La dignidad de los escépticos

5 Ago

La representación popular es una quimera. Vive solamente en un orden imaginario. Pero siendo una evocación discursiva, legitima y convierte en leyes decisiones tomadas por un puñado de personas. Así se cometen desfalcos históricos sin culpables, y así opera todos los días, al amparo de una impunidad disfrazada de ejercicio democrático, el gran fraude de la representación popular. Hay que tener mucho dinero para comprar el derecho a ser representado.

La inmensa mayoría de los mexicanos jamás ha intentado ponerse en contacto con su Diputado local o federal, ni ha pedido audiencia con su Alcalde o su Gobernador. Pocos creen que vale la pena acercarse. Yo pertenezco a esa ínfima minoría que busca el debate, hace antesala, asiste a reuniones de discusión, cuestiona y allega información a quienes dicen representarme. Y me ha ido muy mal. El único beneficio de todo este desgaste ha sido entender que el problema es la estructura. El sistema de representación es perverso en sí mismo.

¿Por qué creemos que es capaz de representarnos una persona que jamás nos ha preguntado nuestra opinión? Me parece más creíble el mito de Santa Clos, que al menos recibe una cartita de los niños y entrega regalos apegándose lo más posible a la solicitud de sus fieles, que creer la fantasía del Diputado que representa a una ciudadanía a la que jamás le consulta su opinión ni está obligado a reportarle avances en su desempeño laboral.

El sistema democrático no es un sistema de confianza ni de fe. Pero existen versiones según la madurez política de los pueblos. La democracia mexicana es la más peligrosa, pues se sostiene únicamente en el discurso, y castiga a quien ose declararse no creyente, aunque la evidencia de traición e infidelidad sea incuestionable. Existen mecanismos de participación democrática que alimentan el ejercicio de la representación popular, aunque de esto nuestras autoridades no quieran hablar.

Sobre esto tengo que retractarme de una idea que vertí en este mismo espacio hace 15 días. Defendí la reforma política congelada en San Lázaro aun cuando sabía que era incompleta y que de ninguna forma abonará al cambio de raíz que requiere el País. A veces, el desánimo o la desesperación por ver el incendio en casa lo hace a uno tomar posturas experimentales. Agradezco a los amigos, lectores y colegas que me hicieron reflexionar en este sentido. La reelección de ninguna forma puede ser aceptada dadas las precarias condiciones democráticas de este País.

La crítica que en estos momentos vale la pena es la que observa los vicios del sistema y no únicamente sus consecuencias. En este sentido es urgente que los mexicanos cuestionemos lo que nos han ofrecido como democracia que a la postre sólo ha funcionado para levantar muros y dejarnos fuera. Estamos expatriados dentro de nuestro propio territorio. Todos los días somos encañonados por nuestras propias autoridades y, sin embargo, avanzamos como corderos al siguiente retén.

El hecho de que la 73 Legislatura local haya “olvidado” los compromisos que asumió con la ciudadanía que participó en el programa “Tu palabra es la ley” es una muestra contundente de que a los Diputados ya ni siquiera les interesa hacer mercadotecnia política. Nos saben cautivos, luego, se sienten protegidos para burlarse de nosotros. Lamento el trago amargo que están pasando los ciudadanos que creyeron en la palabra de Héctor Gutiérrez y compañía. Ojalá que la experiencia sirva para cuestionar este tipo de concursos ridículos que advierten la desprofesionalización del Poder Legislativo local.

Pero a nivel nacional el escenario es igualmente lamentable. Los partidos políticos tienen tomada la casa. El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad rompió diálogo con el Congreso de la Unión, pues la Cámara de Diputados rompió su palabra y aprobó en lo general la Ley de Seguridad Nacional. La decisión responde a una negociación entre partidos. ¿A cambio de qué el PRI apoyó al PAN en crecer los alcances del terrorismo oficial? ¿A quiénes representaron con esta decisión: a nosotros o a la industria armamentista?

Si cree que este sistema de representación popular es una tomadura de pelo, dígalo fuerte, porque sospecho que somos mayoría.

ximenaperedo@gmail.com

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Una respuesta to “La dignidad de los escépticos”

  1. omar martinez agosto 5, 2011 a 7:09 pm #

    Ximena: Buenas las reflexiones que haces en el artículo, podrá alguien estar de acuerdo o no pero son buenos temas.

    Y dentro del tema se podrá hacer la difícil pregunta ¿será que la mayoría de los mexicanos no están preparados para la democracia?
    Bueno en realidad la pregunta es fácil, la difícil es la respuesta ¿necesitaremos un periodo dictatorial de transición como lo tuvieron España y Chile?, ¿requeriremos de un caudillo?

    Y me adelanto a la contestación de darían algunos de tus lectores y afirmo “yo no lo necesito” y conozco mucha gente que no lo requiere, pero ¿Qué pasa con la mayoría? Qué pasa con las masas manipulables” ¿Qué pasa con la borregada del PRI? , ¿Qué pasa con la borregada del peje?

    ¿Sera posible hacer un país con esta gente?

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