Verano

30 Jul

¿Cómo le vamos a hacer con lo de la luz? Le preguntó ella a él, sentados en la misma banca que yo, en el Metro. Afiné el oído esperando escuchar, como ella, una solución definitiva, pero el hombre, su pareja, parecía estar muy lejos de nosotras dos. Su silencio, que al principio interpreté como una descortesía, se convirtió en la respuesta de mi mañana. La mirada la llevaba estampada en el ventanal del vagón. Algo le decían las nubes cenizas, los edificios húmedos, carcomidos, del centro, y la Sierra distante, oculta entre un rabo de nube.

¿Dónde ha quedado el verano?, me pregunto por las tardes, viendo mi ropa remojarse en el tendedero. ¿No debería de dormir sin calcetines? ¿Por qué se me antojan tanto las sopas calientes? Monterrey lleva algunos años desdibujando las fronteras de sus estaciones, pero lo que ha pasado este verano no tiene precedentes. Recuerdo que cuando llegamos a vivir aquí a finales de junio, en 1991, la sensación del calor era parecida a sentir que una enorme secadora de cabello me apuntaba a sol y sombra. Aire caliente. Días calcinantes.

Pero de eso, nada. Pareciera que después de la tormenta hemos quedado exentos de aquel mareo de las 9 de la mañana, cuando el termómetro marcaba los 38 grados y las copas de los árboles parecían derretirse sobre la banqueta. La Naturaleza cuida de no ensañarse con los regiomontanos, ahora confundidos, que vemos las hojas del calendario arrancadas por las corrientes de aire fresco y no sabemos si es otoño o invierno. Soy yo, volví, dice el verano con un traje de agua.

Lo que permanece son los niños, las niñas y los adolescentes que están disfrutando lo que hay, como siempre ha sido. Lo mejor de las vacaciones para quienes no tenemos un periodo estipulado por los tiempos escolares es que de pronto vemos cómo, en desbandada, una parvada de chavitos iluminan los espacios: juegan en los parques, usan las calles de canchas -el mejor de sus usos- o andan en patinetas o bicis por las colonias. Los niños están sueltos, lo digo contenta, como si se abrieran las trancas de esta ciudad entristecida.

Al verlos así, tan resueltos a vivir; sin miedo a caerse de rodillas, o a bronquearse por un saque de esquina, decididos a afrontar el castigo por llegar después de la cena, pienso en la Ciudad incendiada. No puedo dejar de comparar las calles que yo tuve y lo que ellos y ellas tienen ahora. Sus temores no fueron los míos. Lo macabro, para mí, era meterse a la casa abandonada, entrar al carrito destartalado e imaginar fantasmas, espíritus en pena; lo de hoy es buscar casquillos, jugar a degollar a los cuates con la regla de 30 centímetros.

Pienso en las consecuencias psicológicas de la violencia expuesta y de, peor aún, la confusión de los adultos que no sabemos ni qué decir, ni cómo consolarlos ante su futuro. Porque para ellos y ellas, esto que hoy nos aterra, es el verano de sus 7, 12, 15 años: dos meses que por nada dejarán de ser suyos. Por eso, si pudiera elegir entre las muchas historias que se escriben en Nuevo León, escogería las historias de los amores de verano que hoy se escriben por chat, en las bancas de los parques o por mensajitos de celular.

Hace un par de días recordaba con dos amigos la canción “Rabo de Nube”, de Silvio Rodríguez. “Si me dijeran pide un deseo, prefería un rabo de nube… un barredor de tristezas, un aguacero en venganza, que cuando escampe parezca nuestra esperanza”. Decíamos que sería justo que la tormenta se llevara la inmundicia acumulada por años en las cunetas de las calles, que el cielo despejado nos hablara de otros futuros posibles.

Por eso, ayer que el señor aquel del Metro me invitó a ver, como él lo hacía, con desprendimiento y contemplación, lo que proyectaba la ventana dentro del vagón, sentí que el verano del 2010 había sido magnífico para borrar paradigmas, como el del sofocante calor. Habrá que reinventarnos los veranos, buscar, a salto de mata si es necesario, razones para desear que no termine este abrazo fresco, reconciliatorio, que nos ofrece la vida.

ximenaperedo@yahoo.com.mx

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2 comentarios to “Verano”

  1. Melissa julio 31, 2010 a 6:39 pm #

    Hola Ximena! me da mucho saber de ti, y qué mejor que de esta manera…

    te conocí en Soham Yoga, en las clases de la mañana.

    te mando un abrazote!

    Mely

  2. Omar López agosto 5, 2010 a 3:50 am #

    Te felicito por ser como eres.

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