Cruel vagón

19 Mar

Viajaba en el mismo vagón que un grupo de estudiantes universitarios. Cargaban sus mochilas, escuchaban música y sus ojos denotaban desvelo. Si se esforzaban o no en mejorar sus resultados académicos, era imposible de saber. Observándolos estaba cuando me pareció escuchar al conductor del metro decir: “Jóvenes, lo sentimos, llegarán tarde a la repartición de las promesas educativas”. Como consolación les ofrecemos trabajar en telemarketing ofreciendo tarjetas de crédito, o en supermercados como cajeros o repartidores.

Es cruel. Sus papás por las noches consuelan su dolor de espalda imaginando que el hijo o la hija al menos obtendrá un título que será canjeado por una vida mejor. Llegará el día, dice el taxista con una sonrisa, echando su cabeza sobre la almohada. Pero ese día no llegará. Quienes realizan grandes sacrificios para mantener a sus hijos en la escuela esperando que un milagro acontezca serán timados.

Alguna vez escuché a un señor explicarme que enviaba a su pequeña a la escuela para que aprendiera a hacer filas, que la lección era importante para la vida pero que, más allá de esto, no había nada que aprovechar. Es difícil aceptarlo, pero mientras más pronto lo reconozcamos será mejor. El sistema educativo, como está, sólo persigue perpetuar las ventajas para algunos pocos.

Y con esto no sólo me refiero a lo obvio, a las pocas habilidades de lecto-escritura y matemáticas en primaria y secundaria que nos han avergonzado a nivel internacional, sino al abandono en el que se encuentran las escuelas públicas del País, al uso político de los maestros en campañas políticas y en jornadas electorales, y a la perversidad con que han modificado los programas educativos, reduciendo al mínimo la exposición de los alumnos al pensamiento filosófico y estético, lo que afecta a planteles privados y públicos por igual.

Esta realidad va nublando el panorama. Tal vez por eso es que los índices de deserción indican que 10 millones de jóvenes en edad de asistir al bachillerato o a la universidad no lo hacen. ¿Para qué molestarse? Habrá que sumar a esto el reciente reporte del INEA, que arroja que seis millones de mexicanos no saben ni leer ni escribir, 10 millones no tienen primaria y 17 millones no tienen secundaria. Faltan estímulos para subir a ese vagón convencidos de que la educación puede cambiar destinos individuales y colectivos.

Es urgente un nuevo proyecto educativo, sí, pero no dictado desde las cúpulas ilegítimas. El Secretario Lujambio no tiene una sola credencial que justifique su presencia como titular de la Secretaría de Educación Pública. Su único mérito es la amistad que guarda con Felipe Calderón. No llegó al puesto con un proyecto educativo bajo el brazo, no, su único interés -cosa rara en funcionarios públicos- es su propia carrera política.

Elba Esther Gordillo continúa como líder del sindicato de maestros. ¡No tendría más que agregar! El fuero de esta señora evidencia los pesados favores que le deben los políticos por haber operado como sólo ella sabe hacerlo durante las jornadas electorales. Ella se ha encargado de desmoralizar la docencia, de arrancarle su nobleza, de reducirla a una corporación domesticada. Esos tristes profes, salvo notabilísimas excepciones, son quienes reciben diariamente a los niños en sus salones.

Pero para hablar de la otra orilla, a donde supuestamente nadan y se dirigen todos los esfuerzos de las niñas, los niños y los jóvenes que estudian, hay que ser lo más cautos posibles para no desfallecer de angustia. La precarización de los empleos es una realidad alentada por el propio Estado mexicano que festeja la apertura de empresas cuasi esclavistas. Mi generación obtiene trabajos sin seguridad social, ni derechos laborales mínimos, se enfrasca 10 horas diarias en un trabajo mal pagado. No hay fondo de ahorro. Es eso, o la calle.

Es a partir de la educación que las naciones trazan su futuro. Por eso es urgente generar un sistema educativo que forme pensamientos creativos y críticos, de lo contrario, seguiremos encerrados en este vagón hacia ninguna parte.

ximenaperedo@yahoo.com.mx

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