Diario de Mazunte

13 Sep

I

No se puede ver mejor a Monterrey que desde aquí, a bastantes kilómetros de distancia, frente al mar, en una comunidad de personas que duermen con las puertas abiertas. Cómo me duele Monterrey cuando me siento tan feliz estando tan lejos. Desde estas calles, que compartimos con guajolotes, gallinas, perros e iguanas, veo la velocidad de Monterrey como una idea inaceptable. Llevaba unos meses sintiéndome absorta por una realidad cada vez más inverosímil. En cuestión de días Monterrey entró en una etapa de agonía. El día de ayer recibí un correo de una de mis más entrañables amigas con una noticia devastadora: los militares están entrando a las casas del centro, en donde yo vivo. Me contó cómo los soldados tienen tomada como base la Plaza del Chorro –una de mis favoritas- y desde ahí recorren las calles tocando a todas las puertas para realizar revisiones de rutina. Consuelo recomienda que los dejemos entrar, me escribe Mar, y yo siento en el pecho un asalto. Un ataque directo a la parte más blanda de mi corazón, y me pongo a llorar.

Pienso en ti, Monterrey

Desde aquí te ves tan extraño, Monterrey

Por la noche tengo pesadillas. Sueño que al negarles la entrada me tiemblan las piernas. Están encapuchados de negro. Les cierro la puerta casi en sus narices. Me arrepiento. Entro en pánico. ¡Me he vuelto sospechosa por defender mis derecho! Voy cayendo por una escalera hacia el abismo. Me despierto.

Amanezco en medio de una sinfonía de aves. Cantan. Hay algunos trinos que me sacan la carcajada por extraños e inimitables. Los gallos son los tenores. El sol fiel ha regresado a iluminarlo todo. Es lunes. Hoy cumplo una semana fuera de casa. Regué las plantas, me despedí de Selma y de Ícara, eché seguro a la puerta y mientras íbamos al aeropuerto fui recorriendo el camino pensando qué Monterrey encontraría de regreso.

Este viaje lo planeé hace tiempo cuando las cosas no iban tan mal. Necesitaba un tiempo para leer y escribir, aunque cuando compré mi boleto pensé en que vendría a escribir cuentos. Quería escribir un librito de cuentos titulado Iguana Man, pero en cuestión de días mis prioridades se vaciaron sobre mi mesa de trabajo en Monterrey. El ataque al casino Royale lo transformó todo. La llegada de 3 mil soldados más a la Ciudad cambió mi forma de habitar la Ciudad. En horas vi cómo la caída de Monterrey se precipitaba. Se que no todos lo ven así de claro, pero eso no me inhibe. Tengo argumentos de sobra para decir que hemos perdido a la Ciudad. Es una bestia que mata. Es una bestia desconocida, hostil, desconfiada. Una bestia que ya nadie quiere porque le recuerda los olores de su hermano.

Cualquiera de ellos puede matarme

Sálvese quien pueda

Pero quizá la desventaja más grande que tenemos en la Ciudad es que no existe opinión pública. Los regiomontanos creemos que pensamos lo que se nos da la gana, pero la verdad es que estamos programados. Actuamos como si todos supiéramos qué está pasando y por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo, pero la verdad, es que nos sentimos confundidos. El que duda es un perdedor. El que se detiene es un inadaptado. ¡No la estamos pasando bien! Si de esto se trata vivir (despertarse tarde y decirse pendejo, despertar a gritos a todos en casa, salir sin desayunar, pelear en el tráfico, llegar a un trabajo del que no se sale hasta diez horas después, salir exhausto, con ganas de cerveza pero sin dinero; llegar a casa, reñir con casi todos, tomar una aspirina, entrar a la cama) entonces francamente esto no está tan bien diseñado. Por eso está gestándose un movimiento mundial de personas, sobre todo jóvenes, que sospechamos que la vida puede explorarse más hacia los lados. La vida es corta pero ancha. Estas dudas las masticábamos en soledad o apenas con pocos amigos porque aceptábamos que de tan solos podríamos estar muy equivocados, sin embargo, las convulsiones en México y en el mundo están alimentando estas dudas. Los mercados están al borde del colapso, los gobiernos están acabándose; hemos planteado la vida como un evento depredador; muy pocos seres humanos en el planeta se sienten parte de la naturaleza, el resto se cree el centro de la vida en el planeta, y por ello, con derecho a explotar y a servirse sin pensar en quienes llegarán después. Esto lo aprendimos en la Biblia que es palabra de Dios, dicen algunos, y las mayorías lo creen. Basta con que alguien decida creer esto para que lo considere verdad. Jamás podrá ser comprobado ni que existe eso que nadie define –por precaución- pero que llaman Dios ni si este ser inspiró a ciertos autores para dictar las máximas morales de la civilización Occidental. No pretendo iniciar una discusión sobre si existe o no Dios. No me interesa convencer a nadie de lo contrario. Me basta con sentirme libre y tranquila con creer lo que creo. Y aquí está la clave: no hay verdades, habitamos un mundo de ficciones y entre ellas existen las verosímiles y las inverosímiles. Para mi la ficción de “Dios” es inverosímil, de la misma forma que un día me resultó absurdo creer en Santa Clós. La diferencia es que si uno sigue creyendo a los 30 años que hay un hermoso abuelo de barbas blancas que reparte a todos los niños los juguetes que desean montado sobre un trineo tirado por renos, uno es un imbécil. Pero si a los ochenta uno sigue creyendo que hay un Dios que todo lo sabe y cuyos designios son inescrutables, uno es un piadoso. Lo que quiero decir es que las ficciones suelen perder vigencia con el tiempo, dejan de sostenerse por sí solas y entonces, o las desechamos o las resignificamos: todo sucede a nivel mental. No podemos prescindir de las ficciones, no hay forma de evadirlas, pero es liberador entender, por ejemplo, que lo que nos significan las cosas puede ser transformado tantas veces como lo necesitemos o queramos. Yo puedo dejar de creer que nací para ser una líder. Puedo dejar de creer que si no reúno suficiente dinero en la vida seré un fracasado. Puedo dejar de creer que tengo que casarme. Puedo dejar de creer que siendo hombre me tienen que gustar las mujeres. Puedo dejar de creer que mi cuerpo es feo.  Puedo dejar de depender emocionalmente de una creencia y sentirme dueña de mi historia. Basta con decidirlo. Estamos atravesando, como civilización, una pérdida de sentido en lo que hacemos. Esto es mucho peor que una crisis económica o política, la crisis de motivos puede detenerlo todo porque deprime a las personas. Por eso es necesario que cada quien en lo individual, en lo más secreto de su ser, refunde sus motivos para vivir.

¿No es sumamente extraño el guajolote?

Esto es lo que yo llamo una rareza hermosa

Me siento parte de un movimiento de personas que están dándose cuenta de su poder. Es el poder de estar vivos y de poder transformarnos, de ser protagonistas de esta única oportunidad de estar vivos dentro de estos cuerpos que lo perciben todo de forma tan misteriosa. Los seres humanos ignoramos lo más esencial. Ignoramos nuestros cuerpos, desconocemos a las otras especies, nos relacionamos con las frutas y verduras como si éstas no fueran en sí mismas hermosas y llenas de poder. Conocemos poco de meteorología. No sabemos trabajar la tierra. Damos por normal la grandeza de la reproducción humana. (El que dos seres humanos puedan dar vida a un tercero evidencia que estamos lleno de poder). Y, sin embargo, los seres humanos creemos que la vida es penitencia. Cargamos nuestra cruz con los gobiernos, el jefe; nos relacionamos con violencia, imponiendo nuestra forma de pensar, chantajeando a los demás. No sabemos hablar sinceramente. Hace un par de años mi amiga Mar y yo pensamos en instaurar el día internacional de decir lo que se piensa, pero entonces nos dimos cuenta que aquello podría terminar en la destrucción del planeta pues no sólo no estamos listos para ser sinceros, sino para aceptar con una sonrisa las otras versiones de la realidad.

Y ya que estamos confesando que vivimos gracias a que nos construimos ficciones yo tengo mi propia construcción de Dios. La vida es Dios. Todo ser con aliento es parte de Dios. Pero en fin, mejor nos movemos hacia otro tema antes de que esto tome tintes proselitistas (aunque, bueno, aprovechando que el tema salió: si hubiera interesados en unirse a la mejor religión del mundo, visiten: www.yanocreasqueexistetalcosa.net)

Asidero de vida

Sostenernos de otra forma

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9 comentarios to “Diario de Mazunte”

  1. Rodolfo Sada Ortega septiembre 13, 2011 a 5:09 pm #

    Ximena, gracias por decir lo que piensas y ponerme a pensar en l que realmente pienso.
    Entre otras cosas, en que tienes razón: tal vez no seamos muchos los preparados para afrontar que otros piensen distinto y decir lo que uno piensa podría no solo ser peligroso para uno, sino para toda la humanidad.
    Un afectuoso saludo.

    • ximenaperedo septiembre 14, 2011 a 4:19 pm #

      Mi querido Rodolfo, creo que se trata de salir del clóset para ser nosotros mismos, para celebrar nuestra propia personalidad.
      Un abrazo

  2. Daymar Macías septiembre 13, 2011 a 5:26 pm #

    Ximena,

    Me has conmovido hasta las lágrimas, y debo decirte que no son de tristeza sino de alegría. Justamente llevo un par de semanas sintiéndome desmotivada, desesperanzada ante la realidad que nos sucede como ciudad pero sobre todo como universo.

    Trato de aferrarme a lo que mi corazón me indica, a practicar lo que la meditación me revela, a lo que mi energía me indica que es lo conducente pero debo confesarte que a veces es desgastante ir a contra corriente. Y es justamente en esos días cuando la mente en su afán de continuar en el apego, en que la naturaleza misma me regala un cerro de las Mitras despejado, o unas nubes hermosas que dejan atravesar al sol sin problema alguno. Es en ese preciso momento en que respiro profundo y sonrío sin explicación alguna, y así día a día, busco algo en el cielo o en la tierra que me alimente y me construya de tal forma que pueda regresarlo a otros en mi camino. Y aunque para la mayoría sea una ñoña por hacerlo, no me importa, lo sigo haciendo y disfrutando.

    Gracias por recordarme que habemos algunos más ahí afuera buscando despertar la conciencia desde el amor, la tolerancia, la bondad y la compasión. Gracias de verdad! 🙂

    Te mando un abrazo fuerte y sincero,
    Daymar

    • ximenaperedo septiembre 14, 2011 a 4:19 pm #

      Gracias, Daymar. Nos alimentamos mutuamente. Me conmovió muchísimo tu mensaje. No sabes lo que significa para mi sentir que mis palabras se abrazan a las tuyas.

      • Daymar Macías septiembre 14, 2011 a 10:56 pm #

        Quizá este sea el momento para decirte: Namasté (“Yo honro ese lugar en tí en donde habita el universo entero, yo honro ese lugar en tí que es un lugar de amor, de verdad, de luz. Y sé que cuando tú estás en ese lugar dentro de tí, y yo estoy en ese lugar dentro de mí, tú y yo somos uno solo”).

        Creo que al final de esto se trata la vida, de honrarla a través de la nuestra. 🙂

        Un abrazo,
        Daymar

  3. Luiz septiembre 13, 2011 a 10:45 pm #

    Amén.

  4. Anhelo septiembre 14, 2011 a 1:11 am #

    Ximena, muchos abrazos para ti. Gracias por hablar, por levantar la voz. Esa voz personal que habla por tantos, inintencionadamente. Dios, precisamente, es esa energía que no acaba sino sólo se transforma. Recuerda eso. La vida es circular, donde hay caos es porque hay órden. Es cierto, tú lo sabes.

  5. liliana de la teja agosto 11, 2012 a 5:05 pm #

    Ximena, fijate que empezé a leer ¨por accidente¨, tu Diario de Mazunte, porque yo estuvé ahi, y quedé enamorada del lugar, al continuar leyendo pensé, quien escribió esto! como sabe lo que yo viví en mazunte,.. despues en tu relato lei acerca de javier, los pollitos de la posada y las ardillas en la palmera…. pensé Ximena ?? la que yo conocí….. y dije uff.. que manera de escribir te felicito y te admiro que manera de expresar lo que sentimos muchas personas….. lo siguiente en tu vida por supuesto que será un libro… seguro…
    soy Liliana de Pachuca, Hgo, conocida del tio Daniel… te mando un abrazo . y espero tu libro

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