La trampa de los evaluadores

19 Oct
Con mi gratitud a Ccinlac por invitarme a escribir esta reflexión

Aunque todavía hay quien dice “no la veíamos venir”, la crisis económica global fue largamente anunciada por los críticos del sistema financiero. Durante décadas fue señalado el peligro de confiar demasiado en calificadoras remuneradas por los mismos créditos que calificaban. Los años les dieron la razón cuando éstas calificadoras fueron descubiertas otorgando calificaciones Triple A “a créditos tan inseguros que incluso hoy nadie sabe lo que valen, si acaso valen algo” (George, 2010). La fe no mueve montañas. Tampoco vuelve expertos a los engañabobos de corbata de seda. No basta con que lo diga yo para que sea cierto, tampoco basta con que lo digan los evaluadores porque, la realidad, toc toc, a veces se impacienta.

En Monterrey perdimos nuestro último bosque urbano por varias razones subjetivas dignas de poner a discusión, pero además, por una razón que hoy me interesa compartir con los miembros del Ccinlac y ciudadanos especialmente preocupados por promover la cultura de la legalidad: la participación de falsos evaluadores. Para ustedes no será nueva la impotencia de saber que la aprobación de tal o cual proyecto depende de un sello, un sello que se encuentra en manos de burócratas sin preparación llegados a partir de favores o recompensas políticas o, en el peor de los casos, en manos de personas que cobran por el uso de ese sello. Para el caso que hoy nos ocupa me interesa comentar la ausencia de evaluadores confiables en el largo proceso que tuvo como desenlace el exterminio de nuestro último pulmón. El bosque La Pastora se hubiera salvado si los legisladores locales hubieran hecho un ejercicio profesional de evaluación de la utilidad pública del proyecto, si la Semarnat hubiera evaluado las afectaciones inminentes de la remoción de vegetación en la Ciudad y no en la Sierra Cerro de la Silla –con sus espléndidos bosques de encinos-, como lo hizo; y tres, si la evaluación que diera el municipio para otorgar el cambio de uso de suelo comercial y el aval de la Secretaría de Desarrollo Sustentable valieran de algo, porque como sabemos, la devastación del bosque ocurrió antes de contar con estos dos últimos sellos.

Depredar el bosque La Pastora para construir un estadio (que puede construirse en otro lado) siempre fue una idea ridícula que se sostuvo y se sostiene por la ignorancia de la mayoría. La gente vive desconociendo la importancia del suelo, aire y agua para conservar la salud  pero, además, en Monterrey este desconocimiento se mezcló con la información reproducida en varios medios de comunicación que declaraba a La Pastora como un auténtico basurero y sitio de criminales. Sólo una minoría, que José Antonio Fernández alguna vez llamó “minoría gritona”,  pareció comprender no sólo que la pérdida del bosque sería irreversible en términos ambientales, sino que la construcción de este mega proyecto en las condiciones planteadas abonaría a la devaluación de “la marca Monterrey”. Guillermo Peñalosa lo dijo muy claro en la primera edición del ReVive Mty (http://www.youtube.com/watch?v=wi1cARp5x9g) cuando instó a los asistentes a reflexionar si las personas con grandes talentos desearían vivir en Monterrey del futuro: “La calidad de vida hoy es el elemento más importante de competitividad económica para cualquier ciudad”.

La marcha de las preguntas

Lo extraño es que muchísimos actores que deberían estar interesados en preservar la calidad de vida en la Ciudad optaron por el silencio; lo raro fue que ante la evidente contingencia ecológica que vivimos en la zona metropolitana la sociedad aceptara la pérdida de la última mancha verde; lo absurdo es que ante la exacerbada violencia los académicos que conocen la correlación entre espacios públicos y restauración del tejido social, se quedaran callados. Una parte importante del sector crítico de la sociedad pareció quedar atrapada en el temor de hacer el ridículo al desacreditar o contradecir lo dicho por Femsa (que se trata de un proyecto ecológico). No perderemos el tiempo juzgando de mal intencionadas estas omisiones. Mejor hablemos del poder de los evaluadores.

En el caso que nos ocupa, los evaluadores no son Standard and Poor´s o Fitch, sino autoridades o representantes públicos, quienes son pagados por nosotros para tomar las mejores decisiones para la colectividad. Se equivocan muy a menudo. Lo sabemos. Y, sin embargo, parece que, en casi todos los temas, preferimos simular que lo hacen bien. De forma por demás extraña, la confianza que no otorgamos al gobierno estatal en materia de seguridad, la recibe a manos llenas en materia ambiental.

Los diputados locales que entregaron La Pastora en concesión a Femsa (31 de marzo de 2010) justificaron su decisión aludiendo a los beneficios socioeconómicos del nuevo estadio Rayado (que no desaparecen si se cambia de sede).  El Congreso debía aprobar “la utilidad pública” del proyecto pero lo hizo revisando documentos elaborados por Saga Consultores, que la empresa Femsa mandó hacer. Cuando se les preguntó a los diputados por los estudios de costo-beneficio, éstos se ocultaron detrás de otros estudios sobre viabilidad ambiental que también había pagado Femsa a la Facultad de Ingeniería Civil de la UANL. En este video (http://www.youtube.com/watch?v=iwQxjkEFyoA) el líder del PAN, Hernán Salinas, acepta la parcialidad  de estos estudios pagados por el promovente, y se compromete a impulsar la creación de un estudio independiente, que sopesara las implicaciones totales. “En los grandes proyectos del mundo, los gobiernos hacen estos estudios”, reconoce Salinas. Sin embargo,  nada de esto fue elaborado. La decisión se tomó al vaivén de las presiones políticas, sin estudios, ni consulta pública.

Después la pelota saltó a la cancha de Semarnat y los ciudadanos, furibundos ante la negligencia de los diputados, fuimos detrás. Algunas veces nos daba por pensar que la inviabilidad ambiental del proyecto eran tan evidente que podíamos asegurar que se negaría el permiso, pero otras, cuando ante el rotundo silencio de la sociedad nos sentíamos solos, advertíamos nuestra total indefensión. Y así fue. Contra todo pronóstico lógico: la contingencia ecológica, la desertificación alarmante de los suelos, el riesgo de extinción del acocil regiomontano, la escasez de agua, las elevadas temperaturas, Semarnat decidió aprobar el cambio de uso de suelo considerando que las 19 hectáreas no formaban parte del área natural protegida estatal, ni estaban dentro de algún polígono de protección especial. ¡Bárbaros, los evaluadores! Es decir, que como estas 19 hectáreas no estaban protegidas, no fueron protegidas. En una reunión posterior a la aprobación que sostuvimos algunos activistas con la delegada Brenda Sánchez, quien por cierto no tiene ninguna credencial en materia ambiental como para haber firmado semejante aprobación,  y su equipo de colaboradores, quedó manifiesta la negligencia con que otorgaron un permiso cuyas consecuencias serán irreversibles. Al ser increpados por los riesgos de inundación que provocaría la remoción de tanta vegetación, los técnicos se atrevieron a contestar que confiaban en que Femsa haría bien las cosas. Ante la duda, el autoengaño. En esa reunión nos quedó claro que la Delegación se abstuvo de cuestionar en grandes temas a la empresa. Cuando leímos el Manifiesto de Impacto Ambiental nos surgieron infinidad de dudas, ¿dónde están los permisos de Conagua para modificar un cauce tributario de la Cuenca La Silla?; ¿cuánto bióxido de carbono dejaría de captarse con la destrucción de estas 19 hectáreas?, ¿cuántos árboles se talarían?, ¿cómo se mitigará el daño ocasionado al suelo? ¿dónde reubicarían a los animales que, supuestamente, rescatarían? Preguntas básicas como usted puede ver. Éstas mismas dudas las entregamos junto a diez opiniones técnicas elaboradas por expertos a la delegación de Semarnat sin recibir respuesta, y cuando solicitamos –más de 140 personas lo hicieron- la reunión pública informativa, prevista por la Ley para proyectos controvertidos en la cual el promotor del proyecto responde preguntas de ciudadanos, la delegada Sánchez impidió que hiciéramos públicas estas dudas.

El bosque fue devastado en cinco días sin contar con los permisos de construcción ni con el aval de la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Gobierno del estado de Nuevo León. Femsa creyó que no era necesario esperar dos veredictos que, obviamente, fallarían a su favor. ¿Evaluadores? ¿para qué esperarlos? ¿qué van a decir que no sepamos ya?

Por supuesto no hay en esta lista de evaluadores uno que asuma su responsabilidad con la destrucción del bosque. Yo le agarré la pata, yo la otra, yo la otra, yo la otra y, total, que nadie quiere enterarse que mató a la vaca. Todos dicen haber hecho un trabajo profesional y algunos, en el colmo del cinismo, se quejan lastimeros de que la Ley no les dio facultades para negar su firma.

Muy obvio

El caso La Pastora es paradigmático y será estudiado durante muchos años siguientes. Las tendencias avisan que la decisión irá de ridícula a imperdonable porque, por desgracia, la empresa no parece advertir la dilapidación de su prestigio como una pérdida de capital irreparable. La generación que está luchado por defender este bosque está alarmada ante la posibilidad de heredar una ciudad cadáver sobre su plancha de asfalto. Por ello, es importante que los empresarios y los integrantes de Ccinlac se conmuevan ante la pérdida del bosque La Pastora y generen en conjunto una respuesta. Para Femsa ha sido fácil desoír a un grupo de activistas, pero será complicado ignorarlos a ustedes. La propuesta en este momento es mudar el proyecto de sede y plantar un nuevo bosque donde estuvo La Pastora para el futuro de esta Ciudad. La oportunidad es única: podemos, en conjunto: gobierno, iniciativa privada, academia y ciudadanía detener la inercia del desarrollo rapaz y movernos hacia un desarrollo sostenible, que agradecerán nuestros hijos y nietos.

“Decía Pascal, si no crees arrodíllate, actúa como si creyeras y la creencia llegará por sí” sola”. (Zizek, 1999) Así lo hemos hecho durante muchos años los mexicanos. Ante la reiterada evidencia de corrupción y negligencia en el sistema político, seguimos arrodillados. Ha quedado claro que los desfalcos al erario público no nos hacen reaccionar, veremos si este crimen ambiental logra ponernos de pie.

Con mis más atentos saludos,

Ximena Peredo

Visite: http://www.sialestadioperoenotrolado.org

Referencias: George, Susan; “Sus crisis, nuestras soluciones”; Icaria en coedición con Oxfam; 2010; Barcelona.

Zizek, Slavoj ; “El acoso de las fantasías”; Siglo XXI; 2009; México

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3 comentarios to “La trampa de los evaluadores”

  1. Rodolfo Sada octubre 19, 2011 a 10:09 pm #

    Pésimo branding han efectuado quienes presumen ser los máximos promotores de la marca MONTERREY, pues debido a éstas acciones contra la calidad de vida de los habitantes de la otrora ejemplar ciudad, la marca ha perdido puntos hasta el grado de que muchos de los que antes estábamos orgullosos de llamarnos regiomontanos, hoy pensamos muy seriamente en la conveniencia de migrar hacia ciudades menos pobladas en donde desde hoy podamos hacer la labor ciudadana que no fue hecha a tiempo en Monterrey y que evite la degradación de la cual nuestra querida ciudad está siendo objeto.

  2. carlos noviembre 4, 2011 a 5:52 pm #

    Creo que la ciudad parece empeñada en destruirse a si misma y en ser un lugar hóstil para vivir. Mejor vámonos a otro lugar.

    Claro que no es tan fácil como decir “ya me voy”. Pero a lo mejor en otros lugares si hay esperanza

  3. alejandra junio 12, 2014 a 8:29 pm #

    okey se talaron muchos arboles para lo del estadio ,pero cuando van a escribir sobre el rio la silla la contaminacion del rio es de mas de 10 años y no se a hecho nada el rio tambien cuenta

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