Las llaves de la Ciudad

29 Oct


Hace exactamente una semana se llevó a cabo en el Hotel Quinta Real una reunión entre integrantes de la sociedad civil y mandos superiores de la IV Región Militar por propia convocatoria de la Sedena. Asistí escéptica y a la defensiva (¿cómo, si no?) y con un documento elaborado junto a otros participantes ciudadanos en el que, básicamente, se señalaba la impunidad que ampara los crímenes del Ejército y se cuestionaba la estrategia en el combate al crimen organizado.

Intercalados militares y civiles en la gran mesa de diálogo, el moderador nos convocó a que tomáramos el micrófono y vertiéramos libremente nuestras opiniones. El perfil de los asistentes ciudadanos era claro: profesionistas, críticos y muchos de los presentes defensores de derechos humanos. Ante las más recurrentes demandas, algunos militares, hombres y mujeres, hicieron uso de la palabra para cuestionar a los ciudadanos si lamentábamos también las muertes de soldados en el ejercicio de su labor.

Ante la reiterada preocupación de los ciudadanos ahí reunidos, de que las corporaciones policiacas se encuentran infiltradas y varios de sus mandos forman parte de la nómina de los cárteles, los miembros del Ejército apretaban la mandíbula y meneaban la cabeza de arriba abajo. De pronto, la reunión tomó un rumbo insospechado. Los soldados confesaron compartir con nosotros el temor de salir por la mañana a trabajar y nunca regresar. Varios comentaron sentir miedo al encontrarse a su paso con “policías”.

Cierta empatía inesperada comenzó a contagiarse en el ambiente. Esto fue generando participaciones mucho más atinadas, como la de Vanessa Armendáriz, estudiante de la UDEM, quien preguntó al cuerpo castrense qué sentían al dar sus vidas defendiendo a un Estado cuyo gobierno constantemente los traiciona. Los impecables hombres y mujeres quedaron desarmados ante la sincera y afectuosa pregunta.

Porque, aun asumiendo que puedo ser injusta ante casos excepcionales, las políticas de desarrollo social en este País son usadas como propaganda política o condicionadas al apoyo a determinado partido o personaje. Siendo la pobreza tan útil a los gobiernos, las autoridades prefieren perpetuarla con políticas asistencialistas que inhiben la toma de conciencia y el empoderamiento de las personas en condición de miseria y de pobreza. Estas políticas alimentan a la guerra.

En este sentido, los gobiernos promueven, deliberada o involuntariamente, que todos los días se sumen a las filas del crimen cientos de los 7 millones y medio de jóvenes mexicanos abandonados por el Estado, jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Si la estrategia es asesinar a los sicarios y a los capos, estamos en graves problemas, no sólo porque esto nos niega el acceso a la justicia, o porque no existe país que aguante tantas muertes, sino porque las filas del crimen se multiplican diariamente.

Esto fue planteado al General de la IV Región, Guillermo Moreno Serrano, y a los mandos que lo acompañaban, sin saber que al menos reflexivamente nos estábamos metiendo en un callejón sin salida. Los ciudadanos describíamos el oscuro túnel en el que nos encontramos extraviados y los militares se ostentaban como la institución menos corrupta, más disciplinada y más eficiente del País, resultado: la milicia mexicana desespera y pide, sin decirlo, un temerario voto de confianza.

Estos encuentros, que sostienen en todas las regiones con ciudadanos similares -clasemedieros y críticos- pretenden mejorar la imagen del Ejército y legitimar su presencia en nuestras calles, ¿con qué objeto? Al salir de la reunión, tuve la incómoda sensación de haber sido convidada a desayunar por quienes pretenden ser nuestras próximas autoridades.

Ruego que no sea tomada a mal mi suspicacia, pero a algunos ciudadanos la desesperación no nos empuja a entregar las llaves de la Ciudad, sino todo lo contrario. Esta guerra se reproduce a sí misma una y otra vez, porque no combate a la pobreza, sino que la exacerba. Legitimar esta guerra de estrategias incompletas es abonar a la violencia generada por gobiernos corruptos que apoyamos con silencio y pasividad.

ximenaperedo@yahoo.com.mx

Anuncios

5 comentarios to “Las llaves de la Ciudad”

  1. dino octubre 29, 2010 a 6:49 pm #

    ¡Ximena!

    La editorial de hoy me hizo recordar a la titulada “el sicario y yo”… ¿no te dieron ganas de decirles lo mismo? “Hermano guerrillero, hermano policía, paramilitar, hermano ciudadano, todos somos colombianos… la verdadera lucha es intentar amarnos”.

    No tengo la menor idea de las intenciones de los altos mandos de cualquier área del gobierno… pero me queda claro que un soldado, de los que andan en la calle, decide arriesgar su vida por mucho menos dinero y poder… por algo que me imagino cree le asigna un mayor valor moral.

    Sabes que soy muy dada a ser víctima de la mercadotecnia. Un anuncio cualquiera me puede hacer empatizar y sacar mis ánimos belicosos… pero en el fondo, los de abajo se juegan la vida todos los días, militar, policía, sicario… pero hay unos que anteponen su mayor ganancia por la de todos.

    Me apena que se tenga que hacer y no me atrevo a juzgar los motivos de ninguno… pero sí a respetar y agradecer los de algunos.

    ¡Que ganas de encontrarnos todos, tirar las armas y darnos un abrazo como el de hace mucho en nuestra historia! De llorar juntos, darnos cuenta que tenemos las mismas penas y luchar por reconstruir lo que nos queda de nación…

    • ximenaperedo octubre 29, 2010 a 6:51 pm #

      Eres hermosa, Dinorah.

  2. Carlos octubre 30, 2010 a 3:06 am #

    Lamentablemente, la opción incompleta es la única que tenemos.

  3. Manolo noviembre 7, 2010 a 1:33 am #

    Pues no sé, pero esto a mi me esta volviendo loco y me esta llenando de rabia!!! Necesitamos hacer algo, pero ya!! El respeto mutuo es lo que hace falta en este país, así como respetar y hacer respetar la ley!!! Lo que paso ayer en la cd donde vivo me hace pensar que es mucho sacrificio el que estamos haciendo como sociedad, pero que a final de cuentas las reglas se hacen para respetarlas, y la ley es una regla, si no es buena hay que modificarla, pero mientras sea ley hay que respetarla y punto.
    Eso que no tienen oportunidades y que los compran por nada, es aplicable a todos los niveles, pues esto se da también en altas esferas del gobierno, policía,… la cosa es que le lleguen al precio en el que te valga tres cacahuates tu dignidad y tus principios… y con que caigas una vez ya eres de ellos. Recuerdo cuando daba clases y me decían – profe cuanto por que me pase?? – y les decía – te sale más barato que vuelvas a repetir el curso que lo que necesitarías para que te pasara!!! – Todo mundo tiene su precio, el chiste es pensar en que por esa cantidad que estas aceptando le estas dando tu alma al diablo.
    Necesito que ya se termine esto pues me esta llenando de odio y desprecio… considero que no he visto mucho, pero estos últimos 2 años han sido enfermos, lo que he visto hace que me de asco el sistema… me dicen amigos… es que ponte en su lugar, que haces?? pues al menos no seas tan descarado!!! disimúlale!!!
    Disculpen que no haya estructurado mi escrito, como Ximena y Dinorah, más bien fui poniendo mis pensamientos y sentimientos si muchos argumentos, pero a final de cuentas pienso que el Estado de Derecho es un básico que se debe de seguir, si se quiere hacer cualquier cosa bien hecha.
    Saludos a ambas!!

  4. Tere Garza de Lozano noviembre 7, 2010 a 10:50 pm #

    Ximena: Coincido contigo, y también coincido con el primer comentario. Con el corazón arrugado leo noticias, comentarios y editoriales como la que escribes… sin duda tines razón, pero también no se puede negar que cada persona -tu y yo, un soldado, policía, sicario, diputado, etc…- es eso: UNA PERSONA, con una historia y un motivo para ser como es y hacer lo que hace. Qué tristeza y qué miedo todo lo que estamos viviendo! Describes cómo se sintió en esa junta una especie de empatía entre los participantes de aquella reunión, es indudable TODOS tenemos miedo, TODOS sentimos profundamente lo que ocurre, lo malo es que cada uno reacciona de forma diferente.
    Deveras, qué ganas de aventar las armas, los miedos, las ganas de hacer justicia y convocar a todos a darnos un fuerte abrazo, diciendo: VA DE NUEVO!! a comenzar todos desde cero. Ánimo jóvenes! la gente de buena voluntad tenemos que encontrar el camino. UN ABRAZO.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: