Fincar sobre arena

16 Jul

“Alex” desvistió al Gobierno en 36 horas de lluvia. Cuando las labores de rescate cesaron, las autoridades aparecieron descontroladas y perdidas. ¿Cómo no estarlo? Salvo excepciones, la mayor parte de los burócratas son personas cuyo único mérito es la audacia para colarse en la nómina. A la hora de las preguntas, los más honestos levantan los hombros y los más cínicos pontifican con sus últimas ocurrencias. La función pública está en crisis y eso atrasará la recuperación moral y económica del Estado.

El Gobierno del Estado de Nuevo León operará recursos y tomará decisiones históricas. No puede haber un tiro de gracia más certero. La ayuda básica e inmediata que requieren algunas familias está llegando con playeras del PRI, con los saludos de los alcaldes panistas, con mensajes contundentes de las lideresas de las colonias. Hacen esto porque, francamente, no saben moverse de otra manera. Lo que saben hacer muy bien es aprovecharse de las desgracias de otros para ampliar sus redes clientelares.

Por eso, a muchos nos preocupa el paradero final del Fondo de Desastres Naturales. Rodrigo Medina ha externado ya su preocupación porque los 10 mil millones de pesos no alcancen para la reconstrucción de avenidas, drenaje, carreteras y puentes. Pero lo que a muchos nos preocupa es que con este dinero se planche el financiamiento de las campaña políticas en 2012. En los concursos y licitaciones públicas, el “moche” es el fiel de la balanza, hasta los mismos constructores lo han denunciado.

Pero hablemos de la inoperancia del Estado. Sucede que el buen funcionario, que los hay, se encuentra neutralizado por no contar con compañeros o con jefes capacitados. No tiene a quién pedir ayuda. No puede quejarse con su superior de la negligencia de un compañero porque a éste lo colocaron por un favor político y es incapaz de tomar decisiones. El buen funcionario tampoco puede denunciar a su jefe, o prescindir de los subalternos que le impusieron, todos ahijados del Secretario. El buen funcionario acaba cobrando su sueldo y desperdiciando su talento.

Los aparatos de gobierno se sostienen en redes de complicidad, por eso no son ni eficientes ni propositivos. Replican inercias que funcionan para sus “patrocinadores oficiales” o para la campaña política próxima, y el resto del tiempo tratan de “llevársela tranquila”. Ante emergencias no saben reaccionar. Así se hace patente la ausencia de especialistas y de liderazgo. Por eso el fenómeno que sigue es la privatización ya no de los organismos o de la infraestructura estatal, sino de la función pública.

Lo que más conviene a esta gala de negligencia es que poco a poco vayamos aceptando la desgracia de no tener buenos gobiernos y que propongamos contraten a privados que sí saben hacer las cosas. Así acabamos pagando doble sueldo: a quien no supo y a quien sabe, aunque no vele por el interés común. Por si esto fuera poco, los gobiernos que temen que su fachada se desmorone pagan, y pagan bastante, para levantar su imagen. Dime cuánto dinero gastas en publicidad y te diré qué tan negligente eres.

Pero las consecuencias de no contar con el gobierno son mucho más graves que el evidente desfalco económico. Resulta mucho más grave el despilfarro de oportunidades y el desgaste de energía, pues lastiman la confianza e inhiben la participación activa de la ciudadanía en la búsqueda de soluciones a problemáticas públicas.

Y un gobierno sin ciudadanía es un gobierno perdedor que repite cíclicamente sus errores. Llama la atención que el Gobierno estatal y los municipales insistan, todavía después de la tormenta, en decorar sus salas con consejos ciudadanos. Los consejos mixtos que Medina anunció en los días posteriores al desastre para acompañar y vigilar el proceso de reconstrucción, derivaron en otra réplica de los cómodos consejos de galletitas y café, presididos por él mismo.

Antes de recuperar avenidas y puentes, debe reconstruirse la relación entre ciudadanía y gobiernos. De lo contrario estaremos fincando sobre arena.

(Publicado en el periódico El Norte, Monterrey, N.L)

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Una respuesta to “Fincar sobre arena”

  1. Alfonso Teja julio 16, 2010 a 1:55 pm #

    Xime, no podría estar más de acuerdo con lo que aquí señalas. No solamente considero que has dicho una serie de grandes (y penosas) verdades; creo que también las has puesto en puntual y precisa perspectiva. ¿Seguiremos fincando sobre arena?

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