Armados de preguntas

4 Nov

El tabú se ha roto: podemos decir que algo va realmente mal. Durante mucho tiempo vivimos en soledad un fracaso que ahora reconocemos sistémico. La ocupación neoyorquina en Wall Street se ha convertido en un movimiento nacional cuya fuerza radica en sus preguntas lógicas. No es una protesta, es un proceso iniciado de toma de conciencia colectiva que pondrá en jaque a las próximas elecciones mexicanas.

La democracia representativa está en vilo. Se sostiene únicamente del gran poder de la tradición. Por ser incapaces de imaginar otra forma de organizarnos, parecemos condenados a la impostura. No es un problema menor: el destino de nuestras ciudades y de nuestra calidad de vida (salud, transporte, educación, alimentación) está en manos de personas no aptas. Ahora bien, ¿el problema es el perfil de las personas que dicen representarnos o la representación es, en sí misma, una ficción inverosímil?

El Estado está fallando en sus más elementales tareas (de hecho, fundacionales): proteger la propiedad privada y la vida de las personas. Peor aún, se ha transfigurado en una institución coercitiva del sistema económico neoliberal.

Impera, de facto, un estado de excepción no decretado, pero llevado hasta sus últimas consecuencias cuando en Monterrey el Ejército derriba las puertas de nuestras casas bajo el terrorista argumento de “just checking”, pero también cuando la ciudadanía lucha contra sus gobiernos para defender sus garantías (el amparo, qué tragedia, se ha puesto de moda).

Pero más allá de sus conductas antisociales están sus reiteradas omisiones. El sociólogo Víctor Manuel Durand Ponte aborda este punto en su investigación “Desigualdad Social y Ciudadanía Precaria, ¿Estado de Excepción Permanente?” (Editorial Siglo XXI, 2010). Para millones de mexicanos la norma es la ausencia de derechos y la imposibilidad de exigirlos. Claro, es mejor hablar de una crisis de valores que de la ausencia de un Estado de derecho cuando se analiza la proliferación de sicarios.

México es el país más obeso del mundo. Éste no es un problema exclusivo de negligencia personal, aunque así ha tratado el Estado de maquillarlo. Éste es un problema económico en primera instancia, pero también es un problema de ausencia de políticas que protejan a los mexicanos de morir o padecer una vida llena de dificultades por estar tan mal alimentados. La obesidad es un buen ejemplo para plantear una falla del sistema, más allá de los defectos individuales, o de la avaricia sin límite de “la familia Coca Cola”, Bimbo, Sabritas…

Como ciudadana, muchas veces me enfrento al dilema de dialogar o no con políticos que, a todas luces, no tienen la preparación ni el ánimo de entablar un intercambio de ideas, es decir, con impostores de la representación; personas fieles a la línea de su partido político o juniors que reciben el espaldarazo del padrino. Es una pérdida de tiempo pedir cita con testaferros que son incapaces de tomar una decisión sin recibir órdenes de quien les “concedió” el puesto, la curul, la Secretaría.

¿Qué hacer? ¿Entrar al juego de las simulaciones o cancelar el diálogo? Vaya dilema.

Éstos son síntomas de un deterioro sin precedentes. Los postciudadanos advierten la ausencia de autoridades y se enfrentan al desafío de legitimar o no a quienes se han quedado con la representación del “poder”, ese que tiene, supuestamente, el monopolio de la fuerza pública. Reflexiono sobre la gran paradoja del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), decidido a volver a saltar a través del aro encendido que tanto -y con tanto tino- critica. ¿Valdrá la pena?

¿Salvamos al Estado? ¿Le entramos al diálogo, exigimos espacios en los consejos, pedimos audiencia con quienes nos representan, impulsamos mejoras en las leyes, denunciamos la corrupción, la impostura?

Quizá los esfuerzos que algunos hemos hecho en este sentido han sido infructuosos porque no pasamos de ser un puñado; o tal vez el desgaste histórico ha llegado a su límite y no hay remedio más que irse replanteando una nueva forma horizontal de organizarnos que nos obligue a prepararnos para representar nuestra propia opinión.

Necesitamos protegernos con preguntas para no pecar de ingenuos, ni prestarnos al indigno juego de legitimar el desastre político.

Anuncios

4 comentarios to “Armados de preguntas”

  1. Rodolfo Sada noviembre 4, 2011 a 4:44 pm #

    Ximena, no quiero dejar pasar la oportunidad de reiterarte mi agradecimiento por tu dedicación a esa noble tarea de la construcción de ciudadanía participativa.
    En este artículo nos muestras con los hechos que la democracia representativa está totalmente agotada y que debemos sustituirla de inmediato con esa participación ciudadana que tanto nos regatean los políticos de profesión.
    Gracias por echarle tantas ganas y desde tantos flancos a la vez.
    ¡Mi respeto y admiración
    Rodolfo Sada

    • Luis noviembre 12, 2011 a 1:46 pm #

      Me sumo a esa felicitación, respeto y admiración.

      En sus textos, Ximena nos comparte un oasis de reflexiones e ideas humanistas, inteligentes y serenas, tan necesario en medio de esta hecatombe narcofascista, ultracorrupta y fraudulenta que padece México y se gestó desde 1982.

      Hoy la hecatombe es global. Sin embargo, hasta de las guerras y las tragedias más cruentas, las naciones y la especie humana han logrado salir, una y otra vez… la tragedia no tiene que ser destino.

      La construcción de la humanidad y del humanismo es un proceso creativo que siempre ha avanzado, ayer frente a la enfermedad de las religiones judeo-cristianas, y hoy frente a la sociopatía bestial del imperio sionista anglosajón que domina, guerrea, depreda y expolia despiadadamente a los pueblos y sus recursos naturales y económicos, desde principios del siglo XX. Hoy se le conoce como neoliberalismo.

      Pero a todo nivel, la salvación de la especie humana y del planeta -y de México, como país, cuna y cultura identitaria a la que pertenecemos- dependerán de la conciencia y la participación colectiva y humanista, frente a aquel mounstruo y los desafíos ecológicos, entre otros, que ha desatado…

      En ese amplio contexto y sus particularidades nacionales y locales, creo se ubican las reflexiones de Ximena.

      Saludos!

  2. Jose Andres Peraza noviembre 4, 2011 a 9:46 pm #

    Magnifica reflexion.

  3. omar noviembre 5, 2011 a 5:31 pm #

    Ximena: Interesante cuestión esta de los formas de representación planas o piramidales; sin embargo nadie podrá negar que cualquier formato representativo, administrativo o de gobierno ya sea plano o piramidal será en un 80% tan bueno o malo como sean sus integrantes.

    En lo personal he visto a empresas con administración centralizada apostar a que sus problemas se resolverán descentralizando sus tomas de decisiones y a empresas descentralizadas apostar por la centralización de sus mandos, inclusive a empresas que cíclicamente centralizan y descentralizan con la llegada de nuevos e iluminados jefes.

    Un método pude ser tan bueno como otro siempre y cuando sean ejecutados convenientemente y tirar todo a la basura porque el ejecutante se equivoca creo que sería un error.

    Habrá que analizar cual método de representación es mejor por sí mismo independientemente si el ejecutante actual lo realiza correcta o incorrectamente.

    Una representación plana creo que nos llevaría a los métodos y formas inmediatas a la revolución francesa.

    Un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: