El desgobierno

20 Ago

El domingo pasado, Rodrigo Medina fue abucheado frente al Embajador de Estados Unidos en México durante la premiación de la carrera organizada por el consulado americano. El reclamo popular fue no sólo contundente, sino fatalmente inesperado para el mismo Gobernador y el equipo que lo acompañaba.

Horas después, el Gobernador quiso aclarar que la rechifla no fue dirigida a su desempeño, “sino una reacción por no haber participado en la carrera”. De haber llevado tenis, el Gobernador hubiera cosechado aplausos; seguramente.

Con esta declaración, Rodrigo Medina parece no tener claro qué espera el pueblo de él, ni parece entender por qué se replicarán estos eventos de repudio. Al filo de la medianoche del miércoles, de nuevo, cuando se esperaba el cuerpo de Edelmiro Cavazos en la plaza principal de Santiago, Medina se llevó otro aluvión de rechiflas y vituperios. ¿A qué habrá atribuido este reclamo? ¿A las deshoras, a su corbata?

No sé cuánto más vaya a permanecer Rodrigo Medina como Gobernador del Estado, pero presiento que es más desgastante para el aparato que lo impuso mantenerlo que reemplazarlo. Habiendo probado una cucharada de su propio chocolate, la cúpula priista se indigesta y ya no sabe qué hacer con su Golden Boy que resultó tan mal actor. Porque a Medina le pesan las mentiras. Se nota que ya no puede sostener el discurso triunfalista ni de unidad.

Basta oírlo en su mensaje luego del asesinato del Alcalde de Santiago para saber que el Gobernador es incapaz de improvisar cuando debe fingir que todo está bajo control. Por eso lee. Sus más cercanos le preparan la tarjeta, le dan una palmada en el hombro y lo lanzan al ruedo a hinchar la voz y a aparentar un señorío que degenera en otro de sus discursos erráticos.

No se me malinterprete, no creo que Medina sea una víctima del PRI o de las élites que pagaron su campaña. No. Su ambición, su ingenuidad y su egocentrismo lo encerraron en la jaula de oro con vista a McAllen y a la Isla del Padre. Le duele lo que está sucediendo en el estado, le angustia -de alguna manera- ser tan mal gobernador. Pero no se va. No se reivindica. No se rebela. Bendita comodidad.

El asesinato de Edelmiro Cavazos cimbra a la sociedad porque es un atentado a la racionalidad política. Éste fue otro azote al proyecto civilizador de la vida política de este País. No convierto a Edelmiro en héroe, ni tampoco digo que no lo sea. Me sorprende que en las esquelas el Gobierno del Estado eleve su recuerdo a mártir. Pero esto nunca lo sabremos porque, como lo advirtiera Carlos Monsiváis en 1996 a Zedillo después de la masacre de Aguas Blancas: “La negligencia es la mejor garantía de la impunidad”.

Y aquí, en Nuevo León, lo que hay es negligencia para gobernar. En el desgobierno PRI y PAN nos hunden por igual. Aquí no existe la oposición inteligente; lo que tenemos son acusaciones asesoradas por los mercadólogos para elevar el raiting, no hay un análisis ético, no hay una intención honesta de hacer política. Pero eso sí, con los ejecutados de uno y otro partido no se meten. Así fue el mensaje que César Nava envió en el velorio de Cavazos: “No es momento de señalar culpables… es momento de unirnos todos”.

El mensaje del Gobierno del Estado fue en el mismo sentido: unámonos más que nunca. Utilizando la retórica más perversa, tanto el dirigente nacional del PAN como el Gobernador de Nuevo León llaman a la pronta resignación y a la unidad, como si fuéramos una gran familia y hubiera muerto el tío Miro. Pero no es así.

Creen que no hay costo político que resista mochilas, láminas y despensas gratis. Creen que nos acostumbraremos a la excitante idea de participar en un juego de ruleta rusa. Creen que nos parece de lo más romántico despedirnos en las mañanas temiendo no volver a vernos. Creen que las noches nunca nos parecieron divertidas, que disfrutar el fresco en la plaza era algo trivial.

Creen que lo que nos molesta, en realidad, es que no sean deportistas.

ximenaperedo@yahoo.com.mx

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2 comentarios to “El desgobierno”

  1. Alfonso Teja agosto 20, 2010 a 8:27 pm #

    “Negligencia para gobernar”, “retórica perversa” “inexistencia de oposición inteligente”: palabras contundentes, feroces pero veraces y sobre todo dolorosamente objetivas. Te envío mi respeto solidario, junto con mi admiración.

  2. Arrako agosto 25, 2010 a 3:21 pm #

    Si, contundente y dolorosamente objetivo. Pero lo que duele no son tus palabras… duele Nuevo León, duele la historia, duele más el presente; duelen de llorar.

    Un abrazo.

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