¿Exagero?

11 May


La última vez que participé como oradora en una asamblea cívica en mi prepa llegué vestida con falda a la rodilla y blusa sin mangas. Fui interceptada y llevada al baño para que intercambiara ropa con una compañera que pasaba por ahí y que vestía pantalón y blusa bombacha. Al salir disfrazada de Talía Maldonado, como se llama esta compañera, se cercioraron “las autoridades” de que al levantar mis brazos no se me viera el obligo. Sólo después pude subir al escenario para hablar del mito de los “Niños Héroes”.

Me acordé de esta anécdota cuando me pregunté si no hubiera podido ser evitada la pasarela de la conejita de Playboy sobre el set del debate presidencial. El error no es menor precisamente por la fragilidad que expone. ¿Había algún representante del IFE en el estudio o sólo se encargaron de contratar a un pésimo proveedor del servicio?

Supongamos que había varios representantes de la institución detrás de cámaras, ¿por qué no evitaron la burla sobre “la autoridad electoral”? Tengo tres hipótesis.

1. Porque legalmente no estaban obligados a intervenir en el vestuario de la edecán. Así contestan los consejeros cuando se les pregunta si no deberían intervenir ante el acarreo de miles de personas a los actos de campaña, la contratación de “seguidores” por Twitter, los deplorables niveles de los candidatos que piden votos a cambio de maquillaje, vasos, carne asada. Lo lamentan, pero la ley no los faculta para poner orden y exigir ética política en las campañas.

2. Porque “no les tocaba” cerciorarse del vestido de la edecán. Acostumbrados al discurso del implacable respeto a las facultades de cada quien, seguro que ninguno de los trabajadores del IFE que esa noche estuvo en el set tenía la consigna de cuidar el escote de la playmate. Lo mismo sucede con los Consejos Electorales entretenidos en revisar que frente a las casillas no haya bardas con publicidad de los partidos, ciegos a las burdas y sofisticadas transas electorales del siglo 21.

3. Porque así es la política, para qué negarlo. No debe sorprendernos que los más desmoralizados de la política monopolizada por los partidos políticos trabajen en el IFE. Han visto de todo, algunos están poseídos por “el espíritu del cinismo”. Así que probablemente quienes el domingo representaban a la “autoridad electoral” en el estudio vieron absolutamente normal que el show fuera anunciado por una edecán tipo lucha libre.

Algo así debió suceder tras bambalinas, pero la gravedad del problema es mucho mayor si abrimos la lente y observamos al sistema electoral en su conjunto.

Las personas que trabajan en el IFE como servicio profesional de carrera sólo cuidan su trabajo. Huyen de entrar en controversias que pudieran resultar incómodas para su superior jerárquico o que provocaran molestia en algún partido político que pusiera en peligro su empleo. Por lo general, son incapaces de promover debates o sanciones urgentes.

El IFE tiene una estructura que hasta hace algunos años representaba una tranquilidad para la ciudadanía y es que el Consejo General, así como los 32 consejos estatales y los 300 consejos distritales, están integrados por ciudadanos. Ellos y ellas son la “autoridad electoral” aunque en la práctica se conduzcan más bien obedientes y muy pocos entiendan la vinculación del desastre político con su actuación como consejeros sumisos, temerosos o cínicos.

Sea cual sea la razón, los consejeros locales y distritales del País se caracterizan por un silencio público que al resto de ciudadanos nos confunde -¿pues no están viendo?-, pero que a los partidos políticos agrada bastante.

Sólo me queda recordar que el 30 de abril, el Consejo General (cada uno de sus miembros con una dieta de 330 mil pesos mensuales) declaró que los partidos que sobrepasen los topes de campaña serán sancionados -sus multas las pagamos nosotros-, pero hasta el próximo año: ¡el show debe continuar!

Y algo más, frente a la compra de encuestadoras que siembran incertidumbre sobre los resultados, y ante el poder de las televisoras en estas elecciones, no sabemos todavía si habrá o no “conteo rápido”, que son los resultados que el IFE ofrece el mismo día de la elección. Es decir, todo se oscurece y parece que nadie allá adentro enciende una luz.

Las elecciones tienen una importancia grave sobre el destino de nuestras vidas. Me pregunto si el árbitro juzgará que exagero.

ximenaperedo@gmail.com

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