Boicot contra impunidad

20 Jul

Nos han entretenido bastante con el cuento “del tiempo de la sociedad civil”, sin aclarar cómo se libra uno de la esquizofrenia política de responder al nombre de “señor ciudadano”, sintiéndose todo el tiempo estafado. Aceptamos los aplausos, las galletitas y el café, pero no entendemos por qué nos felicitan si sólo meneamos la cabeza de arriba abajo. La identidad “ciudadana” es una jaula creada por el Estado autoritario.

Las mejores historias comienzan con una oración verdadera, escribió Hemingway. Somos consumidores. No somos ciudadanos. Quizá estas aseveraciones podrán entristecer o indignar a muchos, pero ocultan una gran esperanza. La máxima imposición de un pequeño grupo a las mayorías no es política, sino económica. No debe extrañarnos que este show que llaman “democracia” sirva para mantener intereses económicos de muy pocos.

A diferencia de la esfera política, en la que nuestras opiniones importan poco menos que un comino, en la esfera económica somos importantes. No sólo porque somos trabajadores, sino porque consumimos. El consumo es un acto individual y libre. Todavía nadie está vigilando qué marcas y en qué establecimientos compramos. Esto tiene un potencial de dimensiones insospechadas. Podríamos cambiar la política a partir de nuevos hábitos de consumo.

Esto no es una ocurrencia. Recordemos la independencia estadounidense y la india, encabezada por Gandhi, que se detonaron boicoteando productos ingleses. El boicot es un acto pacífico, individual y político, aunque parezca comercial. Es muy formativo en tanto que llama a la conciencia del consumidor sin obligarlo a participar. Es la suma de conciencias la que obliga al sistema a replantearse.

A diferencia de las independencias mencionadas, me dirán, hoy no es claro el enemigo político al cual boicotear. De acuerdo. Estamos en un mercado globalizado en el que este tipo de líneas han quedado bien borradas. Sin embargo, y en México está siendo evidente, las marcas y las empresas trabajan con el poder político en sociedad para concretar negocios de los que casi siempre somos víctimas.

“Consumo, luego existo” es la creencia que sostiene a este sistema. La construcción de nuestra identidad ya no es un asunto que tome tiempo, ahora uno puede adquirir personalidad al comprar un auto, un teléfono celular, o la camiseta de un equipo.

Este fenómeno también desató procesos antagónicos, como la cultura del consumo responsable. Naomi Klein con su libro “No Logo” (2000) y Klaus Werner y Hans Weiss con “El Libro Negro de las Marcas” (2004) han corrido la cortina del patio trasero en donde se producen los productos que la publicidad reviste como necesarios o imprescindibles.

También llegó el “prosumer” que es el consumidor de información que responde a los medios de comunicación tradicionales, casi todos unidireccionales, produciendo su propio contenido y compartiéndolo entre sus redes sociales.

Estas dos respuestas al consumo irracional nos han ido preparando para responder colectivamente a los problemas desatados por marcas y gobiernos de conducta antisocial.

Si las relaciones clientelares manifiestas en la elección 2012 fueron legitimadas por el IFE y, próximamente, serán palomeadas por el Tribunal Federal Electoral, los agraviados debemos responder. Si fue imposible convencer a una persona que vive en la miseria de no intercambiar su voto por despensas -monedero mata ilusión-, es posible romper el círculo de la impunidad al dar castigo a las empresas, por cierto “socialmente responsables”, que se beneficiaron en corromper a las familias más débiles.

Cuando el movimiento #YoSoy132 propuso el boicot como un medio de presión política me pareció que daba en el blanco. Los partidos políticos obviamente se han desmarcado del llamado a castigar a Televisa y a Soriana, pero hace mucho dejaron de merecer que escucháramos su consejo.

A diferencia de la esfera política en la que sólo podemos marchar y protestar para manifestar nuestro desacuerdo, sin que esto garantice mejoras en los gobiernos -¿es esto democracia?-, la decisión de no consumir ni fortalecer marcas que consideramos que nos dañan, nos corrompen o les roban futuro a las próximas generaciones nos otorga por primera vez poder para cambiar las cosas.

ximenaperedo@gmail.com

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5 comentarios to “Boicot contra impunidad”

  1. Alejandro Vázquez Ortiz julio 20, 2012 a 6:23 pm #

    Creo que acabas de dar en el clavo al problematizar las relaciones entre lo privado y lo público. ¡Genial! Es algo que, más allá de cualquier ámbito real, se tiene que pensar y reflexionar para entender el trampantojo de la democracia representativa. Pólis (política) es lo que incumbe a muchos, oikós (casa-economía) es lo que importa al ente privado. Y el trampantojo es simple: haber reducido a la ciudad a un conjunto de casas, una sumatoria de individualidades, a un puñado cuantificable de cosas. De eso se trata el sistema, antes que de consumidores y de ciudadanos, la reducción del pueblo al número. Y a partir de ahí, la enseñanza a fuego de que uno se tiene que reconocer como número. Que uno es 1. Y a partir de ahí, ya cualquier cosa que pueda pasar será siempre reaccionaria. Cuando uno elige a un gobernador basado en el voto que cree que lo representará, cuando lo elige positivamente sabiendo qué cosas le beneficiará a él; o cuando compra una marca de ropa porque se cree que realmente esta es una gran marca que le hará realzarse por encima de la marabunta… Pues uno no puede mas que estar cometiendo un grave error.

    ¡Claro! ¿Cómo se va a elegir a conciencia? ¿Se puede? ¿Se puede ejercer la libertad de forma positiva? Ahí van los números de almas y masas como bancos de peces y atunes aleta amarilla, revoloteando en un vals incomprensible, y si no seríamos tan aventurados de ver en las migraciones de mariposas monarca o las sardinas, una muestra de la razón deliberativa, libre y responsable, ¿por qué sí pretendemos verlo en la compra de una Tecate o un voto por Peña Nieto?

    ¡Si eso ya lo sabe Mentor Tijerina! Que lo que importa no es el producto, sino la imagen, el vacío que llena con su cara. El diseño industrial ha llegado a tal punto que venden, producen y se compra nada. ¡Nada!

    Como dice aquel Conjuro de Agustín García Calvo:

    “Y tú, la clienta de las galerías
    del supermercado, que por la escalera
    mecánica en pos de la cosa cualquiera
    bajabas al cielo, al limbo subías,
    entra a mi danza, y tus chucherías
    saldrán de la bolsa profunda hechas humo,
    consumidora de puro consumo,
    tu vientre sin fondo, tus manos vacías”.

    Ni importa el consumidor, ni importa el ciudadano: importa el número. Importa el porcentaje mayoritario de números que van o no a comprar a Soriana, el 38% que votó por Peña Nieto y que de un plumazo, hizo desaparecer la voz del 62% restante que se quedarán sin representación. ¿Representar qué? ¡Representar la base misma desde la que se emite el voto: del 1, del individuo y por tanto, la rapiña, el vacío, el deseo de devorarlo todo, de perseguir perpetuamente ese dinero falso, podrido e inútil del A precio y Monex! Eso es lo terrible…

    Ello no quiere decir que tengamos los políticos que merecemos, sino que tenemos a los políticos que el sistema permite tener, los políticos que son el espejo del número. Nada más.

    Aunque, claro, sí, boicot, sí. Pero quizá haya que decirse que si se elige el boict, no se elige porque a uno le guste… porque le conviene… porque hace uso de esas sacrosantas leyes del libre mercado y sus opiniones, gustos y razones y juicios deliberativos, sino todo lo contrario. Porque se reconoce que no es libre, porque a pesar de que necesito un litro de leche, no puedo, sin contradecirme, ir a Soriana a comprarlo. Porque me reconozco sin derecho a elegir es que no puedo entrar a una tienda Soriana, porque las líneas, como acertadamente dijiste, son tan tenues que uno no puede fiarse ni de su libertad.

  2. Federico julio 21, 2012 a 9:26 pm #

    La manipulación del discurso etiquetando conceptos. Son abstracciones que no concuerdan con la realidad, es una de las formas de encubrir la simulación del sistema para aparentar que todo funciona como debiera.
    “La sociedad civil” no tiene tiempos, existe siempre. Su participación efectiva tiene que ser autónoma, sin dependencia del estado porque al sistema no le es rentable que los ciudadanos realmente participen. El aparato del sistema promueve el sometimiento en nombre de la sociedad civil. Por esa razón constantemente expresan esos homenajes huecos e hipócritas alabando a la “sociedad civil”.
    “La sociedad civil” está adormilada, postrada, y sus miembros en gran cantidad están en la sobrevivencia. Es tan apremiante la forma de vivir que las elecciones organizadas por el IFE no significan más que unos cuantos pesos. La sociedad no es tan civil puesto que hay quienes y muchos venden su voto, pero los dueños del sistema hacen como que no sucede, es embarazoso, pero evita que se hable del asunto. Sociedad simuladora, más que civil y una es la sociedad y otro es el IFE.
    Son las reglas de la simulación, hacer como que la compra de votos no sucedió, el coro de comparseros se desgañitan descalificando a quien hable del tema, porque son temas indiscutibles, (otra regla de la simulación).El IFE participa dando ese carácter, además reforzado por todo el aparato a su alrededor, FEPADE Y TRIFE.
    La democracia justamente es el proceso de simulación que organiza el aparato de estado para favorecer a un pequeño grupo de empresarios donde se concentra la riqueza. Es una democracia fácil de operar en las condiciones en que vive la sociedad mexicana. Manipula, amenaza, compra voluntades y has cómplice al aparato del estado, nada que no se pueda lograr México.
    El antídoto es la develación, el desenmascaramiento de los actores del sistema.
    Los productos milagro son un fraude, la garantía del fraude es precisamente que se afirmen milagrosos, así es como funcionan los actores en la política mexicana, entonces hay que quitar el pasamontaña para ver su verdadero rostro, por cierto siniestro, y en ese momento empiezan a perder poder.
    El boicot es concretar el desenmascaramiento.

    El boicot a las empresas que afectan de manera evidente la vida de los ciudadanos, tales como:
    Televisa
    Soriana
    Monex
    Banco HSBC
    TV Azteca
    Wal-Mart
    Melate
    Pemex
    CFE
    Entre las más visibles.
    Es la forma en que los ciudadanos pueden adquirir poder para frenar el abuso.

  3. omar martinez julio 22, 2012 a 2:34 am #

    ¿Boicot contra empresas?

    ¿Qué creen que sea más fácil de hacer?

    A.- Convencer al ciudadano que día a día no compre en ciertas empresas aun que esto vaya contra su economía, calidad de lo adquirido o comodidad.

    O

    B.- Convencer al ciudadano que cada 6 años deposite su vote libremente.

    Si como dicen están ciertos de que no pudieron convencer al ciudadano de depositar su voto libremente, pretender ahora convencerlo de que día a día haga algo aun en contra de su economía o conveniencia es un disparate.

    Por otro lado habremos mucha gente que esta cansada del peje y solo esperamos la señal o liderazgo de alguien para salir a las calles a gritarlo.

    Millones que no votamos por el peje no nos cruzaremos de brazos si este dictadorcillo pretende hacerse de la presidencia usando “sus sociedades civiles”

    Y sospecho con el pecho y calculo con el pie derecho que somos el doble de los seguidores de este pelafustán.

  4. Federico Lozano julio 23, 2012 a 5:32 am #

    Hola Ximena, respeto mucho tu postura en favor de la rendición de cuentas y la democratización de la política. Sin embargo, creo que en tus últimas columnas con la buena intención de defender la democracia, terminas promoviendo causas contrarias a la libertad como la de AMLO, quien es partidario de los sindicatos poderosos, el nacionalismo Cardenista y el Centralismo tan dañino que hay en México. Citas a Naomi Klein, para mi gusto una persona muy deshonesta intelectualmente al desinformar y difamar. Te recomiendo que leas a Hayek, Rothbard, Ayn Rand, Ludwig Von Mises y Bastiat, el estado corrupto y antidemocratico no se combate con más gobierno sino autonomia personal.

  5. Juan Alberto agosto 3, 2012 a 6:25 pm #

    Recuerdo que alguna vez tuvimos alguna comunicación por emails sobre el tema del ciudadano como consumidor. Lo pensaba entonces y lo sigo pensando, es una obligación ser un consumidor responsable. Aunque en lá tierra de la coca y los quequitos uno se desanime. Un abrazo!

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