Gratitud (a Nacho Zapata)

17 Ago

Nacho en su esquina “Javier Orellana Cota”

Uno se asoma al féretro a ver a sus muertos con cierta sensación de caminar hacia el abismo. No sabemos cómo vamos a reaccionar al mirar el rostro inerte de quien antes vimos reír o mirarnos con amor, pero nos presentamos abiertos a sentir su muerte. Es un acto de acompañamiento sui generis, que nos permite entrar en una suerte de despedida contemplativa. Ahí liberamos sentimientos que cargábamos inconscientes.

El miércoles 15 de agosto caminé hacia el féretro de mi querido Nacho Zapata. Desde que me enteré de su deceso estuve recordando el trecho de su vida que me tocó atestiguar; su compromiso inquebrantable con las causas que daban sentido a sus mañanas, su energía, su voz que nos llenaba de certezas. Recorrí las protestas, las marchas, las reuniones de organización. Por eso frente a su rostro, la noche del miércoles, sólo pude sentir gratitud.

La Ciudad que conoció a Nacho Zapata lo recordará como un activista comprometido con causas olvidadas por el sistema, como la indemnización de los ex braceros que el Gobierno mexicano desapareció por más de 40 años, y que finalmente tuvo que pagar. El combate a las alzas a las tarifas del gas, luz y transporte; la defensa de la Huasteca, la Sierra del Cerro de la Silla y la reserva natural La Pastora de proyectos depredadores y el acompañamiento decidido a familiares de víctimas de desaparición forzada, por mencionar algunas.

Sin embargo, nuestra sociedad ha sido muy dura con las voces disidentes. Durante muchos años prefirió creerse el cuento de que todo iba muy bien y que Nacho, junto a un puñado de activistas, no eran más que agitadores profesionales. Prefirió confiar en que el Gobierno y la élite económica velarían por los intereses de todos para no distraerse del consumo y del futbol. Hoy ya no es necesario protestar para alertar sobre un desastre que, por desgracia, nos ha alcanzado.

Sólo espíritus muy valientes se mantienen en una lucha que la mayoría no legitima. Nacho conocía y quería a esta sociedad regiomontana. Nunca le perdió la fe. Todavía entre quimioterapias repartió volantes con información sobre la eventual imposición en la Presidencia que hoy sabemos prácticamente consumada.

Pero quienes tuvimos la dicha de tenerlo por compañero podemos, además, atestiguar sobre su calidez y su sentido del humor. Nacho sabía reírse de la suerte que corrían nuestros infructuosos esfuerzos. Su fórmula era disfrutar la lucha para nunca sentirse abatido. El norte de su brújula siempre apuntaba hacia la solidaridad. Él y su compañera, Consuelo Espínola, nos dieron siempre ejemplo de generosidad sin medida.

Conocí a Nacho en un momento decisivo. Al salir de la universidad uno no sólo decide en qué quiere trabajar, sino qué vida propia quiere construir. En ese tiempo me decidí por seguir el rumbo de quienes veía más plenos y congruentes, entre ellos y ellas, Nacho. A partir de entonces fuimos compañeros aunque siempre me trató de “Ximenita”, apelativo que me gustaba porque denotaba la protección que me procuraba sin altanería.

El incipiente despertar político que hoy estamos observando en nuestra Ciudad tiene mucho que agradecer a los activistas veteranos que supieron resistir no sólo a los embates de las traiciones políticas, sino a la apatía regiomontana durante al menos 40 años. Nacho Zapata mantuvo vivas las aguas subterráneas de las que las nuevas generaciones echarán mano para sobrevivir a la sequía política.

Su aliento formó parte de los vientos contra hegemónicos que a muchos inspiraron para declarar que, planteado como está, el sistema de creencias y aspiraciones nos roba futuro y terminará por enfrentarnos, otra vez, en guerras de sobrevivencia que pudimos evitar.

Nacho Zapata murió rodeado de gratitud. Frente a su féretro, esa noche del miércoles, comprendí que Nacho había sido fiel al amor hacia lo humano. Gracias, Nacho Zapata.

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3 comentarios to “Gratitud (a Nacho Zapata)”

  1. alfonsoteja agosto 17, 2012 a 4:39 pm #

    Ximena, me has conmovido. Sujeto, como fuí -al igual que tantos más- de la generosa amistad e inspiración que Nacho prodigaba, tu reflexión ante su féretro activó mis lacrimales, endurecidas en alguna forma por la ingente necesidad de autoprotección. Pero, además de tu capacidad reflexiva cada vez más lúcida y profunda, elogio el discurrir de tu pluma: “…disfrutar la lucha para nunca sentirse abatido. El norte de su brújula siempre apuntaba hacia la solidaridad”… Son frases que, como saetas, atraviesan el corazón. Gracias, Ximena. Gracias por difuminar estos nubarrones de pesadumbre, cuando la sordidez de la lucha pareciera alcanzar todos los frentes. ¿Qué quieres, un abrazo, un beso, una oración, los tres juntos? Son tuyos con el amor fraterno de un soldado veterano y consciente de que en la trinchera no hay ateos, como dijo tiempo ha, un honesto combatiente. Así, los que se van fortalecen a los que se quedan por un rato más. Mientras el cuerpo aguante.

  2. Agustin agosto 17, 2012 a 9:59 pm #

    Gracias Ximena por documentar y compartir los caminos de las personas que luchan por una mejor calidad de vida en la ciudad. Un abrazo!

  3. Margarita Villegas agosto 24, 2012 a 5:29 am #

    No conocí a Nacho Zapata, pero sin duda, personas como él, hacen de este mundo actual, un lugar para seguir combatiendo, en busca de la verdad y el bienestar,
    Un reconocimiento a su legado!!!

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