Pecado de ingenuidad

7 Ene

 

Me parece muy sospechoso que la Conferencia del Episcopado Mexicano se rasgue las vestiduras ante la Iglesia Santa Católica Tradicionalista México-Estados Unidos (ISCTMU), conocida como la Iglesia de la Santa Muerte, por considerar que engaña y estafa a la gente. Esta denominación religiosa nacida en México, en 1999, ha sido objeto de una persecución orquestada por la Iglesia católica, la empresa de la fe más poderosa del País, conocida por sus implacables prácticas monopólicas.

Lo más interesante es que no hay acusación en contra del culto a la Santa Muerte que no pueda ser igualmente achacada a la religión católica. Pero empecemos por lo que urge explicar: en ambas religiones hay gente justa y buena, amables, buenos vecinos, gente dispuesta a compartir con los demás, pero sobre todo gente que se siente muy honrada y orgullosa de su fe. Mientras hay quienes le cantan con gran fervor a Jesucristo, hay quienes oran empapados en lágrimas de amor hacia la “Niña Blanca”, como la llaman cariñosamente.

La Iglesia católica supo formar en el pueblo mexicano una resistencia férrea a conocer y a respetar otros cultos religiosos. Bajo la insostenible idea de que lo católico es lo más agradable a Dios, se ha gestado una actitud intolerante y altiva de parte de la jerarquía -salvo honrosas excepciones- y de temor o rechazo a lo desconocido por parte del pueblo de creyentes. Por eso es que desde hace muchos años se instaló como verdad por todos conocida el prejuicio de que la Santa Muerte es una deidad satánica, que envalentona a los asesinos. Falso.

A los asesinos los envalentona su propia locura. El 12 de diciembre pasado fui por primera vez a la Basílica, aquí en Monterrey. Éramos miles de personas, entre tantas, seguro hubo sicarios, futbolistas, taqueros, extorsionadores. ¿Vamos a juzgar el culto a la guadalupana por la ocupación o la calidad moral de sus seguidores?, ¿vamos a repudiar a la religión católica por todas las veladoras puestas a la Virgen Morena por parte de políticos rateros, secuestradores y estafadores? No me parecería ni justo ni inteligente hacerlo.

Hace unos días, el líder de la ISCTMU, David Romo, fue aprehendido por, supuestamente, prestar una cuenta bancaria a un secuestrador. La acción de la Procuraduría del Distrito Federal ha sido utilizada para difamar y repudiar esta religión queriendo hacer ver a sus feligreses como delincuentes y peligrosos. Yo me pregunto si por los sacerdotes pederastas merecen los católicos ser juzgados como un culto de criminales.

Está claro que, por ejemplo, al revelarse públicamente la perversidad de Marcial Maciel y las obvias complicidades de las que gozó, la Iglesia planteó una estrategia mediática para deslindarse de quien pudo haber sido canonizado por el inescrupuloso Vaticano.

De la misma forma en que la Cofetel está impulsando una incipiente apertura en la oferta televisiva, la Segob debiera ser mucho más cauta con las revocaciones de licencias religiosas, pues dígame si no es sospechoso que la Secretaría justificara en 2005 la cancelación al permiso “por desviar gravemente los fines establecidos en sus estatutos”. Al despojarla de personalidad jurídica, esta Iglesia no puede convertirse en la gran empresa que, seguramente, desearían sus fundadores constituir.

Si la Segob hace las veces de Santa Inquisición, ¿no podría ser juzgada la Iglesia católica con el mismo rigor y los mismos resultados? Me parece que encubrir criminales sería razón suficiente para cancelar un registro o defender narcolimosnas diciendo que al entrar a la Iglesia “se purifican”.

Hay, por último, quienes se retuercen de horror al ver la estatua de una calaca con vestido largo, sosteniendo con una mano al mundo y con la otra una guadaña. Consideran por lo menos macabro que alguien adore esta imagen, y sin embargo, la imagen de un hombre crucificado y ensangrentado no les parece igualmente ofensiva. Les molestan los altares a la Santa Muerte, aunque casi siempre nacen de la misma extraña sustancia llamada fe, que ha edificado miles de altares igualmente respetables, de todas las religiones.

Todos tenemos el mismo derecho a estar equivocados, pero no pequemos de ingenuos.

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3 comentarios to “Pecado de ingenuidad”

  1. leviathan_lf@yahoo.com.mx enero 7, 2011 a 7:17 pm #

    Certeros señalamientos… Cuan deseable que personas como tú editorialicen en periódicos de alcance nacional. Felicidades!

  2. @Lrofocale enero 7, 2011 a 8:04 pm #

    Que tanto fanatismo hay detras de la “ingenuidad”? y que no intereses detras de esa aparente ingenuidad con la que la iglesia catolica descalifica a su “competencia”? van perdiendo terreno en lo que respecta al giro de su institucion y lo saben bien porque eso brincan de gusto y de ganas con notas como esta ademas que se saben impunes, que no se hagan. Buen post.

  3. Omar enero 12, 2011 a 4:26 am #

    Me parece que todos coincidimos; “Sin Comentarios”

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