Pantalla LCD

6 Ene

La sorpresa que nos dio la señora María Carmen Cuevas de rechazar la pantalla LCD con la que el Municipio de Monterrey pretendía condecorarla por ser la primera en pagar su predial da para muchas reflexiones.

Lo primero que impacta es la lección de civismo de una mujer a quien no “apantallan” con premios de consolación, sino que exige al trasnochado Gobierno municipal alumbrado público de las avenidas tal y cual por las que tiene que caminar de noche cuando ya no alcanza el camión.

María Carmen vive una ciudadanía en solitario, como la vivimos muchos, creyendo que no somos más que una ínfima minoría. A juzgar por las respuestas que dio a los asombrados reporteros, la señora María Carmen sabe perfectamente lo que hizo: “No la recibí (la pantalla de obsequio) porque estoy a disgusto”. Y a continuación planteó la exigencia de luz mercurial en los puentes Pino Suárez y Cuauhtémoc por los que camina de noche rumbo a su casa, en la Colonia Independencia.

La ciudadana expuso que en varias ocasiones había llevado el reporte al Municipio, pero nadie había prestado oídos a su temor de ser asaltada al amparo de la total oscuridad. Esa mañana, sin embargo, quedó resuelto su problema, pero tuvo que estar de pie desde las 2 de la madrugada para ser la primera y entonces dar una cachetada con guante blanco al confundido Municipio: por esto no merezco un premio, sino un buen Gobierno.

Confieso que me indigna pagar impuestos. Me parece humillante estar obligada a pagar por lo que considero una superproducción estilo Hollywood llamada Gobierno. Lo que digo es un sacrilegio republicano, pero el solidario relato que justificaba el pago de tributo ha perdido verosimilitud. Habíamos quedado que el ciudadano ético pagaba impuestos, pero nunca discutimos qué tan ético es preservar el atraco.

Pongo de ejemplo la televisión que María Carmen rechazó. Usted y yo pagamos por esa pantalla LCD de 32 pulgadas que se quedó en su caja; con nuestro trabajo diario mantenemos las ocurrencias de los gobiernos que se esfuerzan por aparecer simpáticos y festivos en la televisión. Mantenemos la maquinaria del desfalco funcionando. Alguien podría decir que entonces tendríamos que dejar de pagar impuestos, pero entonces aparece la señora Cuevas poniendo el listón de la eticidad cívica en lo alto para, desde ahí, hacerse oír.

Quizá la señora Cuevas peca de indulgente, pero ciudadanos como ella están reinstalando la autoridad en el Estado. Me convence su ejemplo.

Ahora bien, aunque es una tontería premiar al contribuyente, sigamos con la reflexión del episodio: ¿por qué una televisión?

De entre todos los premios (balones, bicicletas, libros, pases a museos), el Municipio supuso que lo que nos volvería locos a todos era una gran pantalla. Percibo que por su agudeza y convicción, la señora María Carmen no presta mucha atención a la tele, pero sabemos que en los hogares regiomontanos el aparato se mantiene prendido 10 horas con 51 minutos diarios.

La política se hace en la televisión. Los gobiernos estarían mucho más debilitados ante la opinión pública sin el apoyo constante de las empresas televisoras, que saben cómo cobrar esos favores. Los verdaderos Secretarios de Comunicación estatal y municipales están dentro de la barra de noticias de los canales locales. Reporteros y presentadores de noticias levantan de la lona a los gobiernos y políticos más corruptos sin el menor escrúpulo.

Dígame si no le parece absurdo que con dinero público se financien los nuevos decodificadores para recibir la señal digital en las televisiones análogas. ¿Por qué el Estado mexicano debe subsidiar un accesorio para el uso de un electrodoméstico?, ¿qué tan importante será la televisión para los partidos políticos que el año pasado destinaron, vía Congreso de la Unión, 500 millones de pesos para que no nos quedáramos sin ver a Joaquín López Dóriga?

La televisión es una gran seductora. Convierte a la política en un espectáculo vulgar. Por eso me conmueve que la ciudadana Cuevas haya intercambiado su tele por calles iluminadas. Arrancamos el 2012 con un reconocimiento del espacio público por sobre la caja idiota, es un buen comienzo.

ximenaperedo@gmail.com

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