Diario de Mazunte

22 Sep

V

 

A los tres días de llegados nos abrieron nuestro crédito. Ser sujeto de crédito en este pueblo significa que puedes participar del tráfico de deudas bien habidas. Quedas a deber tres, cuatro pesos, y lo pagas “a la vuelta”. Esto aplica no sólo cuando a uno le falta, sino cuando el dependiente no tiene cambio y prefiere fiarlo. Además de su practicidad, esto genera un sentimiento de pertenencia y mutua confianza. La primera vez que pagamos nuestra deuda sentimos cómo nuestro crédito creció. Ahora ya sabemos que si de pasadita se nos antoja algo podemos pedirlo y pagarlo a la vuelta. Nuestra última deuda ascendió a diecisiete pesos. ¡Toda una línea de crédito en expansión!

 

Hay sociedades, en cambio, cuyo crédito es tan mínimo que dependen de relaciones contractuales: papelito habla. Para evitarnos molestias, dicen los más amables caballeros, pongamos las cosas por escrito. Así te proteges tú y me protejo yo. Seguramente, cuando este modelo jurídico se inventó resolvió muchos problemas desatados por los conchudos, pero también pensemos en que a alguien se le ocurrió la idea de prestar dinero llevándose a cambio una pequeña cuota por mantener la deuda. La usura fue la forma en que las recién estrenadas sociedades civiles reemplazaron el acuerdo de mutua confianza: nada de que pasas a deberme, consigue el dinero y débele a alguien más. La usura comenzó a volverse gran negocio y en paralelo los bancos comenzaron a imprimir papeles en representación del oro que uno dejaba bajo resguardo. Al principio, el señor banquero fue cuidadoso de no dar más billetes de los que podría comprobar con oro, pero luego, se dio cuenta que a la gente ya no le importaba si el billete efectivamente podía ser validado por oro, con que lo representara era más que suficiente. Así surge el poder y la magia del dinero, cuya fórmula secreta sólo conocen muy pocas manos en el planeta. Manos irresponsables, hay que decirlo, pues el sistema financiero mundial está a punto de reventarse como la gigantesca burbuja de ilusión que es. Hoy el dinero depende de un acuerdo de confianza. Y aquí está la gran paradoja del sistema financiero, si no sabemos fiar ni dar fiado somos una sociedad sin crédito. Porque el sistema financiero depende de otros sistemas, y no al revés. Para tener finanzas fuertes, hay que revertir, como dice Susan George, la pirámide de prioridades: primero el planeta, luego sus habitantes, luego la economía, y como último eslabón, sus finanzas. De lo contrario nada queda sobre roca firme, sino pendiendo de alfileres.

 

Referencias:

Goerge, Susan; Sus crisis, nuestras soluciones; Ed. Icaria; Barcelona 2010

La historia del Dinero, en YouTube.

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