Parto de guerra

27 Jul

 

Hay fotografías que no pueden narrarse. Yo trabajo con palabras y temo que no podré verter en este espacio la imagen que saboreo desde la semana pasada: una ciudadana del siglo 21, digna y dueña de la situación, se enfrenta a un funcionario típico, altanero y prepotente, caracterizado por Héctor Gutiérrez de la Garza. La señora con una mano marca el alto al Diputado que quiere huir por el elevador del Congreso, y con la otra graba la escena desde una cámara digital.

Ella es parte de la ciudadanía que esta guerra parió. En otras circunstancias no tendría que empuñar una cámara tan cerca del rostro enrojecido de coraje de un hombre con tanto poder. Pero a ella le falta su hijo. Ella, como las miles de personas que en México buscan a sus familiares desaparecidos, carga además en su cuerpo los portazos, las negativas, la negligencia y la burla de los gobiernos sobre su historia y la de su familia.

La postciudadanía, podríamos llamarle así, es la ciudadanía sin Estado, es decir, sin gobiernos ni instituciones públicas. Huérfana de autoridades. Sin derechos, ni servicios. Los familiares de víctimas de desaparición forzada saben, como ningún otro ciudadano mexicano, qué tanto duelen las mentiras de la publicidad oficial. Ya no viven engañados y, sin embargo, no hay otro sitio a dónde ir a exigir justicia, sino al mismo cascarón que nos engaña.

Esta evidente contradicción -¿cómo esperar justicia de quienes la niegan sistemáticamente?- nos obliga, vaya paradoja, a formar parte del elenco de la obra. Esto es, a simular que el funcionario o funcionaria nos representa algún tipo de autoridad para así entablar un diálogo que intente conmover, presionar o convencer al funcionario solamente de hacer bien su trabajo. Es desolador.

Esa mañana que Enrique Zamarripa, fotógrafo de EL NORTE, tomó esta foto de la que platico, los familiares de víctimas se encontraban en el Congreso local exigiendo que se tipifique como delito la desaparición forzada. Nada más. Porque, aunque parezca justificación kafkiana, el Estado se niega a considerar como delito una práctica que desgarra la vida.

Por supuesto ésta no era la primera vez que los familiares de desaparecidos acudían al Congreso, o lo que queda de él. En mayo de 2011 se instalaron varias mesas de estudio sobre la iniciativa de reforma al Código Penal para tipificar el delito de desaparición forzada en Nuevo León. A estas mesas acudieron además de legisladores, representantes del Gobernador, del Poder Judicial y de la PGJE, CADHAC y el representante de la Oficina en México del Alto Comisionado para las Naciones Unidas.

Al culminar las mesas, los familiares y CADHAC se entrevistaron con los representantes de todos los partidos políticos. Las mesas terminaron cuando se acordó por todos los partidos políticos el contenido de esta reforma. Es decir, después de mucho trabajo técnico, hubo un gran esfuerzo de gestión que culminó en un acuerdo y, sin embargo, el asunto sigue sin votarse, siendo lo único que falta para tipificar este delito. En las últimas semanas, uno de los padres de las víctimas se hincó frente a los Diputados con la foto de su hijo: “No saben lo que hemos sufrido”.

La semana pasada cuando los familiares de las víctimas fueron a alertar sobre la urgencia de esta aprobación, personal de seguridad del Congreso les cerró la puerta y no los dejaron pasar a la sesión pública.

Esto sucedió después de que el presidente sustituto de la Comisión de Justicia del Congreso, el priista Heriberto Cano, les informara a los familiares y a integrantes de CADHAC lo inverosímil, que la iniciativa de reforma estaba… extraviada.

Los familiares de víctimas de desaparición forzada que están organizados buscando a sus hijos, esposos, nietos, hermanos, son ciudadanos que han regresado del horror. Se sobreponen a todo tipo de pesadillas para seguir adelante porque para ellos y ellas no existe la resignación. Representan a la ciudadanía que enfrentará el colapso del sistema político en el siglo 21 y que sacará de sus cenizas respuestas para reconstruir la justicia.

Lo mínimo que podemos hacer es respaldar su lucha.

ximenaperedo@gmail.com
 
 
 
 
 
 
 

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