo que significa su curul. Hace dos días vociferaron a coro: “Diez, nueve, ocho… tres, dos, ¡uno!”, para que el tiempo previsto por la Ley indicara la salida del salón y por fin fueran a recreo.

¿Habrá excepciones?, ¿estaré siendo injusta? Hay tiempo de sobra para pedir una disculpa si me equivoco en esta primera generalización, la Legislatura 73 apenas comienza. Por supuesto habrá matices, hay Diputados muy vulgares y otros mejor educados, eso ya es evidente; pero hasta ahora no reconozco el puñado excepcional que conoce la relevancia histórica de su función.

Están jugando al espectáculo y no a la trascendencia. Para no engancharse en discusiones ególatras hay que cambiar de interlocutor: aquí estamos, señores y señoras Diputados.

Finalmente, la crítica situación que EL NORTE exhibió esta semana y que cualquiera de nosotros puede constatar -si es que los guardias lo dejan pasar al salón de sesiones-, está planteándonos un desafío político. ¿Cómo podrían ciertos temas básicos para la dignidad humana y la calidad de nuestras vidas dejar de depender de decisiones de políticos incapaces? La pregunta es vital para que el contrato de convivencia social no pierda sus últimos fundamentos.

El caso del Congreso local es una muestra del desastre político, pero no es la única.

La Alcaldía de Monterrey está tomada desde hace varios años. En este caso, sin embargo, el poder apuesta a doblar la Ley para defender los intereses personales del Alcalde en desacato.

La Administración municipal no ha tenido la capacidad de debatir sobre las justificaciones que tendría un Edil para abandonar su cargo. Ésta es la octava vez que la mayoría panista del Cabildo se burla de la orden judicial que obliga a Fernando Larrazabal a regresar a su puesto.

El Congreso local y la Alcaldía de Monterrey pierden sus sentidos fundacionales. ¿Cómo repercute esto en nuestra experiencia de vida? ¿Lo percibimos?

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Una respuesta to “La toma del Congreso”

  1. carlos septiembre 28, 2012 a 8:14 pm #

    No eres injusta, estamos gobernados por incapaces, pero ellos son un reflejo de lo que somos (en general).
    Larrazabal ganó porqué más gente voto por él. Lo mismos Ivonne Alvarez que mal gobernó Guadalupe.
    La tv nos muestra que la audiencia sigue los programas vulgares y de pastelazo, de la misma manera los políticos que nos gobiernan son productos de mercadotecnia.
    ¿Cuando esto cambiará? No lo sé, a veces me imaginó que ni en los momentos más autoritarios del PRI pasaba esto, ahora resulta que estabamos mejor cuando estabamos peor.

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