Nuestro lugar en el futuro

1 Jun

Crece la hierba entre las grietas de las banquetas, en los camellones, en las fachadas de las casas abandonadas. Su semilla germina aun en el pavimento ardiente o en la reseca tierra. Aparece como un consuelo, aunque muy pocos lo sienten.

La política institucionalizada se ha convertido en un ejercicio tan frío que cualquier mención a la vida, al amor y a la libertad parece fuera de lugar. Las dudas que nos estremecen le son ajenas. Somete con su palabrería los misterios que invitan a la rebelión afectiva. Niega nuestra sed prehistórica. Contra la certeza de nuestra extinción y del olvido que seremos, ¿no valdrá la pena concentrar nuestras inteligencias en pasarla mejor?

Esta duda está germinando, así como la hierba, fuera de lugar. Uno de los jóvenes que se manifestaron por la democratización de los medios de comunicación el sábado 19 de mayo en la marcha antiPeña Nieto, que recorrió del Zócalo al Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México, leyó estas poderosas palabras: “No queremos una televisión que nos diga qué pensar, qué soñar, por quién votar… Queremos una televisión con dinosaurios, mitocondrias, auroras, queremos una televisión con danza, acertijos, con historia, cine, filosofía, experimentos, cuentos, planetas, matemáticas, fuego, flores, conciertos…”.

Me da pesar ver que la próxima generación de gobiernos seguirá anclada en la lógica metálica. Por supuesto hay excepciones, pero éstas no alcanzan para redimir a la clase política. La contienda presidencial se ha llevado todos los reflectores, pero esto de ninguna forma mitiga la desolación en el escenario futuro de Nuevo León. Las alcaldías y el Congreso local volverán a apostar al engaño. Crearán crisis, saquearán lo nuestro y nos venderán soluciones caras e inútiles.

Defender nuestros legítimos derechos a la democracia, a un medio ambiente sano, a una transportación sostenible, se torna, vaya paradoja, en enfrentamientos con políticos. Así de mal estamos. Los ciudadanos no tenemos capacidad para defendernos del asalto rapaz de los políticos a nuestro futuro. Deberíamos poder defendernos de candidaturas impuestas y vergonzantes, pero las reglas del juego las hacen los mismos partidos y a la ciudadanía le reparten las fichas que casi siempre pierden.

Escuchar a Othón Ruiz Montemayor el martes pasado en el debate que organizó EL NORTE entre los dos candidatos punteros a la Alcaldía del municipio de San Pedro me dejó en el cuerpo ya no la indignación que bien conozco, sino una tristeza casi compasiva hacia los políticos que se encierran en su ego. Parece que para ser político es necesario proteger la obvia fragilidad de quien se oferta como bueno para todo.

Pero además, está el vergonzante fenómeno de las grandes fortunas fraguadas en el servicio público. Nos están robando. Es difícil probarlo, y es más difícil que, probándolo, pisen la cárcel; pero fortunas como la de Felipe Enríquez bastarían para que se iniciaran averiguaciones por enriquecimiento ilícito, aunque, ya lo sabemos, éste es un sistema perfecto de complicidades e impunidad.

Los gobiernos del siglo 21 deberían estar formados por personas sin miedo a mostrar públicamente sus dudas, es decir, su propia humanidad. Personas despiertas, que no finjan la voz, creativas, que sepan jugar con los niños. Quisiera ver a quienes nos representan más libres, más auténticos y, por ende, con posibilidades de ser más felices. Ya no queremos gobernantes corrompidos física y moralmente, queremos autoridades inspiradoras.

Aunque la sociedad civil es un invento moderno del Estado y nace atada a obligaciones y a derechos que se van concediendo a cuentagotas, estamos siendo testigos de cómo pacífica, legal y creativamente, un movimiento social está naciendo para desatar la imaginación de una nación. El desplome del proyecto Peña Nieto es un síntoma innegable de un despertar sin retorno.

A los mexicanos nos ha hecho mucho daño la resignación a la miseria y al exterminio de la vida. La veneración a las fortunas y al poder ha secado nuestro espíritu. Es tiempo de desaprender lo inútil y lo perverso, para aprender a contemplar, a pensar, a cultivar y a compartir los frutos. Tomemos nuestro lugar en el futuro.

ximenaperedo@gmail.com

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2 comentarios to “Nuestro lugar en el futuro”

  1. omar martinez junio 2, 2012 a 12:26 am #

    Ahora resulta que televisa es omnipotente y puede imponer el candidato que quiera, me lo imagino como al “Dr. Malito” (y su “mini mi “ ) en una cueva planeando como robarles el cerebro a los Mexicanos, (Bueno, a los que tengan a los que no nomas rellenarlo).

    ¿O será que hipnotizan a la gente a través de la caja idiota?

    Que poco nos valoramos los Mexicanos para pensar que una caja con monos nos pude obligar a votar por un “x”.

    Siempre requerimos los mexicanos crear súper villanos a quien echarles la culpa de todo lo malo que generamos entre todos, en su tiempo le toco a López obrador hoy le toca a televisa

    • Carlos junio 4, 2012 a 1:33 am #

      Bueno, hay que comprender que el nivel intelectual de muchos mexicanos los hace más influenciables.

      Aunque no soy panista, creo que Diego Fernández tenía razón cuando decía que los “gobiernos de coalición” no funcionarían en México, debido al bajo nivel de muchos diputados, aclarando que esos incompetentes y tracaleros estaban en el congreso porque los mexicanos habíamos fracasado en formar un pueblo libre y culto.

      Estamos viendo el “fenómeno Ródrigo Medina” pero a escala presidencial. Pero no me da miedo, México ha soportado cosas peores.

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