Correr el riesgo

11 Jun

Nuestra adicción a la energía barata tiende a nublar nuestros recuerdos o a suprimir de nuestra memoria los desastres más lamentables, así concluye Sharon Begley su artículo a propósito del derrame de petróleo en el Golfo de México, en la revista Newsweek del 7 de mayo pasado. Aceptamos los desastres ambientales como riesgos implícitos al gozo de encender nuestro auto o de sacar del congelador una cerveza helada. Nos habituamos a la idea de los accidentes con una madurez temeraria.

Con la misma estoica resignación narramos cómo el crimen organizado secuestra secretarías municipales, estrangula las arterias de la Ciudad y nos despierta por la madrugada para entablar diálogos que pudieran haber escapado de una pesadilla: ¿fueron balazos?/ parece que sí/ no vayas a llamar a la Policía/ claro que no. Salimos de nuestras casas tomando el riesgo de caer abatidos por unas balas desconocidas o desaparecer en la siguiente esquina.

De algún modo nosotros, como sociedad, decidimos correr con este tipo de riesgos cuando acordamos que el éxito es hacerse de dinero y de poder. Aceptamos jugar a la ruleta rusa cuando decidimos dejar en manos de los partidos políticos la vida pública y política de este país. Esto me quedó claro cuando escuché a una persona lamentarse de la pasividad de la ciudadanía que, atorada, asaltada, secuestrada y amenazada durante los bloqueos del miércoles, prendía el radio para escuchar el reporte vial.

Después del Fobaproa y de la eficiencia para imponer a todos la deuda de unos pocos, es difícil reaccionar ante escenas inverosímiles como las que nos ofrecen los defraudados de la Ucrem. A cuatro años del fraude, más cansados y con los años al lomo, siguen exigiendo bajo el rayo de sol la justicia que nadie les ofrece. A pesar de que el robo total fue por 400 millones -sin siquiera una persona detenida-, cuatro años después las autoridades estatales dicen que organizarán una subasta para recuperar 90 millones.

Al observar cómo las injusticias se siembran, se cultivan y dan frutos, la ciudadanía se pone la soga al cuello. El exterminio que intenta el Gobierno federal del sindicato minero y electricista, abiertamente críticos, es un atentado frontal a los derechos laborales. Seamos conscientes de que, al aprobar que el Estado ahorque a trabajadores organizados, estamos aceptando la misma suerte para nosotros.

Ayer, hace 39 años, jóvenes estudiantes fueron asesinados por su propio gobierno en la calzada México-Tacuba cuando participaron en un mitin en solidaridad con los estudiantes y los profesores que aquí en Nuevo León daban la lucha por la autonomía universitaria. Cuatro décadas después, la comunidad universitaria tiene que volver a iniciar la misma lucha por la autonomía. Las elecciones internas son, por decir lo menos, parodias democráticas. Lo paradójico es que los alumnos prefieren callar y no denunciar esto por temor a correr riesgos.

Eliminar al desposeído y al débil es, como lo reflexionó Josefina Leroux en su columna pasada en estas páginas, un rasgo nazi arraigado en las políticas del mercado y del gobierno. El desalojo violento que ejecutara el lunes pasado el Grupo Industrial Minera México con apoyo de la Policía estatal de Coahuila contra las personas que exigen justicia por el crimen industrial que devoró 65 vidas de trabajadores en la mina Pasta de Conchos fue una demostración clara de lo arriesgado que es luchar por la justicia.

Cuando mueren 65 mineros o 49 bebés calcinados no hay responsable qué señalar. A un año de la tragedia de la guardería ABC los padres de familia se consuelan construyendo palabras que se consumen por el peso de su verdad. ¿Por qué es más arriesgado en México ser una familia trabajadora o un minero mal pagado que un empresario criminal?

Lo bueno es que hoy todo quedará borrado con un silbatazo y seremos felices hasta la siguiente derrota.

Adenda: Justo al cumplir dos años del asalto de la PFP a sus instalaciones, el 6 de junio pasado regresó al aire Radio Tierra y Libertad, “la mera mera de la conciencia obrera”, en el 98.5 de FM. La noticia se recibe con los brazos abiertos.

ximenaperedo@yahoo.com.mx

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Una respuesta to “Correr el riesgo”

  1. manuel sandoval junio 11, 2010 a 8:27 pm #

    Una preciosa gota de agua en el desierto, esta noticia de Radio Tierra y Libertad

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