¡Ya es ya!

22 Jul

Me indigna que estar viva, ese gran misterio que comparto con 7 mil millones de personas, sea hoy una experiencia supeditada a las fallas de un sistema político y económico que no acepta sugerencias, ni críticas. Nadie toma en cuenta nuestro derecho a la felicidad. Ésta es la crítica más aguda al sistema que, paradójicamente, es sostenido por sus propios defraudados empecinados en que sólo se trata de un mal rato.

Las generaciones pasadas creyeron que todo iba muy bien si se estudiaba, se conseguía un empleo, se compraba carro y casa, se tenían hijos que se mandaban a la escuela, y éstos conseguían empleo para comprarse carro y casa, y así hasta el infinito. Muy pocos vieron en esta inercia colectiva la fragua de la gran estafa política, pues mientras todos estábamos concentrados en ser “exitosos y competitivos en un mundo global” la política se fue degradando hasta el pudrimiento, como lo señala Javier Sicilia.

A los mexicanos se nos deben subrayar ciertos imperativos. En el tema que hoy me ocupa no se trata de impaciencia, sino de la última llamada al sistema democrático que en México no ha dejado el capullo de la retórica. Los mexicanos que estamos hartos del engaño, de la burla, del dispendio, de la negligencia, del incendio incontrolable de la violencia, exigimos: reforma política ya. Ésta es la última oportunidad de controlar el desastre político.

No esperamos nada de los partidos políticos. Ya no. En el 2006 consiguieron que creyéramos que candidato era destino. Unos lloraron en las plazas un fraude y otros salieron a celebrar llenos de júbilo, pero a la distancia de los años, ambos parecen dos pueblos defraudados. De nuevo, los partidos políticos apuestan a que nos apasionemos, a que volvamos a creer que el futuro depende del próximo Presidente del País en el 2012.

La ciudadanía ha quedado reducida a un plano de utilería, tanto por la izquierda como por la derecha. Nos tratan como aficionados que viven la intensidad de la política. Su error es creer que siempre tendremos la lealtad de los Rayados o los Tigres. Algo pasó, sin embargo.

Hay entre los ciudadanos personas que creen en su fuerza, que se indignan ante el engaño y que se asumen como sus propios representantes. Los políticos deben leer el escenario global y entender su trascendencia histórica para actualizar sus compromisos.

Por eso cobra relevancia que la reforma política aprobada por el Senado en 2007 sea sacada de la congeladora y aprobada por la Cámara de Diputados. Sus cuatro puntos esenciales: candidaturas independientes, consulta popular, iniciativa ciudadana y reelección legislativa y de Presidentes Municipales, no son la solución al desastre político, eso está muy claro para todos, pero al menos harían las veces de mascarilla de oxígeno.

El miércoles pasado, ciudadanos, en su mayoría jóvenes, irrumpieron en la Cámara de Diputados para exigir que esta reforma sea aprobada. Como siempre, los guardias intentaron frenar al contingente en la puerta, pero esta vez nadie creyó que el paso estaba restringido. La fuerza del convencimiento es arrolladora y mueve inercias anquilosadas.

Se entrevistaron con representantes del PRI, PAN y PRD. En las imágenes del encuentro aparece la lucidez ciudadana de quienes exigieron con argumentos lógicos sus derechos, y del otro lado, la excusa, la vanidad y la retórica. ¿Cómo la pasan estos señores Diputados?, me pregunto con frecuencia cuando los veo tan anclados al ego y al poder.

¡Indignaos!, escribe Stéphane Hessel. Las razones se nos vienen encima. El sistema de pensiones se tambalea, los ingresos en los hogares mexicanos cayeron un 12.3 por ciento, la mitad de los mexicanos viven en pobreza; nos es imposible diferenciar entre policías y delincuentes, nos gobiernan autoridades incapaces de reaccionar a la escalada de violencia. Amnistía Internacional habla de 50 mil mexicanos ejecutados y miles de desaparecidos en los últimos cinco años.

El movimiento ciudadano que impulsa la reforma política tiene una página de internet: http://www.reformapoliticaya.mx. Desde ahí usted puede colaborar.

ximenaperedo@gmail.com

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