Llamarnos por nuestro nombre

20 Jun

 Ciertas razones caen sobre nosotros como suave manta de algodón. Antes era ideas abrumadoras, una por aquí, otra por acá, cientos, miles, pero de pronto las vemos danzar en sincronía y luego descansar entretejidas. Este acto se reserva a territorios del arte que, entre otras, tiene esta bellísima función mental. Este domingo cerca del final de “Todo sobre mi padre”, el documental de Even Benestad (Noruega, 2002) las ideas se me tejieron en una suave manta de algodón. Nadaban en la habitación miles de ideas en desorden hasta que de pronto cayeron sobre nosotros para darnos cobijo.

No podría explicar cómo sucedió tal cosa. Pero revisitar la historia de Esben/Esther, el protagonista de este documental, un médico, padre de familia de una pequeña comunidad de Noruega, que decide un buen día hacerse cargo públicamente de su inclinación al travestismo, conectó muchos puntos sueltos. Durante años Esben se escondió para convertirse en Esther. Pero un día, con sus dos hijos pequeños y su mujer, Esther salió al paso.  Este documental narra cómo Esther defiende su derecho a seguir siendo padre sin renunciar a sentirse mujer.

En “Todo sobre mi padre”, el joven director Even Benestad, entonces de 26 años, decide exponer al público su historia familiar.  No resulta fácil. Ni para él, ni para su padre. Pero su papá ha acumulado mucha sabiduría en su encierro y en su libertad, su padre ha comprendido que no vale la pena defenderse, sino explicarse. Sabe que ha causado sufrimiento a sus hijos y es consciente de que muchas veces sus más cercarnos crean que el daño causado ha sido intencional. Tiene todas las de perder, pero no pierde. Está decidido a ofrecer tanto a Even como a Elizabeth, sus dos hijos, todos los recursos al alcance de su sinceridad para que la comprensión venza sobre el dolor y el rencor. Así, el padre se expone como la hermosa mujer que también es. Se trasviste frente a la cámara de su hijo con mucha dignidad, con un profundo respeto hacia lo que ella es.

Los últimos diez minutos del documental son un cierre demoledor. La sed del hijo es documentada. Su angustia y su enojo salen de detrás de la cámara. ¿Por qué no esperaste? Le espeta el documentalista a su padre. Éste le contesta que no tiene tiempo qué perder. Que han pasado ya dos terceras partes de su vida, y que pretende hacerse cargo de su proyecto de vida. ¿Cuál es la prisa? Inquiere de nuevo el joven. El padre contesta que quiere evitar malos diagnósticos a niños que expresen de manera distinta su sexualidad. “Quiero que le gente se siente orgullosa de lo es”. Entonces el hijo huye de la discusión mental para refugiarse en sus argumentos afectivos, le recrimina no reconocerlo como padre cuando está transformada en Esther. “Tu voz cambia”, le reclama. “Es más difícil para ti también, lo veo”, contesta su padre. Escuchar que su actual esposa teme perderlo, o que su hijo ya no lo reconoce como padre, le duele, lo confiesa, sin embargo, se atreve a decir que no tiene manera de garantizarles nada. Quizá Esben desparezca y Esther se instale para siempre. Entonces interviene el compañero del director, quien en ese momento está grabando la escena. Le pregunta a Esben si le gustaría que ya no existiera la relación Padre-Hijo entre ellos dos.  Esben se dobla. Llora con un dolor muy profundo. Y explica, “Espero que una parte de mí, viva en él, tal como yo siento que una parte de mi padre vive en mi, pero al mismo tiempo quiero que sea independiente de mi porque algún día yo ya no estaré. Ojalá sea mucho antes que él”. Y con este cierre, Esben manifiesta su más dulce paternidad. Even no pudo tener un mejor papá que Esben, y que Esther.

Más allá de los roles que nos toca jugar en la vida de las personas. Si soy hija, o madre, o pareja de alguien, tenemos que recuperar nuestra relación de compañeros de viaje. Esta corta estancia se trata de liberarnos de temores y de amarnos mejor.  Podemos llamarnos por nuestro propio nombre y sentirnos compañeros de pérdidas y de victorias.

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Una respuesta to “Llamarnos por nuestro nombre”

  1. Guillermo Sánchez junio 20, 2012 a 8:36 pm #

    Es un documental que muestra y demuestra a lo largo del mismo que un padre puede ser alguien muy alejado de los esterotipos de nuestra región o de nuestro país; en realidad de andar y andar uno ha visto mejores o peores intentos en esto de asumirse padre y este intento de Esben-Esther no es el más fallido. El “nombre del padre” como quien se supone “hace la Ley” ( a madre, e hijo) es un concepto princeps en psicoanálisis, sobretodo en el de orientación lacaniana. Este movimiento permite la estructuración de los integrantes a partir de la doble prohibición, ¿pero se juega en nuestro director esta ley? o ¿acaso su madre al no tolerar el rol del padre-mujer-esposo renuncia a la misma ley?, Me parece muy bueno tu ensayo, rescata el más allá de la mirada “técnica” obligatoria desde el mundo psi y rescata la dimensión humana detras de la problemática de la espera-derecho a vivir ya. La vida se acaba más pronto de lo que parece.

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