Los defraudados

27 May

No es una crisis, es una farsa. Corean miles en la Puerta del Sol, en Madrid. La consigna resume la más importante revelación de este tiempo. Hemos desperdiciado nuestra energía vital al sostener un sistema colapsado y nos hemos fracturado moralmente al defender lo indefendible. No se trata de aguantar un poco más para superar un trance, o de reprender y castigar a quien no se discipline, pues ya es imposible trazar una línea entre los defraudados y los defraudadores. En esto sí somos un mismo pueblo.

El domingo pasado, frente a las puertas del Café Iguana, nos reunimos un grupo de espontáneos que no supimos dónde estar después de la masacre del día anterior, sino ahí, sobre la sangre. Necesitábamos ser consolados, pero nadie tenía la fuerza suficiente para abrazar al desconocido de al lado.

El ánimo no me daba para arrastrar los pies de regreso a casa. Me pude haber quedado ahí días y noches enteras porque el horror parecía expulsado del resto de la Ciudad. En ese momento sólo parecía prudente no moverse hasta entender un poco. No dar un paso más equivocado. Permanecer ahí como una muestra sincera de extravío y de infinita tristeza. Pero llegó un grupo de uniformados armados, y luego apareció el Ejército. Así se nos negó también el derecho al duelo.

Para algunas personas, quienes estuvimos esa tarde de domingo ahí, callados y pálidos, formamos parte del problema. Por estar llorando la pérdida de, al menos, cuatro vidas humanas, nos convertimos en defensores de sicarios. Algunos todavía creen que los asesinados y desaparecidos de esta guerra buscaron su propia desgracia. Hay entre nosotros quienes creen que no todos merecemos vivir. Algo habrán hecho, sentencian.

Yo no sé si alguna de las personas asesinadas el sábado en el maltrecho corazón del Barrio Antiguo estuvo de algún modo conectada al crimen organizado. Ha dejado de importarme. No encontraré ningún tipo de descanso si la autoridad determina que alguno de ellos colaboraba con algún cártel. Y es que ha llegado la hora de humanizar el conflicto. De contar las vidas que perdemos y no las muertes que sumamos.

El soldado, me lo dice una amiga bogotana, es un obrero militar que cuida su empleo como su única fuente de ingreso. Para algunos es más sencillo verlo como un autómata, aunque éste cuide de enviar a su familia los pocos ahorros que logra salvar. Padece jornadas extenuantes, a cambio de un salario que jamás pagará el riesgo de perder su vida. El sicario es otra persona con historia. Va sufriendo por el camino, abrazado a su cuerno de chivo, imaginando su muerte: cómo, quién, cuándo. Ambos son mexicanos.

Confieso que ya no sé contra qué, ni contra quién protestar. Estoy indignada, claro, pero no sé dónde pararme ni con qué mensaje. ¿Qué se dice cuando el botín es el futuro? ¡Esto no es una crisis, esto es una farsa!, se escucha desde lejos a la lúcida plaza madrileña corear.

Los privilegiados de ayer, que no nos animábamos a criticar al neoliberalismo, ahora formamos parte de sus víctimas. El sistema económico sobre el cual hemos construido las más emblemáticas ilusiones, como la felicidad y el éxito, nos ha vendido -a crédito, claro está- la idea de que nacimos para acumular y para ampliar nuestro espectro de necesidades, reduciendo así la experiencia de existir a un aburrido juego de Monopoly.

No la estamos pasando bien. Ni los ricos, ni los pobres, ni los niños, ni los ancianos. Ni los liberales, ni los conservadores. Nadie parece estar disfrutando la partida, ni siquiera los ganadores de siempre, que en México temen ser secuestrados. Sin embargo, pocos reparan en la libertad que tenemos para doblar y desenrollar otro tablero. ¡Es sólo una crisis, no se muevan de sus asientos!, gritan algunos merolicos que no se advierten igualmente defraudados: Invierta aquí. Vuélvase famoso. Vote por mí. Baile este son.

Los defraudados estamos curando nuestra indignación de una forma pacífica, pero altamente peligrosa para el sistema autoritario: dejaremos de pagar las mensualidades de las ilusiones que alguna vez compramos a crédito.

ximenaperedo@gmail.com

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Una respuesta to “Los defraudados”

  1. Gamaliel mayo 30, 2011 a 11:39 pm #

    Me senti al igual que muchos, defraudado.

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