“El chomosgón”

13 Abr

Me cuenta mi amigo que en las noches de carpa cuando se iba la luz y las aterradas bailarinas permanecían en escena, un fulano, “el chomosgón”, encendía algunas velas que acercaba a las vedettes para que el público se comportara y siguiera atento al escenario. En una referencia clara al “the show must go on” (la función debe continuar), el papel del “chomosgón” era perpetuar el espectáculo hasta su fin.

La política secuestrada por los partidos políticos apuesta a convencernos de que no hubo tiempo anterior a ella. Pretende hacernos creer que su permanencia es independiente de nosotros porque estaba antes de que naciéramos y, así lo aseguran, seguirá operando cuando muramos.

La parafernalia electoral nos crea la ilusión de una realidad incuestionable que reviste a los políticos de un halo de autoridad cuasi religiosa y por ello todopoderosa y omnipresente. Por eso, en lo profundo, las campañas políticas son una exhibición del poder de las élites que controlan al País.

Usan nuestros impuestos para fabricar una superproducción para hacernos creer que el destino de la Nación, de las ciudades y de nuestras vidas se juega en las elecciones. Sin duda importa la calidad moral y la preparación de quienes toman decisiones en nuestro nombre, pero las cualidades personalísimas de los candidatos perderían gravedad si abandonáramos la ficción de la representación y camináramos hacia una democracia participativa en la que, como ya sucede en otras democracias, el contribuyente decida el destino de sus impuestos.

Esa masa que a los políticos les conviene identificar como “sociedad civil” o “ciudadanía” es, en lo real, una sociedad de consumidores que responden a las dudas propias de los ciudadanos -qué derechos tengo, cómo puedo informarme, quién representa mis intereses- a través del consumo privado de bienes.

No es que “el pueblo” sea incapaz de movilizarse por una causa que le entusiasme; basta ver cómo se comportan los aficionados al futbol local para preguntarnos por qué parece irrelevante a las mayorías participar en la exigencia de mejores gobiernos.

Al no existir una ciudadanía a la cual convencer por medio de argumentos lógicos, las campañas políticas se han transformado en shows de entretenimiento (Abel Guerra, Brenda Velázquez), en rifas de carne asada (Héctor Gutiérrez), en regalo de boletos para Plaza Sésamo (Alfonso Robledo), en pintas en los parabrisas de los autos de aficionados de los equipos Tigres y Rayados (Ivonne Álvarez, Marcela Guerra). El candidato aprovecha nuestro retraso político para buscar coronarse como estrella pop.

Si contáramos con herramientas de democracia básica como revocación de mandato, presupuestos participativos, referéndum y candidaturas independientes, las elecciones dejarían de ser el “cañaveral de pasiones” que hoy financiamos con recursos públicos. La clase política, emulando a la élite que retrata en revistas de chisme social, exhibe sus conflictos tratando de hacernos creer que sus problemas también son nuestros. Basta con que así lo creamos para que así sea.

Sólo los muy ilusos pueden emocionarse otra vez con las campañas políticas. Ha quedado comprobado que gobierne quien gobierne la inercia de la impunidad y la corrupción se mantiene intocable porque el sistema no se cuestiona. Mi hipótesis es que la alternancia electoral no modifica la cultura política de la gente. Muy pocos gobiernos y aun menos candidatos se atreven a señalar el atraso cultural -que medios de comunicación alimentan- como el verdadero lastre nacional.

Sin embargo, y a pesar de sus manifiestas incongruencias, es importante que no caigamos en la tentación de cruzarnos de brazos como lo hiciera Pedro Páramo para castigar al pueblo de Comala. Debemos votar, pero desprovistos de toda ilusión, comprendiendo que el destino común siempre ha dependido de todos y que, por lo tanto, atender la campaña de los superhéroes es una distracción para restar importancia a la ausencia de reflexión crítica en las mayorías.

Ya se les está cayendo el teatrito, así que no caigamos en la tentación de hacer las veces de “chomosgón”: este show debe terminar.

ximenaperedo@gmail.com
 

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