Mis mejores deseos

30 Dic

Temo que en el almanaque de este 2011 no quede espacio para contar lo bueno de la crisis. El desastre político, la ausencia de autoridades, la negligencia confirmada hasta el horror, no sólo nos han sumido en la angustia, también nos han convocado a construir otro lugar. El 2011 nos advirtió que, efectivamente, un mundo está por terminar. Pero en este episodio no habrá vencidos ni vencedores. La revolución será tan silenciosa y perfecta como la luz atravesando una pupila: veremos distinto.

La gran diferencia entre la generación que en 1968 exigía lo que hoy denuncian los indignados es que ya no existe la ilusión de la ideología. No hay referentes. Las teorías totales fracasaron por igual. No hay mapa, ni instructivo. Hay críticas cuya argumentación lógica está desprovista de obediencia a algún nuevo canon. Hay, de facto, una desilusión del mesías, del señor Alcalde y del patrón. Pero esta frustración no se resuelve crucificando, desaforando o vituperando a nadie, es más difícil, es una modificación de creencias.

Ahora llamamos al banquillo de los acusados a nuestras creencias, no a sus seguidores. Ortega y Gasset dice que las creencias construyen al ser humano, por eso suele ser tan difícil desarraigarnos de ellas. Nuestros padres nos enseñan a creer en Dios, en el policía, en el sacerdote, en Santa Clos; repiten por tradición quién es quién aunque nada de lo que digan podamos comprobar. Estas primeras lecciones ilógicas facilitan nuestra incorporación a un sistema más complejo de falsas creencias, entre las más crueles la del “progreso”.

El relato “progresista” minimiza los sacrificios que en su nombre todos hacemos. Intercambiamos calidad de vida por dinero, tal como los indígenas entregaron sus joyas por pedazos de espejo. Seguimos en tiempos de conquista. Una conquista igualmente violenta, por cierto, pero más sofisticada, pues no son necesarios ni grilletes ni cadenas, basta la ilusión de sentir que vamos en el tren correcto.

El 2011 reveló nuestra incapacidad para resolver problemas colectivos. Goliat es mucho más impenetrable de lo que parece. Estamos asumiendo nuestra negligencia cívica, pero por otro lado también estamos comprendiendo el caos del sistema. Es duro que al vencer la inercia de la apatía no tengamos un caramelo de recompensa, sino una cubetada de agua helada: el Estado es otra creación del capital; luego, no es con los políticos con quien tenemos que ponernos de acuerdo.

No estoy proponiendo que vayamos presurosos al encuentro de los dueños del dinero para conmoverlos con las postales de nuestra Ciudad hecha pedazos. Regreso a la metáfora de la luz que atraviesa nuestro ojo para dejarnos ver. Para cambiar la inercia de destrucción no es necesario destruir, basta con que comencemos la mudanza de nuestra energía a un espacio en el que comamos frutos que no envenenen.

No necesito pelearme más con los diputados, ni con el señor Gobernador. Interpelarlos es inútil. Están jugando un juego en el que ellos mismos han dejado de creer. La traición a sus propias causas es irrefutable y sistemática. Su capacidad para justificarlo todo es aberrante. ¿Qué sentido tiene pelarle los dientes y levantar nuestro puño de indignación ante seres extraviados en relatos inverosímiles?

Habrá quien piense que con un par de bofetadas podrán salir de su fantástico relato, pero yo paso. La retórica y la violencia no hacen milagros. Quizá en 2012 logremos comprender que no hay sentido en permanecer a la espera de algo -ahora con las elecciones, el que viene es el bueno, ya merito- y comencemos a construir un espacio en donde la vida se ubique más en presente y menos en futuro. Para eso le tengo una pequeña y depurada lista de deseos de año nuevo.

Que disfrute más y consuma menos. Que coma frutos de un árbol conocido. Que realice intercambios no monetarios. Que apague la tele. Que camine más. Que se sienta parte de la cadena de personas que a lo largo de todos los tiempos se han preguntado lo mismo que usted. Que se sienta igual a todos los solos, los enamorados, los tontos y los listos del mundo. Que tema y envidie menos. Que se cure algún malestar tomando agua. Que realice una limpia de creencias personales.

Feliz 2012.

ximenaperedo@gmail.com

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2 comentarios to “Mis mejores deseos”

  1. Alfonso Teja Cunningham diciembre 30, 2011 a 6:38 pm #

    Gracias, Ximena. Ésta sí es una pieza de reflexión muy adecuada para la (hasta cierto punto)culminación arbitraria del movimiento en torno a nuestra estrella: el Sol.
    Coincido plenamente con los ejes de tu pensamiento. No obstante, me gustaría compartir contigo, y quienes más anden por aquí, dos muy breves acotaciones.
    1) En la generación sesentayochera había dos grandes vertientes. En una de ellas efectivamente se planteaban las cosas así como las describes; pero había otra vertiente, más atemporal, en la que los vestigios del “iluminismo psicodélico” (o como quieran llamarle) generaron en muchísimos jóvenes y no tan jóvenes, en todo el mundo, la visión y convicción de que “todos somos uno”. más allá de sistemas racionales, económícos, ideológicos y/o políticos. Desde luego a muchos ya se les olvidó o cambiaron de etiqueta cuando descubrieron la seductora comodidad de habitar en la parte alta de la colina.
    2) El otro punto se relaciona con la “metáfora de la luz que atraviesa nuestro ojo para dejarnos ver”. Este fenómeno, en realidad no es una metáfora: es una ilusión. Y es precisamente esa luz incidental la que al golpear o acariciar (en realidad no hay diferencia) a nuestras retinas nos enceguece, y no nos deja ver la realidad verdadera y trascendente, tal y como decía el Principito: “Lo esencial sólo es visible para los ojos del alma”.
    Por lo demás, me uno plenamente a tu lista de deseos. FELIZ AÑO 2012 COMO CONSECUENCIA NATURAL DE NUESTROS BUENOS ACTOS Y DESEOS.

  2. Raquel diciembre 30, 2011 a 9:44 pm #

    Gracias, Ximena, comparto contigo mucho de tu reflexiòn… y pertenezco al mundo de los raros, que andan por ahì compartiendo mucho con los de su gènero.

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