Los inspirados

29 Ago

Crónica sobre la concentración del domingo 28 de Agosto en la Explanada de los Héroes, en Monterrey, Nuevo León

Llegué pedaleando con el Pueblo Bicicletero a una plaza de los Héroes en plena ebullición. Como apenas entrábamos no entendíamos qué pasaba pero todo parecía en descontrol. Ya los oradores oficiales habían terminado y aquello se había convertido en una batalla de consignas. El mapa completo no lo podíamos observar pero ya se dimensionaba que la plaza estaba dividida. Los “renunciantistas” gritaban por un lado contra Medina y por el otro contra Calderón. Parece que esta estéril discusión generó el caos que durante unos 15 minutos reinó en la plaza. Nos quedamos solos. Los convocantes decidieron irse, pero yo no entendía nada. Llegué tarde y nada de lo que escuchaba en pedazos aquí y allá me parecía embonar. Caminé por entre la gente y fui recogiendo una sensación de frustración gigantesca pues la reunión ciudadana se había transformado en un griterío, en donde cada quien se valía de sus pulmones para imponerse sobre las otras voces. Fue, de veras, horrible. Creo que en este punto todos nos sentimos infelices. Aunque esto no lo escuché en vivo, hace un rato escuché en YouTube  (http://youtu.be/roM_4XoKJRA) una voz,  una voz clamando en el desierto. Juan Carlos Guerra llamó a la gente que lo podía escuchar a que no desperdiciáramos la energía reunida en la plaza. Intentó con todo el poder de sus pulmones hacer entrar en razón a la gente que sólo gritaba. Recomiendo ampliamente que visiten este video que estoy posteando porque da cuenta de la parte final de la “primera etapa” de la concentración. El video es del usuario el5anto y la verdad me parece que es un documento histórico que debemos valorar como el inicio de algo muy importante en Monterrey.

Sobre esta primera etapa sólo quisiera decir que fue maravillosa la iniciativa y la reacción espontánea de tanta gente. Creo que los convocantes fueron muy valientes al llamar a una concentración ciudadana, pero creo que no se valoró el encuentro de las miles de opiniones que ahí nos congregaríamos. Todos tenemos diagnósticos distintos de la situación, pero la mayoría tenemos información incompleta. Por eso necesitamos escucharnos, para alimentar nuestra perspectiva. Para empoderarnos en nuestra inteligencia y con nuestra voz. Abrir el micrófono hubiera sido lo más sensato.

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Caminaba entre la gente y las miradas de conocidos que encontraba al paso eran de confusión absoluta, como si no pudiéramos creer que, encima, nos pasara esto. Y sin embargo, la gente no se iba. Parecía como si no quisiéramos irnos así, con el mal sabor de boca. Parecía como si estuviéramos ciertos de que merecíamos un final más esperanzador. Por eso es que algunos decidimos comenzar a escucharnos. Dos minutos cada participación. Una fila por favor. Primero a capela, luego con megáfono estuvimos más de dos horas escuchando opiniones, desahogos e ideas brillantes de personas desconocidas. Creo que quienes formamos parte de este ejercicio ciudadano no lo olvidaremos. Rescato algunas ideas que desde entonces me acompañan:

Una persona habló de la esperanza en la educación gratuita, que no es la que debiera dar el Estado, sino la que nos damos unos a otros, la que nos dan los abuelos, la que nos dan nuestros padres y la que daremos a nuestros hijos. Habló muy hermoso sobre el proceso liberador de la educación, o al menos yo con esa reflexión me quedé.

Otra persona habló de las pocas diferencias que existen entre los seres humanos. Habló con una elocuencia muy hermosa que ya no puedo replicar, pero hizo una comparación entre un campesino del sur del estado y un hombre que vive en la Colonia San Patricio en San Pedro. Son iguales, nos dijo. Me emocionó el humanismo de este breve mensaje porque si entendemos esto con el corazón, me parece que lo demás se da por añadidura.

Otra persona mencionó el ciclo tonto del progreso: estudiar para convertirse en un trabajador que junta dinero para comprar una casa con barda perimetral. El resumen de nuestros anhelos me sacudió muy profundamente porque veo, con emoción, que estamos discutiendo sobre los motivos que sostienen este sistema claramente inequitiativo funcionando.

También escuché a un joven muy valiente que se atrevió a tomar el micrófono con la voz temblorosa y más bien pálido para sugerir que discutiéramos sobre la legalización de las drogas. Este joven me inspiró muchísimo porque sabiendo que muy probablemente su propuesta iba a ser rechazada se hizo cargo por completo de su voz y de su opinión. Yo me derretí al ver su poder. Lo más hermoso fue que recibió un aplauso nutrido de muchos de los que estábamos ahí y que creemos que esta guerra muy poco tiene que ver con las drogas. Que su prohibición es una decisión del mercado y en lo absoluto tiene que ver con la protección a la salud de la ciudadanía.

Otra persona habló sobre la farsa de la democracia. Votar no es participar en una democracia. Nos han hecho creer –IFE, medios de comunicación, partidos políticos- pero esto es un medio de control para legitimar el reparto del pastel cada tres o seis años.

Hubo una invitación a anular el voto.

Otra persona habló de la violencia urbana. La pésima planeación urbana construyó espacios hotiles, diseñados únicamente para el automóvil. En esta ciudad el peatón, la persona con alguna discapacidad física y los ciclistas son sistemáticamente expulsados de la vía pública. Se habló de la violencia que representan los ghettos urbanos de casas diminutas y calurosas en las que viven los trabajadores que gastan cuatro horas de sus días en moverse por la ciudad hacia su trabajo en camión y del gasto excesivo de sus sueldos en movilidad de pésima calidad. Se habló de la importancia de movernos en transporte limpio, económico y saludable: como la bicicleta.

Alguien mencionó causas que requieren de la solidadridad de todos, como el rechazo al padrón de empleados del hogar en San Pedro, como la imposición de la tarjeta feria –con cuota de castigo a quien lo la compre-, la defensa del bosque La Pastora, la lucha de los ex braceros que cuarenta años después no consiguen que el Estado les pague sus salarios. Eso que hoy nos sucede es producto de nuestras ausencias en luchas que descartamos por que no nos correspondían.

Una reflexión también muy interesante y que se dio casi al cerrar la reunión fue que no habría líderes ni voces cantantes, sino un grupo amplio de ciudadanos que se representaban así mismos. La próxima reunión debe ser moderada por otras personas.

Muchas personas se pronunciaron por encontrarnos el próximo domingo, a las 18hrs en las mismas escaleras de la Explanada de los Héroes. Acordamos que es necesario hacer un registro en forma de video o de minuta de las próximas reuniones pues la discusión fue sumamente fértil. Todos nos llevamos muchas reflexiones para crecer y compartir. El acuerdo fue regresar con el mismo esquema de escucharnos. Sabemos que hay mucho por hacer y tenemos una energía dispuesta para impulsar ese algo que aún no hemos llegado a pronunciar. Hemos iniciado un proceso muy interesante de diálogo entre iguales con ideas sumamente diferentes. Fue una tarde hermosa de tolerar las ideas que no me placen y de estremecernos con ideas que compartimos.

Al final compartimos un minuto de silencio.

La invitación es abierta para el próximo domingo. No hay más expectativas que escucharnos. Creo que hace muchos años que no hacemos este ejercicio. ¿A dónde vamos? Lo descubriremos. Ojalá que el encuentro de hoy madure hasta convertirse en un movimiento inspirador de reflexiones personales que faciliten un cambio de rumbo cultural. Los seres humanos tenemos todo el potencial para vivir felices, sólo necesitamos renovar nuestro sistema de creencias.

Comienzo a comprender que los liderazgos están out, y que lo que sigue es tejer una red de compromisos personales.

Nos vemos el próximo domingo.

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5 comentarios to “Los inspirados”

  1. Ædrián Lozano agosto 29, 2011 a 7:51 am #

    ahhh! Fabulosa frase! “Los liderazgos están out”
    Me acabas de dar una gran idea para comenzar algo que desde hace tiempo quiero escribir, sobre la información liberada y el software libre.

    Gracias, saludos y un abrazo!

  2. penamexicana agosto 29, 2011 a 9:21 am #

    Desde fuera y leyendo tu crónica me suena como (guardando las proporciones) los movimientos que llevaron a lo que hoy se llama “la primavera árabe” o el movimiento “15M, democracia real ya” en España…
    Ahora es cuando tengo más ganas de estar en Monterrey para formar parte de eso que desde mi punto de vista, es el único posible motor de cambios sociales. Gracias por informar 🙂

  3. José Ramón Jiménez agosto 29, 2011 a 12:12 pm #

    Escucharnos es un imperativo para construirnos como ciudadanos y acceder a la democracia participativa. Ya le decía a mi hijo, quien me acompañó al evento y era la primera vez que asistía a una reunión pública ciudadana y que le parecía desalentadora, por lo que ya consigna; que lo rescatable del evento era precisamente hacer que ocurra e ir sumando. Que la conciencia no se adquiere sino a partir de una relación dada. Nos vemos y nos oímos el próximo domingo.

  4. Ivan agosto 30, 2011 a 11:06 pm #

    tenemos que asistir y escuchar todas las voces, creo que es un progreso al salir a las calles y expresarnos. Poco a poco iremos tomando el rumbo y definiendo las agendas pero si creo que todas estan ligadas, sigamos formando los caminos. Que se haga sentir nuestra voz, saludos a todos

  5. Alberto Sánchez agosto 31, 2011 a 4:01 am #

    Lo cierto es que en México es muy dificíl que la gente actúe unitariamente. Quizás porque se ha llegado al punto de los españoles que llegaron a la plaza en mayo. Y era la convicción de que todos los males de la sociedad provenían de la indignidad del ejercicio de la política. Que esta se había vuelto un modus vivendi de los políticos y no un servicio público para alentar la mejor convivencia civil y el bienestar ciudadano. El gobierno, el Congreso y los magistrados, eran corresponsables de la siuación de su país, y ya no se trataba de un partido, o de un candidato, y ni siquiera de alguno que fuese decente (porque al fin la política lo absorbería si no cambiaba). Por lo tanto el movimiento no podía asemejarse a ellos, ni en la práctica ni en la organización. Rechazaron el verticalismo y la delegación de la voz propia en un grupo dirigente. Descubrieron que un movimiento no podía más que ser conformado por ciudadanos libres, que libremente se asociaban, quizás no para “proponer”, sino para criticar la política y los políticos, de modo tal que toda la sociedad se pusiera a discutir lo que en verdad importa.

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